Agua y medioambiente

Economía azul: la próxima revolución sostenible

  • El valor de los océanos como activo se estima en más de 24 billones de dólares

El agua es esencial para la vida. Una persona podría sobrevivir en torno a un mes sin ingerir ningún tipo de alimento, pero solo aguantaría siete días sin agua. Además, este recurso tiene un papel vital para el planeta pues, como ponen de manifiesto los datos la Administración Nacional de Asuntos Oceanográficos y Atmosféricos de Estados Unidos (NOAA), los océanos producen un 50% del oxígeno mundial y absorben el 93% del calor derivado de los cambios en la atmósfera, por lo que su papel en la consecución de los objetivos climáticos es crucial.

Asimismo, el agua constituye una de las mayores fuentes de riqueza económica del mundo, ya que actividades como la pesca emplean a más de 350 millones de personas a nivel global, mientras que la acuicultura se ha convertido en el sector relacionado con la alimentación de mayor crecimiento, proporcionando ya el 50% del total de consumo de pescado a nivel global, según datos de la Commonwealth y Naciones Unidas.

Precisamente, desde Naciones Unidas destacan que más de 3.000 millones de personas en todo el mundo dependen de la biodiversidad marina y costera para su sustento. "El 80% del comercio mundial se realiza mediante transporte por agua. Las estimaciones del valor anual de la economía global relacionada con los océanos alcanzan ya 1 trillón de dólares", indica Ana Rivero Fernández, responsable global de Estrategia de Mercado y Sostenibilidad de Santander Asset Management.

Por todo ello, la preocupación sobre el daño que están sufriendo mares y océanos no para de crecer y es en este escenario donde surge el concepto de economía azul. El Banco Mundial lo define como el uso sostenible de los recursos de los océanos para el crecimiento económico, la mejora de los medios de vida y el empleo, al tiempo que se preserva la salud de los ecosistemas oceánicos.

Ana Rivero Fernández: "Las estimaciones del valor anual de la economía global relacionada con los océanos alcanzan ya 1 trillón de dólares"

"El concepto de economía azul va más allá de las consideraciones tradicionales puramente económicas, que miraban al océano como fuente de desarrollo a través de la explotación de los recursos marítimos y marinos, sin considerar los efectos que las actividades como el transporte marítimo, la pesca comercial o las industrias del petróleo, el gas, los minerales y la minería tienen en la salud o la productividad futura de esos mismos recursos", indica Rivero Fernández.

En este sentido, el modelo de economía azul pretende mejorar el bienestar humano y la igualdad social, reduciendo de forma significativa los riesgos ambientales y las escaseces ecológicas. "Pero tampoco se limita a las oportunidades de mercado, sino que también prevé la protección y el desarrollo de recursos azules más intangibles, como los modos de vida tradicionales o la capacidad de recuperación de las costas, para ayudar a los países más vulnerables a mitigar los efectos del cambio climático", expone la responsable global de Estrategia de Mercado y Sostenibilidad de Santander Asset Management.

¿Cómo invertir en la economía azul?

Cada vez más los inversores buscan que sus decisiones tengan un impacto positivo en la sociedad a largo plazo. Según datos de Responsible Investor, el valor de los océanos como activo se estima en más de 24 billones de dólares a escala global, lo que los convierte en la séptima economía del mundo en términos de PIB. "Sin embargo, casi un tercio de los gestores de activos no abordan en absoluto la economía azul sostenible en sus actuales inversiones. El camino por andar es, por tanto, ilimitado", destaca Ana Rivero Fernández.

En este contexto, una de las vías más interesantes para invertir en la economía azul son los llamados bonos azules, que entroncan directamente con el Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS) número 14, Vida Submarina. Cumplir con estos objetivos requiere cambiar múltiples procesos productivos y buscar otra forma de hacer las cosas, lo que exige inversiones anuales de entre 5 y 7 billones de dólares, según datos de la ONU.

El primer programa en el mundo en esta línea fue el Seychelles Sovereign Blue Bond. "El objetivo de esta iniciativa es la de salvar las 115 islas de Seychelles que están bordeadas por coral (el 90% de los arrecifes de coral en el mundo estarán en peligro de extinción en 2030, según datos de Pacto Mundial de Naciones Unidas). Esta emisión contó con la ayuda de inversores como el Banco Mundial y su Fondo para el Medio Ambiente Mundial", explica la experta.

Se trata de la séptima economía del mundo en términos de PIB

Asimismo, en 2019 el Banco Nórdico de Inversiones siguió sus pasos con una emisión que alcanzó los 2.000 millones de coronas (más de 180 millones de euros) para proyectos de tratamiento de aguas residuales, de prevención de la contaminación del agua y de adaptación al cambio climático relacionados con el agua. Ya en septiembre del año pasado, el Banco de China se convirtió en el primer emisor de bonos azules de Asia con un volumen de más de 900 millones de dólares con el objetivo de financiar proyectos relacionados con la preservación de los océanos.

Por su parte, también en 2020, la Unión Europea puso en marcha un nuevo fondo de inversiones dotado con 75 millones de euros para financiar proyectos de economía azul. A este respecto, algunos expertos esperan un crecimiento similar de los bonos azules al que han vivido los verdes (2020 fue un año récord en bonos verdes, ya que el volumen de emisiones subió un 16,5% respecto al de 2019 aunque, en realidad, cada año desde 2014, cuando la Climate Bonds Initiative empezó a recabar datos, ha sido un año récord).

De este modo, es importante que aumente el número de iniciativas que se puedan financiar mediante bonos azules, para que crezca este mercado y que llegue así a los inversores minoristas, como ha ocurrido con los demás bonos sostenibles. "No cabe duda de que la próxima revolución de la sostenibilidad será azul", concluye Ana Rivero Fernández.

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