Energía

Arantza Pérez (Aspapel): "O gestionamos nosotros el territorio o lo gestiona el fuego"

  • "Es más estratégico invertir en gestionar el territorio para evitar un incendio que comprar una autobomba para apagarlo"
  • "El 70% de la superficie forestal española está en manos de privados que no tienen conciencia de la importancia que tiene gestionar"
  • "Los aprovechamientos forestales y la gestión sostenible aportan ventajas que van más allá de la producción del recurso"
Arantza Pérez, directora Forestal de Aspapel

Los cada vez más virulentos incendios, espoleados por el cambio climático, se revelan como la mayor amenaza para la biodiversidad en la época de más calor. Ante esta realidad, la gestión forestal sostenible es una de las alternativas más adecuadas para prevenirlos, puesto que garantiza que la biomasa no se acumula y vela por el buen estado de los bosques.

Parte de esta gestión son los aprovechamientos forestales, los cuales generan recursos y empleo en el medio rural evitando así el abandono del territorio. Tal y como explica la directora Forestal de Aspapel en elEconomista.es, después de los aprovechamientos, las masas forestales son siempre regeneradas o reforestadas, actuando permanentemente como sumideros de carbono.

Aspapel asegura que la gestión forestal sostenible es clave para prevenir y evitar incendios. ¿En qué consiste esta práctica y cómo contribuye a aminorar el peligro?

La gestión forestal sostenible es indispensable para que los territorios sean más resilientes ante cualquier tipo de amenaza, como puede ser un incendio. El ser humano es cada vez más eficiente apagando fuegos, pero cuando abandonamos los espacios naturales y dejamos que el combustible se acumule, la energía que genera el incendio es superior a nuestra capacidad de extinción. En definitiva: o somos nosotros los que gestionamos el territorio o lo gestiona el fuego.

En España, donde la superficie forestal ocupa cerca del 56% del espacio, la gestión forestal sostenible es necesaria desde el punto de vista ambiental para reducir la acumulación de biomasa, generar discontinuidad en las masas, favorecer la infiltración del agua y conservar la biodiversidad. Pero también lo es a nivel social, porque estas acciones crean empleo, generando oportunidades en áreas rurales y, por supuesto, económica, ya que estas prácticas necesitan ser dotadas de un presupuesto para poder acometer actuaciones. Si además conseguimos una rentabilidad económica que nos permita obtener recursos naturales y renovables como los que ofrece el sector forestal, la ecuación resultante es casi perfecta.

¿Están los bosques españoles bien gestionados?

El porcentaje de superficie forestal ordenada ronda el 20% y esto es un reto pendiente, pero para planificar también hace falta presupuesto. Por otro lado, el 70% de la superficie forestal española está muy fragmentada y en manos de propietarios privados, que viven en las ciudades y no son conscientes de la necesidad de gestionar sus terrenos.

Es importante luchar contra el abandono y crear una gobernanza que impulse la gestión forestal. Por ejemplo, en algunas provincias se han empezado a desarrollar estructuras que agrupan propiedades privadas y permiten delegar la gestión sin renunciar a la propiedad. También sería muy beneficioso ofrecer incentivos fiscales o de cualquier otro tipo para impulsar la inversión en este tipo de acciones que tienen un beneficio a largo plazo.

¿Es suficiente el presupuesto que se destina actualmente a la prevención de incendios?

En nuestro país, las competencias forestales están transferidas a los gobiernos regionales. Cada uno tiene una estrategia diferente y destina los recursos que considera necesarios, porque no es lo mismo planificar para una dehesa extremeña que para un bosque en un espacio protegido.

No obstante, en los últimos años hemos detectado que cada vez se destina más a extinción y menos a prevención. Desde mi punto de vista, esto es un error, porque resulta más estratégico invertir en gestionar el territorio para que el incendio no llegue a producirse que comprar una autobomba para apagarlo después. Hay que contar con medidas de extinción y estar preparados, pero es importante encontrar un equilibrio.

Si tenemos una superficie bien gestionada, será más sencillo extinguir potenciales incendios, pero si permitimos que se desaten incendios de sexta generación, será cada vez más difícil contenerlos por muy buena que sea la tecnología de la que dispongamos.

¿Hay alguna comunidad autónoma que pueda ser tomada como ejemplo?

Las comunidades que mejor gestionan su territorio forestal son aquellas que tienen un mayor potencial de recursos. Galicia, por ejemplo, cuenta con una planificación forestal robusta y con alta dotación económica, que implica muchos mecanismos y agentes.

Allí se ha apostado por dedicar un importante porcentaje del territorio a un recurso natural, renovable, sostenible y biodegradable como es la madera. Gracias a estas medidas, la región tiene un volumen de empleo asociado al mundo rural envidiable frente a otras comunidades, dispone de una amplísima superficie forestal y los pocos incendios que se registran suelen ser generados por un mal uso del fuego.

Recientemente ha entrado en vigor la Directiva europea de Protección Ambiental que castiga con penas de hasta ocho años y grandes sanciones económicas los delitos contra el medio ambiente, entre los que se incluyen los incendios forestales a gran escala. ¿Qué opinión le merece esta medida?

