Empresas y finanzas

Cristiano Amon, el karateka que gana la partida del coche digital

  • El ejecutivo brasileño es el consejero delegado de Qualcomm
  • Pilota el desembarco de los microchips en la digitalización de los vehículos
  • Tiene acuerdos con Volvo, Honda y Renault para el suministro de microchips
Alamy.

Puede que los consejeros delegados de origen indio y taiwanés abunden más en las grandes firmas tecnológicas de los Estados Unidos, pero un brasileño ha sabido abrirse camino en uno de los sectores de mayor importancia del momento que nos ha tocado vivir: el de los microchips. Cristiano Amon, del que poco se sabe en el terreno personal, nació en el Estado de São Paulo hace 52 años.

De niño y adolescente, practicaba kárate tradicional japonés y lucha de brazos, y si algo puede aplicar a los negocios de aquellas experiencias es que nunca debes subestimar a un competidor, según le contó al periodista de la CNBC Jon Fortt el verano pasado, en una de esas raras entrevistas en las que acepta hablar de sí mismo. Amon también le confesó a Fortt que su padre, ingeniero de profesión, le ofreció estudiar en la universidad que él quisiese, pero con una condición: solo podía elegir entre las facultades de ingeniería, derecho y medicina. Como le gustaban las matemáticas no vio inconveniente en decidirse por el grado en Ingeniería Eléctrica que impartía la Universidade Estadual de Campinas, en Brasil; punto de partida de una carrera que le llevó a ocupar puestos de liderazgo en Vésper, NEC, Ericsson y Velocom, hasta que llegó a Qualcomm en 1995.

Salto en el tiempo. En 2018, Amon se convirtió en el presidente de Qualcomm, cargo al que añadió el de consejero delegado en 2021, en un momento clave para la industria de semiconductores a causa de la carencia de componentes electrónicos. "La escasez de microchips aún no ha terminado, pero las cosas están mejorando mucho de cara al primer semestre de 2022", aseguró Amon a comienzos de enero al medio especializado en tecnología The Verge. En cambio, para los analistas consultados por S&P Global Market Intelligence, la escasez durará probablemente todo 2022, pero "el año que viene se producirá una mayor abundancia de chips". A las fábricas de semiconductores de siempre se unirán las nuevas plantas que se construyen en EEUU y Europa, con el objetivo de diversificar la producción y evitar los famosos cuellos de botella.

El 18 de enero, la compañía taiwanesa TSMC anunció que planea invertir 44.000 millones de dólares en 2022 -que se suman a los 30.000 millones invertidos en 2021-. Esos 44.000 millones son "el mayor presupuesto anual de gasto de capital de cualquier empresa en la historia de la industria de los semiconductores", según el diario Asia Times. Se da la circunstancia de que TSMC, como Samsung, Global Foundries o Smic, son las fundiciones que fabrican los microchips de Qualcomm, porque la compañía estadounidense no tiene factorías propias y nunca las ha tenido. De hecho, TSMC anunció el año pasado la construcción de una planta en Arizona para abastecer a EEUU.

"Qualcomm ha abierto el capó de su estrategia de chasis digital en el CES de Las Vegas, mostrando sus esfuerzos por ampliar las tecnologías móviles más allá de los smartphones y profundizar en los coches", recogía a inicios de enero Los Angeles Times.

"Ahora tenemos tecnologías relevantes para muchos mercados finales: nos estamos convirtiendo en una empresa que impulsa la vanguardia. Hemos desvelado que nuestro mercado potencial puede multiplicarse por siete, hasta alcanzar los 700.000 millones de dólares en la próxima década", explicaba Cristiano Amon a The Verge.

"La tecnología que desarrollamos para el mercado telefónico está cambiando el automóvil y el PC, así como los dispositivos de RV [realidad virtual] y RA [realidad aumentada] -contaba el ejecutivo al medio estadounidense-. Está cambiando la forma de abordar el hogar con la transformación empresarial. Estamos cambiando el punto de acceso WiFi en el hogar. Los dispositivos inteligentes del IoT [Internet de las Cosas] están cambiando la empresa de una manera muy grande, y eso se refleja en el plan de Qualcomm para el futuro".

La firma norteamericana ya ha suscrito acuerdos con Volvo, Honda y Renault para el suministro de chips con los que conseguir vehículos conectados, sistemas de entretenimiento a bordo y cuadros de mando de alta tecnología. En concreto, las ventas de microchips de Qualcomm a los fabricantes de automóviles ascendieron a 1.000 millones de dólares el año pasado y se prevé que la cifra aumente a 3.500 millones en cinco años.

Pero más allá de los coches, va a producirse un cambio social en el que Cristiano Amon pone el acento: "Creo que las gafas de realidad aumentada pueden llegar a ser tan importantes como los teléfonos, y empezarán a ser un complemento de estos".

comentarios0WhatsAppWhatsAppFacebookFacebookTwitterTwitterLinkedinlinkedin
FacebookTwitterlinkedin