Empresas y finanzas

España se ofrece al mundo como centro neurálgico para los cables submarinos

  • El Gobierno eliminará trabas para estas inversiones para revalorizar la posición geográfica del país
  • Será la gran alternativa a la saturación de enlaces británicos
  • El cable 'Grace Hooper' de Google llegó ayer a España para conectar Nueva York y Bilbao

España tiene todo a su favor para convertirse en un centro neurálgico para la interconexión de decenas de cables submarinos de telecomunicaciones. La posición geográfica de sus costas, justo frente al continente americano y a escasos kilómetros del africano, permiten a la Península Ibérica convertirse en la principal alternativa europea al Reino Unido.

Desde la nube al fondo del mar, España acoge 27 cables submarinos, con el deseo de multiplicar estos despliegues en los próximos años. La sensibilidad del Gobierno español hacia este negocio es manifiesta, siempre consciente de la oportunidad que representa. Así, a preguntas de este periódico, fuentes del Ejecutivo han reconocido su interés por facilitar los trámites burocráticos y eliminar las barre-ras para incentivar una actividad de extraordinaria importancia estratégica.

"Es una actividad privada y muy dinámica, por lo que no se facilitarán ayudas económicas, pero sí se eliminarán barreras de tipo administrativo", apuntó Roberto Sánchez, secretario de Estado de Telecomunicaciones e Infraestructuras Digitales, en el reciente 35 Encuentro de las Telecomunicaciones de Ametic.

La relevancia de estas redes aumenta a ritmos exponenciales, dada la evolución del tráfico de datos de un mundo cada vez más digitalizado. Fuentes de la consultora IDC cifraron en 64,2 zettabytes el volumen de datos globales en 2020, una cifra que se situará en los 175 zettabytes en 2025. Un zettabyte son mil millones de terabytes o, lo que viene a ser lo mismo, un billón de gigabytes. Sin los cables submarinos no existiría el Internet que conocemos. Gracias a estas redes, los datos fluyen 16 millones de veces más rápido que la mayoría de las conexiones fijas domésticas.

El cable Grace Hooper de Google llegó ayer a España para conectar Nueva York y Bilbao

Estas infraestructuras mastodónticas, que cruzan océanos a profundidades próximas a los 5.000 metros, conectan los grandes centros de datos de todos los países del mundo. En su particular viaje de la nube al fondo del mar, los cables están preparados para resistir todo tipo de avatares, presiones atmosféricas, cortes fortuitos o ataques de animales. No hay huracán ni tiburones que pueda con ellos. Incluso los sabotajes intencionados se restañan en pocos minutos, con un sistema de replicado que se activa en centésimas de segundo.

Las cualidades de España para este tipo de inversiones son extraordinarias, no solo por su situación en el mapa mundial, sino también por la calidad, cantidad y competitividad de las conexiones de sus grandes nodos de telecomunicaciones.

Al mismo tiempo, la alternativa española supone de especial interés para los gigantes puntocom ante la inquietante superpoblación de cables en el Reino Unido. Resulta complicado imaginar una catástrofe natural en las costas británicas o un sabotaje a gran escala, pero si algo de eso llegara a suceder se compro-metería una parte considerable de las conexiones submarinas de Eu-ropa y América.

Ante esta hipótesis, la oferta española aporta una vía muy valiosa para conectar Europa con EEUU, para salvaguardar la velocidad y bajas latencias de estas re-des intercontinentales.   

Precisamente Google anunció ayer la instalación de su Grace Hopper, el cable submarino, en Sopelana (Bilbao), "un avanzado sistema de cableado submarino que conecta Estados Unidos con Reino Unido y España", según explican fuentes de la compañía. El cable consta de 16 pares de fibras y está diseñado para "aumentar la fiabilidad del servicio y ofrecer altos niveles de velocidad y flexibilidad de la red, aumentará la capacidad y la potencia de los servicios de Google, y mejorará la infraestructura general de telecomunicaciones europea".

Las mismas fuentes del gigante estadounidense señalan que el Grace Hopper es el primer cable financiado por Google que llega a España y "forma parte del compromiso de la empresa con la recuperación económica de España, ofreciendo a los consumidores un mejor acceso a los productos de Google y a las empresas un mejor rendimiento de los productos empresariales como Google Cloud Platform y Google Workspace". A lo largo de sus 7.140 kilómetros, el cable de Google conecta la británica Bude con BellPort, en el Estado de Nueva York, pasando por la playa de Sopelana.

