Empresas y finanzas

¿Son inevitables las posiciones de dominio en Internet?

  • La hegemonía del Explorer se ha debilitado con los remedios regulatorios

En sendos artículos académicos recientes, dos estudiosos de la Universidad de Stanford, concretamente de la Economía y del Derecho, Michael Ostrovsky y Omar Vásquez Duque, han estudiado el impacto en la pérdida de posición dominante de las aplicaciones líderes en el campo de los navegadores para ordenadores personales (Internet Explorer de Microsoft) y de los buscadores para teléfonos móviles (Google), a partir de la prevalencia del sistema operativo de los dispositivos asociados (Windows y Android, respectivamente) y de la imposición por parte de las autoridades de competencia de la Unión Europea de ciertas obligaciones de facilitar el acceso y el uso de herramientas competidoras por parte de las referidas Empresas. Los artículos se pueden encontrar en Insights by Stanford Business (Michael Ostrovsky) y en Academia.edu (Omar Vásquez Duque).

Aunque es de publicación más reciente, comienzo por valorar la contribución de Omar Vásquez Duque acerca de los efectos en la posición del navegador Internet Explorer al poder disponer los usuarios de la posibilidad de seleccionar como navegador "por defecto" otro ofrecido por el ordenador correspondiente, bien en la configuración inicial de preferencias, bien en un momento posterior al comienzo de su uso. El análisis de tales preferencias a partir de marzo de 2010, cuando Microsoft fue obligado en 31 países europeos a ofrecer además de Internet Explorer (como navegador "pre-instalado") otros once alternativos a través de una sencilla pantalla de selección permite concluir, con razonable seguridad, que la inercia, es decir, la falta frecuente de una deliberación frente a la posibilidad de una decisión que altere una circunstancia -bien sea por una propensión a la "aversión a la pérdida" de algo "seguro", por asumir una "indiferencia reflectiva" a causa de un imaginario "impuesto al esfuerzo de elegir" al que se refiere Cass Sunstein, por deferencia ante el "mejor conocimiento" del colectivo, expresada en las cuotas de mercado del momento o por cualquier otra motivación- beneficia a la opción ya instalada, no obstante lo cual en este caso en particular a lo largo de algo más de la última década Internet Explorer ha perdido cuota entre los usuarios en Europa de ordenadores personales con sistema operativo Windows, pasando de cerca del 50 por ciento en 2009 a alrededor del 3 por ciento en 2021, según la información de StatCounter para los cinco navegadores con mayores cuotas de mercado (Chrome, Explorer, Firefox, Opera y Safari).

La inercia de los usuarios tiende a favorecer a los navegadores preinstalados

Según explica Omar Vásquez Duque, la caída de Internet Explorer se había iniciado antes de que las autoridades de la Unión Europea impusieran la obligación a Microsoft de proveer una pantalla de selección de navegador, si bien presumiblemente la mayor facilidad de instalación de otro en el momento de la configuración inicial de un nuevo ordenador y la desvinculación entre esa aplicación y otras asociadas al mismo sistema operativo habrían influido en la elección de otros navegadores que tuviesen a su vez asociadas otras aplicaciones con funcionalidades deseadas por un público amplio (como el buscador) o asociados al sistema operativo del dispositivo móvil del usuario del ordenador (lo que beneficiaría a Chrome por ser el navegador de Android, con la mayor base de dispositivos móviles, siendo que el sistema operativo de Windows para móvil carecía de una base apreciable, siendo en la actualidad, según StatCounter, la cuota de Android casi del 73 por ciento, la de iOS (Apple) algo más del 26 por ciento y la del resto no llegan al 1 por ciento.

Parecería pues que la antigua posición dominante de Internet Explorer se ha debilitado por la confrontación libre de opciones y no solo como consecuencia de los remedios regulatorios impuestos a Microsoft. En todo caso, el resultado es el buscado por la UE y repetido constantemente por la Comisaria Vestager, aunque todavía no haya sido suficientemente evaluado: en la medida en que los usuarios pueden escoger y tal selección es necesaria y fácil de realizar, se debilita la posición dominante.

