Agro

Las ayudas directas de la PAC descienden un 7,3% en el periodo 2021-2027

  • Posición del Institut Agrícola Català de Sant Isidre sobre la nueva PAC
Evolución de la renta agraria real en España, Francia y UE-28. 2010 = 100
Madrid

La publicación del proyecto de Marco Financiero Plurianual (nombre real que tiene el Presupuesto de la Unión Europea) para 2021-2027 que se está discutiendo en este momento en el Parlamento Europeo, ha provocado una reacción inmediata de rechazo por parte de las organizaciones agrarias.

Mientras el Presupuesto total aumenta en prácticamente 200.000 millones de euros (0,13 puntos de la renta nacional europea), el capítulo de ayudas directas desciende un 7,3% en el conjunto del período a precios de mercado con respecto al vigente Marco 2014-2020.

En apariencia, se trata de una mala noticia para la agricultura europea. En los próximos seis años, recibirá menos fondos comunitarios en un entorno con tres fuentes de incertidumbre notables: primera, el desafío que supone la salida de Reino Unido de la Unión Europea a partir de marzo de 2019 (incluyendo la pérdida de un contribuyente neto por importe de 5.708 millones de euros en el actual Marco); segunda, la escalada en las amenazas internacionales de "guerra comercial", focalizada en este momento en el eje Asia-Pacífico; y tercera, la conformación de un texto que permita cumplir con los compromisos de la UE en el seno de la OMC en materia de subsidios a exportación, barreras no arancelarias y el actual trato de favor al sector agrícola a través de la PAC.

Revertir la "excepción regulatoria"

Sin embargo, se trata de un momento adecuado para revertir la "excepción regulatoria" en la que vive desde hace más de medio siglo el sector agrícola, atenazado por un "nudo gordiano" como es la regulación del mercado que hunde los precios en origen, provocando una dependencia continuada de la renta de los agricultores de las subvenciones directas. Una subvención directa sobre un cultivo provoca que el precio descienda en idéntica proporción ya que el agricultor está percibiendo una renta adicional que no proviene del mercado.

Los compradores de su producto, sabedores de este hecho, reducen los precios de compra hasta equilibrarse con el precio sin subvención. Por tanto, lo que en teoría serviría para apoyar al agricultor como es una subvención, en realidad se convierte en una transferencia de renta del presupuesto público (en torno al 40% del presupuesto de la UE va destinado a agricultura) a los márgenes de los intermediarios y de ahí a incrementar precios de venta al consumidor.

Existe una amplia evidencia empírica que muestra el efecto contraproducente de las subvenciones a la agricultura sobre las rentas agrarias. Un caso paradigmático es el de Nueva Zelanda, en la cual en 1984 un Gobierno laborista decidió eliminar los subsidios a los productos agrícolas, siendo el 40% de los diputados agricultores. Desde entonces, Nueva Zelanda es una de las economías dependientes de la agricultura más prósperas del planeta, produciendo suficientes alimentos para dar de comer a 40 millones de personas y un 90% de la producción agrícola es exportada. Si bien éste es el análisis que cabe hacerse desde el punto de vista económico, no es menos cierto que una buena parte de los agricultores y organizaciones agrarias viven ajenos a esta realidad. Por ello, defienden especialmente la permanencia de los pagos directos que forman parte del Primer Pilar de la PAC, creyendo que así es como se apoya a un sector tan importante como el agrícola. Son los principales perjudicados del recorte presupuestario, dado que el 28% de la renta agraria media en la UE corresponde a los pagos directos, según el Departamento de Agricultura y Desarrollo Rural de la Comisión Europea.

En España, la dependencia de las ayudas directas es 6 puntos porcentuales inferior a la media de la UE (22%) en términos de renta total promedio entre 2011 y 2015, mientras que el conjunto de ayudas (la suma de los pilares) supone el 30% de la renta agrícola. Mientras, en Francia asciende al 31%, en Alemania el 37% y Portugal el 29%. Sólo Italia está por detrás de España en la UE-15, con un peso de los pagos directos del 18%.

En España, la dependencia de las ayudas directas es 6 puntos porcentuales inferior a la media de la UE (22%) en términos de renta total promedio entre 2011 y 2015, mientras que el conjunto de ayudas (la suma de los pilares) supone el 30% de la renta agrícola. Mientras, en Francia asciende al 31%, en Alemania el 37% y Portugal el 29%. Sólo Italia está por detrás de España en la UE-15, con un peso de los pagos directos del 18%.

Focalizando la atención en el caso de España, su menor dependencia se basa en el extraordinario crecimiento que han experimentado los ingresos de los agricultores (homogéneos por fases del ciclo económico) gracias a productos agrarios que o bien no perciben subvenciones directas de la PAC o si perciben alguna, su efecto es escaso o poco representativo en el conjunto del mercado. Así, el 57,7% del Valor Añadido Bruto del sector agrícola a nivel europeo en 2017 procede de productos más alejados de la PAC como las frutas y hortalizas (19,1%), el porcino (8,9%), el vacuno (8,2%) o la producción genéticamente modificada (5,2%). A estos se suma una aportación creciente y que ha reaccionado de forma muy positiva a la desaparición de las cuotas como es el sector lácteo, el cual representa un 13,9%.

Descontando el creciente empuje de los servicios agrícolas (4,8%), el restante 25% de la riqueza agraria (106.750 millones de euros de un total de 437.000 millones anuales) es la que se vería afectada por el recorte del presupuesto, con un coste aproximado de 1.245 millones de euros anuales (una caída anual acumulativa del 1,16%). Si bien este es el coste, es necesario señalar que cada año estaría mucho más que compensado tomando en consideración la evolución del PIB agrícola, el cual en términos reales crece de media un 2,8% en el conjunto de la UE y también en media en España, más del doble que el coste de corto plazo de dejar de percibir ayudas directas.

Beneficios futuros

Por tanto, se trata de gestionar en todo caso un coste de corto plazo para que deje paso a los beneficios futuros derivados de la ausencia de distorsiones en los precios causadas por los subsidios. Esta es la distancia para muchos agricultores entre seguir dependiendo de fondos públicos o formar parte de un mercado competitivo e integrado a nivel global. Un caso significativo es el de la aceituna negra, la cual el mercado y las autoridades de comercio de Estados Unidos han fijado como distancia al precio real un 17,13%, importe en el que se ha fijado el arancel. Este es el importe del daño económico silencioso que a largo plazo provoca la PAC.

Institut Agrícola Català de Sant Isidre

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