Un nuevo estudio encargado por DE-CIX, EllaLink e Interxion, y elaborado por TeleGeography destacó la proyección de Madrid en el mapa de Internet, "aglutinando puntos de intercambio, centros de datos, regiones cloud y conexiones con los principales cables submarinos de la Península a través de Bilbao y Lisboa". Según sus datos, y gracias a estas megainfraesfrucutas, el ancho de banda del sur de Europa ha experimentado en solo cinco años "un crecimiento interanual del 30%, multiplicando por 2,75 su capacidad en este periodo, alcanzando los 150 terabytes de capacidad entre todos los territorios.

Otros proyectos

En 2023 está prevista la puesta en funcionamiento del 2Africa 2023, que a lo largo de sus 37.000 kilómetros unirá Barcelona y Tenerife con una treintena de ciudades africanas repartidas en todo el perímetro del continente negro. Por lo pronto, serán clientes de esta infraestructura China Mobile, Facebook, MTN Group, Orange, Saudi Telecom, Telecom Egypt, Vodafone y WIOCC. Este cable redundará el servicio que actualmente ofrece ACE (17.000 kilómetros) por la costa oeste de África, con anclaje en Granadilla (Islas Canarias), además de Penmarch (Francia) y Carcavelos (Portugal), entre sus escalas europeas. El cable FLAG Europe-Asia (FEA), de 28.000 kilómetros, conecta los nodos de Porthcurno, en el Reino Unido, con los de la malagueña Estepona para llegar hasta Japón, pasando por Italia, Egipto, el Canal de Suez, Arabia Saudita, India, Malasia, China, Tailandia y Corea del Sur. El cable Marea (6.600 kilómetros) une la playa vizcaína de Sopelana con Virginia Beach, propiedad de Facebook, Microsoft y Telxius. El cable SAT-3/WASC (14.350 kilómetros), nace en Chipiona y Alta Vista para llegar hasta Sudáfrica, a lo largo del litoral oeste de África. El gigante indio Tata ha desplegado su Tata TGN-Western Europe, de 3.578 kilómetros para conectar el Reino Unido con Bilbao y la portuguesa Seixal. El cable West Africa Cable System (14.530 kilómetros) conecta los nodos de El Goro (Canarias) con la costa oeste de África.El Alpal 2 (312 kilómetros) une Mallorca con Argelia, mientras que el Atlantis 2 (8.500 kilómetros) cruza el Atlántico desde Conil (Cádiz), hasta Brasil y Argentina. Balalink conecta Mallorca con Valencia (274 kilómetros) y también la misma isla balear se comunica con Gavá (Barcelona) a través del Penbal 5 (309 kilómetros). Canalink (1.835 kilómetros) hace lo propio entre Rota y Conil con el archipiélago canario, pasando por Asilah (Marruecos). El Orval (770 kilómetros) conecta Valencia con Orán y Algiers (Argelia).Dentro de la comunidad Canaria se encuentra el Candalta (110

kilómetros) para hermanar Alta Vista (Gran Canaria) con Candelaria (Tenerife), o la Gomera-Hierro (100 kilómetros).  La misma comunidad está enlazada con la Península por el Pencan 8 (1.400 kilómetros) entre la tinerfeña Candelaria y la gaditana Conil y el Pencan 9 (1.398 kilómetros), entre Chipiona (Cádiz) y Tarahales, en Gran Canaria. Entre las dos capitales canarias trabaja el SubCan Link 1 (143 kilómetros), el SubCan Link 2 (136 kilómetros), el Tenerife-Gran Canaria (110 kilómetros), el Tenerife- La Palma (255 kilómetros), el Tenerife-La Gomera-La Palma (222 kilómetros), el Transcan (238 kilómetros), entre Fuerteventura y Lanzarote y entre las playas de Agüimes y Morrojable, en Gran Canaria, así como en TransCan 3, entre Gran Canaria y Lanzarote. También destacan los  Dos Continentes (95 kilómetros), en el Estrecho de Gibraltar, entre la La Línea y Tarifa y las playas de Benítez y de la Ribera, vecinas de Tánger; y el cable Estepona-Tetuán (113 kilómetros).

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