En Aspapel primamos la necesidad de gestionar de forma sostenible las masas forestales -sean del tipo que sean- y prevenir los incendios. Pero si el fuego ha sido causado de forma intencionada y este tipo de directivas sirven para disuadir, estamos ganando todos.

Existen otras herramientas como la certificación forestal, que incentiva y avala esa gestión forestal sostenible que hacen nuestros bosques más resilientes. El tener una superficie forestal planificada y certificada por un tercero a través de los sellos PEFC y FSC garantiza que se están cumpliendo los requerimientos ambientales, sociales y económicos. Además, permite al consumidor trazar el producto y asegurarse de que procede de bosques gestionados de forma responsable.

Ya en junio de 2023 entró en vigor el Reglamento europeo sobre Deforestación. ¿Qué medidas ha puesto en marcha la industria papelera para cumplir los nuevos requisitos, que comenzarán a aplicarse el 30 de diciembre?

En Aspapel estamos inmersos en entender y trabajar con las empresas para poder dar respuesta a este reglamento que pretende evitar la deforestación importada, ya que asume que en Europa, a día de hoy, no hay deforestación. De hecho, la madera es una de las siete materias primas que incluye el reglamento y subraya que es la causante sólo del 8,6% de la deforestación en el mundo.

Nuestro sector está alineado con el objetivo de no deforestar, pero estamos encontrando muchas dificultades para cumplir los requerimientos exigidos. El principal cuello de botella que hemos detectado es la exigencia de aportar información de las coordenadas de geolocalización de las parcelas en las que se extrajo la madera a través de un sistema informático europeo.

Para poder implementar las medidas que nos permitan llevar la norma a la práctica también necesitamos contar con un sistema informático adecuado que interconecte con otros sistemas, la garantía de protección de datos y un plazo más amplio para su puesta en marcha o, al menos, que se realice una implementación por fases.

Las políticas europeas y, en particular, la nueva Ley de Plásticos, ha evidenciado que el producto papelero es uno de los mejores sustitutos de los plásticos de un solo uso. ¿Cómo espera que impacte este hecho en el desarrollo del sector?

La realidad es que nuestros materiales son naturales, renovables, sostenibles y reciclables. Además, España es el tercer país europeo que más papel y cartón recicla, y esto hace que el 80% de nuestra materia prima sea papel recuperado. También contamos con un suministro continuo de madera que viene de plantaciones sostenibles y certificadas.

El sector papelero tiene una de las mayores tasas de inversión en innovación y trabaja para desarrollar productos mejores y más novedosos pensando en la usabilidad y, sobre todo, en su recuperación y reciclado. Consideramos que el sector papelero está en una posición estratégica en cuanto a bioeconomía, circularidad y sustitución de productos de origen fósil debido al origen de su materia prima, que es una madera renovable y que procede de bosques y plantaciones bien gestionadas.

¿Sigue siendo la tarea de romper mitos, como el que apunta que consumir papel implica acabar con los bosques, uno de sus mayores retos?

El amplio espacio de bosques en España presenta una enorme diversidad de ecosistemas; entre ellos se encuentran, efectivamente, las plantaciones forestales, aunque estas no suponen más de 4% de la superficie forestal nacional. No obstante, sí generan una gran cantidad de recursos que luego se convierten en productos que el ciudadano usa diariamente, además de un considerable volumen de empleo.

Estas plantaciones están ubicadas en lugares estratégicos y controlados, y son gestionadas de forma sostenible y certificada. Su producción se destina por completo al uso de madera para fabricar, en nuestro caso, papel.

En España, además, esta superficie nos confiere una gran autonomía estratégica, porque el 94% de la madera que consume el sector papelero español es nacional. Si no dispusiéramos de ella tendríamos que importarla, incrementando así las emisiones por el transporte y generando riqueza en otros lugares.

Más allá, nuestro sector se caracteriza por ser bi-circular. Esto es así porque, por un lado, utilizamos una materia prima que ya se concibe como circular, porque cuando cortamos madera volvemos a plantar y, por otro, los productos que generamos son reciclables, así que terminan siendo recuperados para volver a introducirlos en el proceso.

Así, con la gestión forestal sostenible y los aprovechamientos forestales, obtenemos ventajas que van más allá de la propia producción del recurso; conseguimos también absorber CO2, preservar la biodiversidad, influir positivamente en la calidad del suelo, facilitar la infiltración de agua que termina en los acuíferos y, además, generar empleo.

¿Qué estrategias está llevando a cabo actualmente Aspapel para potenciar la descarbonización?

Ese es precisamente uno de los objetivos fundamentales de la industria papelera en su conjunto. El hecho de estar implicadas directamente en la gestión forestal fomenta que muchas de nuestras empresas contemplen recurso biomasa en el proceso de descarbonización e innoven recurriendo a producto que antes era residuo para generar energía, cerrando así más el círculo.

Recientemente, hemos presentado un informe que recopila varias medidas transversales, pero la realidad es que cada planta presenta una idiosincrasia diferente que obliga a diseñar estrategias de descarbonización ad hoc.

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