Consumo

Los españoles gastan un 6% menos en alimentación que en 2013

Los productos alimentarios ganan sin embargo peso en la cesta de la compra, al representar un 3,7% más que en 2013, en detrimento de los artículos de droguería y perfumería. Descárguese gratis el último número de elEconomista Alimentación

La industria de alimentación y bebidas consiguió cerrar 2014, el año en el que se dio por terminada la recesión económica de nuestro país, con una mejora de sus principales magnitudes. Su producción creció un 3,8% más que en 2013; el número de afiliados a la Seguridad Social vinculados a su sector mejoró un 1,95% con respecto al año anterior; las exportaciones volvieron a crecer, cerca de un 6% más que un año antes, hasta lograr 24.018 millones de euros; y su balanza comercial arrojó un superávit de 6.000 millones de euros.

Intentamos gastar menos

Cifras muy positivas y siempre por encima de la media de la industria manufacturera nacional. Sin embargo, no es oro todo lo que reluce en el sector cuando se analiza el consumo. Los datos del informe económico de la Federación española de la Industria de Alimentación y Bebidas revelan que el último año los españoles gastaron un 6% menos en alimentos y bebidas que en 2013. En 2014 el gasto per cápita en alimentación alcanzó un valor de 1.283 euros.

Ahora bien, pese a la bajada de ese gasto, los productos de la industria de alimentación y bebidas ganaron peso en la cesta de la compra, al acumular un 3,7% más de poder que un año antes y representar ya el 19,7% del presupuesto que cada hogar consagra a esa cesta.

Una cesta en la que el principal alimento de consumo de los españoles sigue siendo la carne (4,7%), el pan y cereales (2,9%), los productos lácteos, quesos y huevos (2,6%), pescado (2,5%) y la fruta y las hortalizas (1,7%).

Cae levemente la marca blanca

Lo que sí ha variado respecto a otros años, según el informe, es el peso de la marca blanca, cuya cuota alcanzó el 42% del total de las ventas del mercado español, 0,7 puntos porcentuales menos que en el mismo periodo del año anterior. Un dato que rompe la tendencia de crecimiento que llevaba en los últimos años.

Aun así, en 2014, al igual que en 2013 España mantuvo el segundo lugar en el ranking de cuota de mercado de la marca del distribuidor, por detrás de Reino Unido cuya cuota es la más alta de Europa (51,5%). Por debajo de España y la media europea se sitúan Francia y los Países Bajos con cuotas similares, 29,1% y 27,3%, respectivamente. Alemania, con un 24%, es un país intermedio entre el anterior grupo y el formado por Italia, Estados Unidos y Grecia, con los porcentajes más bajos.

Por categorías de producto, en España el valor de la cuota de marca del distribuidor disminuye en todas las categorías salvo en la comida congelada que incrementa 0,4 puntos porcentuales situándose en el 57,6%.

La caída de la cuota de la marca blanca supone una buena noticia para los fabricantes de marcas propias en España, que también han visto con muy buenos ojos el auge de las exportaciones de la industria de alimentación y bebidas. Como ya nos tiene acostumbrados, esta industria volvió a mejorar sus ventas en el exterior de nuestras fronteras consiguiendo un valor de 24.018 millones de euros, lo que supone un 5,9% más que un año antes.

Mejora en las exportaciones

La constante mejora de nuestras exportaciones hace pensar que España superará en breve a dos de los países que de momento están por delante en el ranking de países exportadores de la Unión Europea. Es el caso de Italia y Bélgica. Si así fuera, España podría ser en poco tiempo el cuarto país exportador de la Europa comunitaria.

"Nuestro sector es el primer exportador de la economía española con un superávit de 6.000 millones de euros; tenemos que seguir siendo la locomotora de la marca España y de nuestra economía", sostiene Mauricio García de Quevedo, director general de Fiab.

En la presentación del informe económico, García de Quevedo también recordó que los objetivos de esta industria pasan por crecer de forma continuada un 4% anual y crear 60.000 puestos de trabajo en los próximos seis años. Retos que, en su opinión, no necesitan bajo ninguna circunstancia una eventual subida de impuestos, por su más que probable efecto negativo en el consumo.

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