Firmas

El desafío del BCE

  • La solución pasa por un programa masivo de compra de bonos soberanos
El presidente del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi.

Apenas unos días después de que el Banco Central Europeo diera a conocer su último plan de compra de bonos, los inversores ya estaban pidiendo a los responsables políticos y del propio Banco Central que profundizaran en estas medidas y asumieran más riesgos para sacar a la zona euro del estancamiento económico en que se encuentra.

Hace una semana, el BCE comenzó con las compras de covered bonds, bonos con un alto grado de seguridad ya que gozan de doble garantía, la del banco emisor y la del activo hipotecario sobre el que se apoya. Ésta es la primera parte de un programa de compra de activos del sector privado que se dio a conocer en septiembre y que también incluirá más adelante los ABS, titulizaciones de préstamos.

Pero sólo 24 horas después, las esperanzas de que el responsable de la política monetaria de la zona euro esté dispuesta a ir más lejos se agitaron por un informe de Reuters en el que se afirma que el BCE podría considerar la compra de deuda corporativa tan pronto como en la próxima reunión de diciembre para comenzar a ejecutarlas a partir del primer trimestre del año próximo.

¿Por qué realiza el BCE estos anuncios de manera tan gradual? Realmente todos hacemos estas preguntas. Quizás Mario Draghi se ha aficionado en exceso al modo intervención verbal que tan buenos resultados le dio en lo más profundo de la crisis cuando proclamó que estaban dispuestos a hacer "todo lo necesario" para salvar al euro. Pero el efecto de este tipo de intervenciones se desvanece si no van seguidas de actuaciones cuando la ocasión lo requiera.

Lo que está pasando en Europa es lo contrario que ocurrió en EEUU o Inglaterra. En estos países el exceso de liquidez se mantuvo durante todo el tiempo que se considero necesario mediante las políticas de QE de bonos soberanos. El BCE, sin embargo, concedió créditos baratos a los bancos de duración limitada, que si bien se utilizaron para comprar deuda pública y arreglar las cuentas de resultado de muchos de ellos, no traspasaron el umbral del sector privado por lo que no sirvieron de estímulo para el crecimiento. Y ahora que los bonos ya no resultan tan atractivos, los bancos devuelven anticipadamente esos préstamos.

Por otro lado, las inyecciones de liquidez mediante cédulas hipotecarías y titulizaciones de préstamos son muy limitadas debido a la estrechez de los mercados de estos valores en Europa y la lógica aversión al riesgo del banco emisor.

Tampoco los TLTROs, liquidez a los bancos condicionada a la concesión de créditos, están teniendo demasiada aceptación.

Los últimos datos de PMI de la zona euro, aunque el dato principal no cayera en exceso, nos mostraba una preocupante desaceleración del componente de precios junto con un estancamiento de las nuevas órdenes en el sector manufacturero. El BCE, finalmente, va a tener que recurrir al tramo de bonos corporativos para mediante su compra intentar inyectar liquidez en el mercado de manera casi desesperada para evitar la deflación. Pero aquí se encontrará con el inconveniente de que los valores que podrá comprar serán sólo los emitidos por las grandes corporaciones y de esta manera poco va a repercutir en el crecimiento ya que dejará fuera de esta posibilidad a las pequeñas y medianas empresas que son las que más influyen en la creación de PIB.

La solución pasa por un programa masivo de compra de bonos soberanos. Tienen que hacer todo lo posible para crear un sistema que compense las grandes desigualdades entre la deuda de los diferentes países. No pueden centrarse en la compra de bonos alemanes solamente. Sólo así se asegurarían que la tan temida deflación no entrará en nuestras economías como lo hizo en Japón para no salir en más de una década.

Miguel Ángel Rodríguez, analista de XTB.

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