Energía

Las patronales energéticas se oponen rotundamente a la nueva tributación

  • "Es imposible entender su impacto y su funcionamiento", aseguran

Las patronales energéticas mantienen su rechazo al impuesto extraordinario y específico para el sector energético que planteó el Gobierno hace dos días tras reunirse con la ministra para la Transición Ecológica, Teresa Ribera, con el fin de seguir avanzando en la elaboración del plan de contingencia que tiene que tener listo España para hacer frente al riesgo de un corte de suministro de gas desde Rusia. La reunión se ha producido, además, después de haber escuchado las demandas del sector industrial para poder hacer frente a un escenario crítico en Europa.

Desde la Asociación Española del Gas (Sedigas) han mostrado preocupación por una medida que "genera inseguridad jurídica por su naturaleza retroactiva, cuyos efectos distan de estar claros, y cuyo establecimiento podría motivar conflictos con inversores y procedimientos arbitrales de larga duración, y con impacto final para las finanzas públicas".

A esto se suma que las petroleras y las gasistas, por su parte, están viendo también como se ha vuelto a dar inicio a la tramitación del Fondo de Sostenibilidad del sector eléctrico -también conocido como "céntimo verde"- y que supondrá trasladar parte de los costes de las renovables al precio del gas y los carburantes. De aprobarse esta medida, el precio del gas se incrementaría del orden de 50 euros y los carburantes, entre 7 y 10 céntimos por litro.

La opinión de la patronal gasista está en línea con las declaraciones que realizó la Asociación de Empresas de Energía Eléctrica (Aelec) nada más conocerse la intención del Ejecutivo, "desde el verano pasado se han implementado numerosas medidas en el mercado eléctrico para reducir la factura. No solo no hay beneficios extraordinarios, sino que además la crisis actual está reduciendo los resultados de las empresas eléctricas".

Propuestas

Entre las principales propuestas que se pusieron sobre la mesa del Ministerio figura el ahorro y la eficiencia energética, la aceleración al máximo de sustitución del gas a través de la electrificación, así como la solidaridad con otros países europeos.

Estas propuestas se enmarcan dentro de la estrategia de la Unión Europea para enfrentarse al posible corte del suministro de gas por parte de Rusia. El próximo 21 de julio se sabrá si el Kremlin decide restablecer el paso de gas a Alemania por el gasoducto Nord Stream 1, cerrado por labores anuales de mantenimiento durante 10 días. El gasoducto, que trascurre por el mar Báltico, es la principal fuente de abastecimiento de gas ruso en estos momentos para Berlín.

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