En el caso del buscador para los dispositivos móviles con sistema operativo Android, que ha sido objeto de análisis por Michael Ostrovsky, el regulador europeo permitió a Google (titular de Android) realizar una subasta trimestral en treinta y un Estados europeos para determinar la posición de cada buscador en la pantalla de selección en el menú de configuración de los dispositivos que entraron en funcionamiento a partir del primer trimestre de 2020. La variable clave de la subasta de pantallas de selección era inicialmente el concepto remunerativo, que desde el comienzo fue por descarga desde la aplicación Google Play.

Aplicando esta regla, la pantalla de selección muestra los buscadores de las tres primeras pujas más el de Google, Chrome (navegador u "hojeador de Internet", convertido en buscador al incorporar plenamente las capacidades de Google, motor de búsqueda), este último de manera aleatoria y resolviendo de ese modo los posibles empates, abonándose por los buscadores incluidos en la pantalla de selección por cada descarga el importe de la cuarta puja. Se ha observado que este criterio de popularidad, en función del número de descargas no tiene una correlación significativa con la calidad percibida por los usuarios, según las métricas de calificación de Google Play ("ratings"), reflejando presumiblemente la diversa orientación de cada buscador y la posibilidad de que los buscadores que participen en las subastas no sean necesariamente los más competitivos. En España, para el segundo trimestre de 2021 los tres buscadores ganadores de la subasta fueron Bing, info.com y PrivacyWall. En la práctica y según StatCounter, las cuotas de los navegadores en dispositivos Android en España no se han visto prácticamente alteradas entre Mayo de 2020 y Mayo de 2021, manteniendo Chrome un apabullante más del 96 por ciento, seguido, muy de lejos, por Bing (2,4), Yahoo (0,8), DuckDuckGo (0,3), Ecosia (0,18) y Yandex (0,03).

La subasta de pantallas de selección ha sido calificada por Michael Ostrovsky como una solución "elegante, liviana y prometedora a un problema espinoso", en la medida, añado yo, en que la cuota de mercado de los buscadores determina su capacidad de hacer negocios a costa de la atención de sus usuarios, especialmente de tipo publicitario o vinculado a contenidos subvencionados o de pago en plataformas propias (en el caso de Google, YouTube). Tanto Ostrovsky como Vásquez Duque sostienen que en cualquier caso la permanencia de aplicaciones, especialmente las seleccionadas "por defecto" es menor entre usuarios con opciones y bien informados, facilitando la visibilidad de las alternativas los cambios de preferencias. En este sentido, si la remuneración a Android se basará en el número de apariciones del buscador en lugar del número de descargas, quizás podría verificarse una evolución diferente de las cuotas de mercado. Sin embargo, ese criterio de popularidad requeriría un esfuerzo económico incierto para los navegadores en liza y de momento ha sido descartado.

Dado el magro resultado de las subastas de pantalla de selección de buscador en dispositivos Android, se propone por Michael Ostrovsky pasar de un pago por instalación a por aparición, con un factor de probabilidad de conversión en instalación provisto por Google Play, creando incentivos a la participación en las subastas como paso necesario para disfrutar de la visibilidad necesaria y reconciliando la percepción de calidad y la popularidad como consecuencia de una deliberación inducida por parte de los usuarios. ¿Qué hace óptimo el formato de la subasta? Tratándose de un remedio regulatorio, la función objetiva de la autoridad de competencia, que no prescribe una estructura de mercado, si no que encomienda al proveedor del sistema operativo y a su vez titular del buscador dominante, la presentación de las alternativas.

