Empresas y finanzas

El capital riesgo bate en rentabilidad a la mayor inflación en tres décadas

  • El diferencial con el IPC se reduce hasta mínimos históricos con retornos medios del 18%
  • Aumenta su atractivo ante la depresión e inestabilidad de la renta fija y variable
Arriba, de izda. a dcha., Aquilino Peña (ASCRI), María Sanz (Yielco Investments), Eric Halverson (Qualitas Funds), Ignacio Serra (BCG), Mariano Olaso (Embarcadero PE) y Miguel Zurita (AltamarCAM)

En un escenario de tensión creciente por la guerra en Ucrania, tipos muy reducidos, alta volatilidad en los mercados bursátiles y grandes correcciones en la renta fija, inversores institucionales y pequeños ahorradores tratan de paliar la incertidumbre y el 'mordisco' de la inflación, -disparada en febrero hasta el 7,4%, su tasa más alta en 33 años-, poniendo el foco en activos alternativos a medio y largo plazo que históricamente han generado rentabilidades atractivas en todas las fases del ciclo económico.

El dinero en "cash" cada vez vale menos. En el entorno actual de escalada de la inflación y endurecimiento de la política monetaria, invertir un pequeño porcentaje en activos como el sector inmobiliario, infraestructuras o el private equity con una estrategia adecuada al perfil de cada inversor supone, hoy por hoy, una de las escasas opciones para rentabilizar los ahorros como advierten los expertos consultados por elEconomista.

Tanto la crisis financiera global de 2008 como la pandemia han acelerado el incremento de las posiciones de los inversores en activos alternativos ante la depresión e inestabilidad de los más tradicionales, como la renta fija y variable. Buena prueba de ello es que durante los últimos cuatro años la captación anual de fondos de capital privado alcanzó los 1.000 billones americanos, un 30% por encima del pico de fundraising (captación de fondos) marcado en 2007 y 2008, según Bain Capital. Calpers, el quinto fondo de pensiones público más grande de EEUU, destina 27.000 millones de dólares, el 8% de su inversión, a private equity, donde invierte desde 1990 con rentabilidades atractivas.

En el caso del capital privado en España, su rentabilidad es competitiva frente a la de otros países europeos

Globalmente, los fondos institucionales llevan décadas invirtiendo en private equity, con una asignación que oscila entre el 10% y el 40%, siendo ya un activo estratégico, no coyuntural, en sus carteras. En lo que respeta a España, Ignacio Serra, socio y associate director, Principal Investor and Private Equity (PIPE) de BCG, subraya que "nuestro país cuenta con un buen ecosistema de inversión y rentabilidades comparables a las de otros mercados". Existen varios casos de éxito de inversores institucionales españoles que han obtenido retornos de doble dígito en el activo, lo que corrobora que invertir en capital privado en nuestro país es una estrategia de inversión válida y atractiva. "Sería beneficioso y necesario", añade, "democratizar el acceso del ahorro al activo, tanto por parte de particulares en forma de pensiones y otros vehículos como mediante la inversión parcial de los fondos de la seguridad social, como ya ocurre en Suecia", explica.

Para el inversor particular, ¿qué ventajas tiene invertir en private equity frente a activos más tradicionales como la bolsa o la renta fija? Como producto de inversión no es sencillo y exige el compromiso de estar invertido durante cinco, siete o 10 años. Pero, en el caso del capital privado en España, su rentabilidad es competitiva frente a la de otros países europeos. Los resultados de diferentes muestras, como la Tasa Interna de Rentabilidad (TIR) lograda por el Fond-ICO Global, el fondo de fondos público-privado gestionado por Axis, en los cinco fondos desinvertidos a 31 de diciembre de 2019, están en línea con los observados en otros países de nuestro entorno.

Desde 2013, Fond-ICO Global ha invertido en 64 fondos, obteniendo una TIR neta cercana al 18% en los ya desinvertidos y del 11% en los fondos activos, como recoge el Informe "El potencial del Capital Privado para las aseguradoras y fondos de pensiones", elaborado por la patronal del sector ASCRI junto a la consultora estratégica Boston Consulting Group (BCG). El estudio diferencia por categorías entre los retornos a 10 años para el venture capital (inversión en primeras fases) del 22%; para el leveraged buyout (operaciones apalancadas) del 17% y del 15% en el capital expansión o crecimiento.

Frente a estas cifras, los rendimientos de la renta fija disminuyen y los de la renta variable son más volátiles. "Uno de los mejores ejemplos", explica Eric HalverSon, socio de Qualitas Funds, "es la rentabilidad de instrumentos de deuda como European high-yield debt de perfil arriesgado. En el último trimestre de 2021, ofrecía sólo un 3,3% de rentabilidad anual, muy por debajo de la inflación actual".

Aquilino Peña, presidente de ASCRI y socio fundador de Kibo Ventures, destaca, junto a estos "mayores retornos a largo plazo, la descorrelación que ofrece el capital privado del ciclo económico, su alto potencial de diversificación del riesgo y sus menores niveles de volatilidad en situaciones de crisis. "El no estar sujeto a sobrerreacciones de los mercados cotizados, dado su carácter ilíquido, le confiere una mayor estabilidad", confirma Peña.

