Energía

La última crecida del Ebro reabre el debate sobre la ampliación de Yesa

  • Los municipios ribereños reclaman a la CHE soluciones de regulación para evitar nuevas inundaciones 
  • Los afectados por las avenidas urgen a finalizar el  recrecimiento de la presa, que acumula 20 años de retraso
Las obras para el recrecimiento de la presa de Yesa comenzaron en 2001. EP

Las intensas precipitaciones registradas a finales de febrero en diferentes provincias ubicadas en las orillas del río Ebro han generado crecidas importantes en todos los afluentes de la margen izquierda, desde el nacimiento del río hasta la cuenca del Aragón, cuyos caudales ya tenían tendencia descendente en sus tramos bajos.

Estas avenidas han provocado inundaciones en pueblos de Burgos y Álava, así como en municipios de las comunidades de La Rioja, Navarra y Aragón, anegando campos de cultivo, instalaciones ganaderas o infraestructuras urbanas, y dañando también numerosas motas y cordones construidos para contener la fuerza del agua.

Se trata de una estampa bastante habitual durante los meses de invierno que podría repetirse en primavera a causa del deshielo y que, según apuntan desde la Confederación Hidrográfica del Ebro, consigue moderarse en parte gracias a las labores preventivas que durante los últimos años se han realizado a lo largo del río, con cauces de alivio, áreas de inundación controlada, perímetros de protección en núcleos urbanos o retranqueos.

Para disminuir el riesgo de inundación también resulta de vital importancia la gestión que el organismo de cuenca realiza de los embalses Ullibarri y Urrúnaga, en el País Vasco; Eugi, Alloz, Itoiz y Yesa, en Navarra; Mansilla, en La Rioja y en el Sistema de Mequinenza y Ribarroja-Flix, con el objetivo de reducir los caudales máximos aguas abajo.

Sin embargo, los representantes de los municipios ubicados en la ribera del río señalan que el recrecimiento de la presa del embalse de Yesa, en Navarra, sería una de las soluciones más eficientes para combatir las riadas.

"Es la herramienta más potente que tenemos para embalsar y desembalsar y evitar los desastres humanos y la extensión del río fuera del cauce", argumenta Ángel Samper, consejero de Agricultura del Gobierno de Aragón.

El proyecto contempla aumentar la capacidad de la presa de los 446 hm³ actuales hasta los 1525 hm³ (hasta tres veces más), duplicando asimismo la superficie inundada y convirtiendo a Yesa en un embalse plurianual.

Las obras comenzaron a ejecutarse en 2001, pero se vieron afectadas por problemas en la consolidación de la orilla izquierda, donde aparecieron grietas de gran tamaño, y por un deslizamiento de tierras que estuvo a punto de derrumbar al vaso del embalse.

También se vieron comprometidas por las protestas ciudadanas de los municipios afectados y la asociación Río Aragón, que denuncia desde hace años que existe una alta probabilidad de deslizamiento en las laderas que la sostienen la presa, lo que entraña un importante riesgo para las poblaciones aguas abajo del pantano, incluyendo la ciudad de Zaragoza.

Los trabajos deberían haber finalizado en 2005, pero actualmente se encuentran parados temporalmente a la espera de que el Ministerio para la Transición Ecológica apruebe la cuarta modificación del proyecto, que afecta a los nuevos aliviaderos por los que se evacúa el agua de la presa, y se solucionen los problemas relacionados con la reposición de la carretera A-137 de Sigüés. En los últimos días, la Confederación Hidrográfica del Ebro ha señalado que las obras podrían estar listas en 2027.

"Las laderas de Yesa se siguen moviendo y, a fecha de hoy, el programa de observación de la Tierra de la Unión Europea Copernicus confirma al 100% que las laderas de Yesa se mueven y se están triturando", insisten desde la asociación Rio Aragón.

Más allá del recrecimiento de Yesa, la Confederación Hidrográfica, en colaboración con el Miteco y los gobiernos de Aragón, La Rioja y Navarra continúa desarrollando la estrategia "Ebro Resiliente" para trabajar en la gestión del riesgo de inundación del tramo medio del río.

En concreto, se estudian 260 kilómetros de longitud divididos en 16 tramos y se analizan las distintas alternativas para afrontar episodios de inundación con el fin de defender los núcleos urbanos y la actividad agrícola.

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