Las subastas de selección de buscador móvil serán gratuitas desde septiembre

El pasado 8 de junio Google anunció en la página web de Android que tras consultas recientes con la Comisión Europea, ha decidido que las subastas de pantallas de selección de buscador en móvil en Europa pasen a ser gratuitas a partir de septiembre, mostrando de manera aleatoria y cambiante para cada consulta hasta doce opciones conforme a ciertos criterios de selección (los cinco buscadores más populares durante los últimos doce meses, incluido Chrome, más hasta otros siete si los hubiere en cada país con descarga automática y gratuita desde Google Play). Habrá que aguardar al final del año para apreciar los cambios en la composición de las pantallas de selección y posteriormente en las cuotas de los buscadores en los dispositivos Android.

Probablemente la pérdida forzada de cuota vaya en el caso de estas aplicaciones dominantes en contra del consenso de mercado que justifica su preeminencia. La combinación del efecto comunidad para su adopción por referencias creíbles y de las ventajas que el mismo reporta para la evolución de tales herramientas, asociadas a la percepción de que la opción "por defecto" es la más segura, refuerza la posición dominante más allá de los potenciales atractivos de las alternativas. En la medida en que "no cabe discusión" respecto de la aplicación deseable en razón de sus funcionalidades y por ello de la utilidad que reporta al usuario, es difícil justificar la conveniencia de rebajar la posición de las aplicaciones líderes. Vale la pena escuchar el "podcast" de Land of the Giants - Vox.com "Google and the Android Wars" para entender la antipatía que la posición dominante de este buscador genera en los defensores de la diversidad de opciones, no obstante reconocer la indiscutible superioridad de las prestaciones de Chrome.

Solo la separación efectiva de tales aplicaciones deseables, como Chrome, respecto de otras utilidades facilitadas por la misma empresa, para evitar la extensión de la posición dominante y el riesgo de imposición de condiciones de uso exorbitantes justifica la intervención del regulador. Tal vez en esta línea actúe la recién nombrada Comisaria Federal de Competencia de Estados Unidos (FTC), Lina Khan, conocida por su rigurosa crítica en 2016 de la actuación predatoria de Amazon ("Amazon's antitrust paradox") -de la que se sigue la petición de su recusación en asuntos que le conciernan ante la FTC solicitada por Amazon el pasado 30 de Junio- quizás teniendo presente la experiencia en Europa -como sugiere también en los Estados Unidos para la concurrencia de proveedores de acceso a Internet el economista francés Thomas Philippon- ante las posibilidades de distorsión del mercado relevante que ofrece el contacto directo con los usuarios a través de sus dispositivos, la conciencia generalmente extendida de las opciones y la exigible evitación de abusos -que requieren una concreción determinada y convincente por efectos diferentes al aumento de precios en productos o servicios aparte, como ha escrito el juez federal James Boasberg recientemente en "FTC vs. Facebook"-, única eventualidad que justifica la fiscalización pública de lo que por otro lado son posiciones de mercado construidas con medios propios, sin subvención pública alguna y sin haber llevado a cabo consolidación alguna de mercado que hubiera podido impedir la pluralidad de posibilidades, no obstante la disparidad de cuotas de las mismas.

comentarios0WhatsAppWhatsAppFacebookFacebookTwitterTwitterLinkedinlinkedin
Comentarios 0
Deja tu comentario
elEconomista no se hace responsable de las opiniones expresadas en los comentarios y los mismos no constituyen la opinión de elEconomista. No obstante, elEconomista no tiene obligación de controlar la utilización de éstos por los usuarios y no garantiza que se haga un uso diligente o prudente de los mismos. Tampoco tiene la obligación de verificar y no verifica la identidad de los usuarios, ni la veracidad, vigencia, exhaustividad y/o autenticidad de los datos que los usuarios proporcionan y excluye cualquier responsabilidad por los daños y perjuicios de toda naturaleza que pudieran deberse a la utilización de los mismos o que puedan deberse a la ilicitud, carácter lesivo, falta de veracidad, vigencia, exhaustividad y/o autenticidad de la información proporcionada.