Especial Turismo 2020

España, una superpotencia con capacidades dormidas

  • La crisis del Covid golpea al turismo y a la hostelería con una fortaleza inusitadas
Amador G. Ayora, Director de elEconomista
Madrid

Desde que comenzó la pandemia ¡y vamos ya casi para un año!, he leído muchas majaderías sobre el futuro del turismo. Que iba a desaparecer tal y como lo conocemos en la actualidad, que se acabarían los viajes y las visitas masivas a museos o monumentos o que se abriría una etapa, en la que el tratamiento sería individual y más personalizado. También en la gran crisis de 2008 se escucharon muchas voces de que la economía saldría más fuerte y con un nuevo modelo de funcionamiento, que jamás se ha cumplido.

No hay más que echar un vistazo a las cifras mareantes de los países emisores como China o los emergentes, donde ha surgido una clase media con ganas de comerse el mundo, para concluir que los viajes y las estancias vacacionales cambiarán poco cuando las cosas retornen a la normalidad. Más de 220.000 millones es el presupuesto que destinaban los chinos cada año a viajes de vacaciones o de negocios antes del Covid, el doble que Estados Unidos. Los aeropuertos volverán a llenarse, igual que los hoteles o los restaurantes.

La crisis del Covid golpea al turismo y a la hostelería con una fortaleza inusitadas. Las pérdidas estimadas de 120.000 millones, duplican a las de 2008. La extraordinaria fragmentación del sector, en pequeñas pymes lo convierten en muy frágil y augura el cierre de miles de empresas y la destrucción de empleos. Los efectos son desastrosos.

La política del Gobierno tampoco ayuda mucho en esta ocasión. España es el país occidental con menos apoyos económicos al turismo, pese a ser uno de los grandes líderes. El 13% del PIB procede del turismo, el segundo país donde tiene un mayor peso porcentual en su economía, después de México.

Por eso, como alertó el Fondo Monetario Internacional (FMI), seremos la nación más castigada del mundo. Errores diplomáticos como el que permitió que Reino Unido impusiera una cuarentena a los ciudadanos que visiten nuestro país son imperdonables y dejan un reguero de números rojos en un sector vapuleado por la pandemia.

Pero a diferencia del sector industrial, donde el cierre de una fábrica o de cualquier otra instalación es difícil de sustituir por otra en un corta plazo de tiempo, la infraestructura turística permanece intacta. España es un país de sol y playas y de vasto patrimonio cultural que seguirán ahí cuando esto pase; de tradiciones milenarias que atraen a millones de visitantes, y de gente abierta y servicial. Las ganas de los turistas por conocer nuestro patrimonio histórico, recorrer nuestras callejuelas o fotografiarse en los monumentos resurgirán tras la pandemia.

Con más de 8 billones de facturación global y el 10% del empleo, el turismo es una de las grandes industrias del planeta, que hay que proteger y cuidar. España seguirá siendo una superpotencia turística. Sus infraestructuras y sus capacidades hibernan ahora, pero volverán a revivir con fuerza. Se trata de aguantar hasta que pase el temporal, que será pronto. Los 84 millones de turistas que recibimos el año pasado volverán, aunque con un cambio de hábitos en salud e higiene.

El turismo es esencial para nuestra economía, la gallina de los huevos de oro. El Gobierno debe ser consciente que sin ella, no podremos mnatenernos entre los países más desarrollados del mundo.

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