En estos momentos convulsos la descorrelación del capital privado con el resto de activos y mercados supone una ventaja decisiva

Miguel Zurita, socio de la gestora paneuropea AltamarCAM Partners, recuerda que el capital privado es un activo todavía joven. La pandemia ha supuesto su segunda gran crisis, en la que ha vuelto a mejorar la rentabilidad de los activos líquidos con una menor volatilidad. En general, "todas las rentabilidades se están comprimiendo algo que, probablemente, también acabará afectando al private equity", explica. En opinión de Zurita, junto al buen comportamiento en la pandemia, el gran valor del sector para el inversor es su visión a medio y largo plazo, la gestión activa en las compañías y la disponibilidad de recursos existente en los fondos, especialmente importante en momentos de crisis. "La parte más dinámica e innovadora de la economía española no está en bolsa en estos momentos", advierte Zurita. "Si el inversor quiere capturar el crecimiento del PIB mundial no lo puede hacer invirtiendo solo en mercados cotizados. La crisis sanitaria ha traído consigo un crecimiento extraordinario en negocios como el tecnológico donde muchas compañías no son cotizadas, pero sí están participadas por el private equity o el venture capital", añade. Otra característica diferencial es, en su opinión, el alineamiento de intereses. "A diferencia de los hedge funds, por ejemplo, que pagan comisiones de éxito en función de valoraciones interinas, el capital privado es capaz de alinear intereses de inversores, accionistas y gestores con atractivos esquemas de retribución", añade.

Riesgo y diversificación

María Sanz, managing director de Yielco Investmens, la gestora alemana de inversiones alternativas con 7.300 millones de euros bajo gestión, recuerda que el capital privado lleva batiendo tanto a la inflación como a las inversiones líquidas, bolsa y renta fija, desde hace 20 años". "Me atrevería a decir incluso que la iliquidez inherente al private equity ha evitado que las carteras se vendan por razones de pánico a corto plazo por fuertes caídas en las bolsas como ocurrió en la gran crisis financiera, permitiendo lograr buenos resultados a medio plazo y obligando a los inversores a ser más pacientes", añade.

Los expertos recuerdan que el capital riesgo es un activo muy amplio, con muchas estrategias diferentes, por lo que resulta difícil generalizar. Desde los leveraged buyouts o compras apalancadas, pasando por el growth capital (capital expansión o desarrollo) y la inversión en venture capital. "Aunque las cifras pueden variar en función de las metodologías, en periodos de cinco años o más, en general, el activo ha obtenido de forma consistente retornos de doble dígito y ha logrado un extra de rentabilidad frente a las bolsas", explica Mariano Olaso, socio de Embarcadero Private Equity. Eric Halverson, socio de Qualitas Funds, considera que "resulta muy difícil predecir el comportamiento incluso en valores considerados refugio, por lo que en estos momentos convulsos la descorrelación del capital privado con el resto de activos y mercados supone una ventaja decisiva", concluye.

Impacto de la guerra de Ucrania y la subida de tipos 

Pese a ser un activo relativamente joven, el capital riesgo ha vivido ya dos grandes crisis con resultados de rentabilidad satisfactorios. Como ocurrió con el estallido de la crisis sanitaria, el sector afronta el actual momento excepcional analizando los posibles escenarios por la crisis de Ucrania con un esfuerzo extra de análisis de las compañías en cartera. Los equipos gestores se están volcando en una gestión activa y una revisión estratégica de la exposición de las empresas participadas. "El sector de private equity está realizando un intenso trabajo de análisis de las carteras y de la exposición de todas sus empresas participadas y sus créditos a Rusia y Ucrania, tanto en el lado de ventas como en el de la cadena de suministro (supply chain)", explican los expertos consultados por elEconomista. Muchos fondos tienen liquidez para invertir, porque levantaron capital los últimos años, la dificultad en el cierre de operaciones está en salvar los desajustes de valoración existentes. "Algunos procesos de compraventa se han parado hasta tener una visión más clara de cómo se desarrollan los acontecimientos", explican. "Si las carteras de los gestores españoles superan la crisis actual con retornos positivos, el interés por el activo será incluso mayor, al demostrar estabilidad y capacidad de adaptación". 

En su opinión, una de las ventajas diferenciales del private equity es su capacidad de identificar compañías defensivas en entornos de incertidumbre. A la hora de invertir y seleccionar las empresas de la cartera, los fondos de capital privado suelen tener en cuenta aspectos como la capacidad de las compañías para fijar precios y repercutir las presiones inflacionistas de las materias primas al cliente, reduciendo al máximo la compresión de los márgenes. Muchas veces, apuestan para ello por grupos líderes en sus respectivos mercados. "En el caso de las inversiones en el área de infraestructuras, por ejemplo, la mayoría de las transacciones subyacentes tienen incluso implementadas ciertos mecanismos de inflation hedge (protección de inflación)", explica María Sanz, de Yielco Investments. 

Los expertos consultados coinciden en que una subida de tipos de interés podría tener un impacto relevante en las carteras de los fondos y en los procesos de refinanciación, especialmente si van acompañados de una desaceleración del crecimiento y de los negocios. En este sentido, los niveles de endeudamiento de algunos portfolios de private equity suponen uno de los riesgos principales para el inversor. "Durante el último año, en el que la inflación ha subido considerablemente tanto en Europa como en EEUU, la cartera de nuestra gestora ha generado resultados muy positivos" explica Sanz. La managing director de Yielco Investments reconoce que, junto a la escasez de algunos componentes en las cadenas de suministro, la inflación preocupa en general al sector. Una subida de tipos de interés también generaría un mayor coste de la deuda para las empresas participadas de los fondos. Desde Yielco, María Sanz reconoce "haber limitado siempre los niveles de endeudamiento de nuestra cartera. Solo invertimos en gestores con capacidades operativas excelentes, donde la creación de valor no se centre en el apalancamiento, sino en el reposicionamiento y el crecimiento de las compañías. Evitamos niveles de endeudamiento por encima de 4 veces ebitda y preferimos realizar transacciones financiadas en su mayoría con recursos propios (equity en la jerga)".

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