Firmas

No invirtamos los problemas

  • La austeridad la han soportado, sobre todo, las empresas y las familias
  • "Si los mercados fueran predecibles, sería fácil hacerse rico", Deaton

La política, la factibilidad -y hasta la urgencia para algunos- de gobernar, puede dar al traste con buena parte de los esfuerzos que todos nosotros, no los políticos de todo signo o condición, hemos hecho a lo largo de muchos años (y todavía seguimos haciendo) para corregir los errores, malas decisiones, preceptos y normativas que han conducido la administración de nuestros gobernantes, empezando por las artificiales, impuestas y excesivas bajadas de los tipos de interés que, en respuesta a los problemas económicos mundiales entre 1998 y 2001, precedieron al estallido de una burbuja creada por esas autoridades en 2007. Aunque se insiste en que disminuyó o se retiró la intervención en los mercados financieros.

Tales decisiones, criterios y disposiciones nos condujeron, en el caso de España, a afrontar la crisis en una de las peores condiciones: una deuda total de más del 200% del PIB, principalmente endeudamiento de familias y empresas, pues el sector público rondaba el 36%. Las decisiones posteriores por parte del Gobierno de Rodríguez Zapatero y los primeros años del Ejecutivo de Rajoy colocaron la deuda total de la economía española en un 283% y, en 2012, en el 288,5%. La deuda privada tuvo su máximo en términos del PIB en 2010, con un 217,5%.

Desde entonces, ésta ha caído en torno al 178%, en tanto que la pública alcanza actualmente el 100% del PIB, sin contar la deuda eléctrica (déficit de tarifa) o las pérdidas acumuladas de empresas, entes u organismos públicos de todos los niveles de la administración. Ello coloca la deuda total en torno al 280%, con un PIB al alza (tasas del 3%) que facilita la estadística y que muestra el escaso esfuerzo realizado por el último Gobierno hasta la fecha, a pesar del inicial alza de impuestos, y no se ve por lado alguno, tomemos estas cifras o las del déficit, que aunque rebajado sistemáticamente también se ha incumplido por exceso y de la misma manera, la proclamada austeridad o el "austericidio" perpetrados por el Gobierno e incluso por Europa.

Mi interpretación es que la austeridad, que en verdad hemos soportado los ciudadanos, se ha aplicado sobre todo en las familias y las empresas (ajustes de toda índole). Pero en el gasto público, más que austeridad, lo que ha existido es una distribución o reorganización del gasto desde determinadas partidas, varias de las llamadas de gasto social, pero sobre todo del gasto en inversión y que percibe la gente, hacia otros epígrafes, tal vez más urgentes, aunque menos "importantes" o, mejor, populares: pagos por intereses de la deuda creciente, desempleo (sobre todo entre 2010 y 2103) y pensiones.

En medio de todos estos problemas, crecientes si no se toman medidas -reformas- adecuadas o en la buena dirección, que son los verdaderos problemas de nuestra economía, junto con la estructura y productividad de nuestro entramado empresarial (incluyo calidad y costes energéticos o de las telecomunicaciones) y una óptima formación y educación de las personas, estamos debatiendo si debe o puede echarse atrás la última -de las muchas- reforma laboral o educativa o si vamos a aumentar los gastos y hacerle saber a Bruselas que quitaremos parte de nuestra deuda o que puede que nos salgamos del euro o que hagamos de nuestra sociedad y economía unas cuantas particiones o desuniones. Vamos, que no nos aguantamos como sociedad.

Y en medio de todo esto, también, estamos mirando los reajustes fuertes, rápidos y volátiles de unos mercados financieros que se fijan o sesgan ciertos datos o acontecimientos frente a otros, acaso guiados en el momento por sus sentimientos o el comportamiento grupal, en lugar de ponderar noticias o datos como que España ha perdido población a lo largo de 2014, sobre todo por los movimientos de los inmigrantes, mayoritariamente jóvenes y activos u ocupados, que tanto han hecho o pueden hacer por cambiar algunas cosas (perezosas) en nuestra sociedad.

"Lo que la mayoría de la gente dice sobre el funcionamiento de los mercados no tiene sentido. Decir que la bolsa ha subido hoy porque ha sucedido "tal cosa" es un cuento chino. Al día siguiente ocurre lo mismo y se hunde. Y hay buenas razones para que así sea. Si los mercados fueran predecibles, sería más fácil hacerse rico." Eso es lo que afirmó en 2012 Angus Deaton, el Nobel de Economía de 2015, en una entrevista cuando vino a España a recoger el premio Fronteras del Conocimiento, otorgado por la Fundación BBVA. No nos desviemos de lo fundamental, ni de los fundamentos.

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