Energía

La AIE ya no ve necesario invertir en nuevos yacimientos petrolíferos, minas o gas

  • Considera que aún se puede conseguir el objetivo de 1,5º C de París
  • Asegura que la fotovoltaica y el coche eléctrico ya están en la senda correcta
  • Cree que las facturas energéticas por hogar caerán un 12% en 2030
Un aerogenerador marino

La Agencia Internacional de la Energía calienta motores para la próxima COP 28. El organismo acaba de presentar una revisión de su Hoja de ruta para la descarbonización en la que asegura que todavía es posible alcanzar el objetivo de 1,5º C fijado en el Acuerdo de París y ya no ve necesario la inversión en nuevos yacimientos petrolíferos, minas de carbón o gas natural.

El organismo internacional aplaude el desarrollo logrado tanto en el crecimiento récord de la capacidad de energía solar y en las ventas de coches eléctricos en todo el mundo, al igual que los planes de la industria para el despliegue de nueva capacidad de fabricación. Un extremo que considera significativo, ya que estas dos tecnologías por sí solas suponen un tercio de la reducción de emisiones entre hoy y 2030.

La innovación en energías limpias también ha reducido los costes tecnológicos. En la hoja de ruta original de la AIE de 2021, las tecnologías aún no disponibles en el mercado proporcionaban casi la mitad de las reducciones de emisiones necesarias para alcanzar el objetivo de cero emisiones netas en 2050. En la actualización de este año, esa cifra se ha reducido ya al 35%.

Sin embargo, esta década es necesaria una actuación más audaz. En la trayectoria actualizada de este año, la capacidad mundial de energía renovable se triplica para 2030 alcanzando los 11.000 GW. Al mismo tiempo, la tasa anual de mejora de la eficiencia energética se duplica, las ventas de vehículos eléctricos y bombas de calor aumentan considerablemente y las emisiones de metano del sector energético se reducen en un 75%.

Este enorme aumento de la capacidad de energía limpia impulsado por las políticas reduce la demanda de combustibles fósiles en un 25% para 2030. En 2050, la demanda de combustibles fósiles retrocederá un 80%. Como resultado, la Agencia concluye que no se necesitan nuevas centrales de carbón. Tampoco se necesitan nuevos proyectos de extracción de petróleo y gas de larga duración, nuevas minas de carbón o ampliaciones de minas. No obstante, es necesario seguir invirtiendo en algunos activos de petróleo y gas existentes y en proyectos ya aprobados para evitar picos de precios perjudiciales.

La Agencia explica que como la electricidad se convertirá en el nuevo petróleo será necesario construir del orden de 2 millones de kilómetros de redes eléctricas al año hasta 2030 para alcanzar los objetivos y se tendrá que desarrollar el almacenamiento, la capacidad de respuesta de la demanda y la ciberseguridad.

El organismo considera que la concentración de proyectos puede suponer un riesgo geopolítico en un momento en el que la tensión internacional es creciente. De hecho, el director de la Agencia Internacional de la Energía, Fatih Birol, reclama que "en una era de tensiones internacionales, los gobiernos deben separar el clima de la gepolítica".

Para lograrlo, la Agencia reclama una mayor cooperación internacional. El informe advierte de que si no se intensifica suficientemente la ambición y la aplicación de aquí a 2030, se crearán riesgos climáticos adicionales y se dependerá del despliegue masivo de tecnologías de eliminación de carbono, que son caras y no se han probado a gran escala, para alcanzar el objetivo de 1,5 ?C.

En un caso de acción retardada como el que examina el informe, si no se consigue expandir la energía limpia con suficiente rapidez para 2030, habría que retirar de la atmósfera casi 5.000 millones de toneladas de dióxido de carbono al año durante la segunda mitad de este siglo. Si las tecnologías de eliminación del carbono no alcanzan este objetivo, no será posible volver a una temperatura de 1,5 ?C.

Según el informe, también es esencial fomentar una transición mundial equitativa que tenga en cuenta las distintas circunstancias nacionales. Por ejemplo, las economías avanzadas alcanzan el objetivo cero en 2045 y China en 2050, dando así más tiempo a las economías emergentes y en desarrollo.

No obstante, seguir por el buen camino significa que casi todos los países deben adelantar sus objetivos de reducción a cero. También depende de la movilización de un aumento significativo de la inversión, especialmente en las economías emergentes y en desarrollo. En la nueva senda cero, el gasto mundial en energías limpias pasa de 1,8 billones de dólares en 2023 a 4,5 billones anuales a principios de la década de 2030.

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