Agro

El Delta del Ebro, otra víctima de la parálisis política de la Generalitat

  • El sector agrario denuncia que la "tragedia" del temporal Gloria se podía haber evitado
  • La entrada del Mar ha salinizado el suelo, con grave perjuicio para el cultivo del arroz
Aspecto del Delta de Ebro tras el paso de Gloria
Madrid

La del Delta del Ebro es la crónica de un desastre anunciado. El paso del temporal Gloria ha agudizado la agonía que sufre desde hace años un paraje emblemático del litoral tarraconense sobre el que se asiente una importante industria agrícola y pesquera.

La estampa que dejó el mar tras penetrar más de tres kilómetros tierra adentro era desoladora: más de 3.000 hectáreas de arrozales engullidos por el agua, y viveros de atunes, mejillones y ostras arrasados.

Ensimismada en su desafío secesionista, la Generalitat lleva años haciendo oídos sordos a las peticiones del sector agrario que sustenta la población y la economía de la zona para crear infraestructuras de contención que impidiesen que el mar continuase engullendo poco a poco el Delta del Ebro y que, además, en catástrofes naturales como el temporal Gloria, amortiguasen sus efectos.

"Es un drama que podía haberse evitado", asegura Baldiri Ros, presidente del Instituto Agrícola Catalán de San Isidro, una institución centenaria que representa a una parte importante del potente sector agroalimentario de esa Comunidad. "Las inversiones en infraestructuras para evitar que el mar fuera penetrando y a la vez recuperar la zona, en la que se ha reducido la bajada de sedimentos con las presas de Equinenza y Ribarroja, es fundamental. Hay proyectos técnicos que ayudarían a la preservación del Delta conjuntamente con inversiones en el tema agrario", asegura Ros.

Muros de contención

El empresario agrícola Josep María Roselló lo tiene claro. "La intervención correcta de la administración paasaba por hacer unos muros de contención para preservar el cultivo del arroz y los intereses de las personas que viven aquí por encima de los intereses de los ecologistas".

"Los muros de contención se han hecho toda la vida y las administraciónes no han hecho el esfuerzo necesario para mantenerlos. Y pueden ser naturales o artificiales. Hay un proyecto de un muro de contención artificial de 40 kilómetros artificiales pero el resto son malecones, que evitarían, no sólo en temporales como el Gloria, sino que en pequeñas levantadas del mar no entrase el agua y se destruyese el Delta del Ebro, que se está echando a perder", asegura.

Al igual que en otras zonas de España, la actividad agraria en el Delta del Ebro se ha identificado desde los sectores ecologistas con su deterioro. Baldiri Ros asegura sin embargo que la realidad es la contraria.

"Para nosotros la protección del Delta se basa en una agricultura potente.

Se han hecho caminos, acequias que sirven de protección al deterioro, con el cultivo de las tierras se han evitado plagas... Esta controversia entre naturalización y cultivo ha impedido que se hayan tomado medidas para la protección del Delta que es muy importante como paraje natural pero sin agricultura no existiría".

Esa "fuerza" de los ecologistas es la causa de que las actuaciones en en las Terres de l'Ebre hayan ido deteriorándolo lenta pero inexorablemente. Ocurrió para intentar controlar la plaga del caracol manzana, que destruye los arrozales. "Se apostó por intentar acabar con ellos con agua salada porque es barato para la administración pero en realidad desestructura gravemente el suelo al salinizarlo", explica Roselló.

Daños irreversibles

El empresario reclama la ayuda de la administración para que no se dé una solución ficticia a la "catástrofe" que ha sufrido el Delta. "Hay técnicos incompetentes que dicen que aportando un mes de agua dulce se solucionará, pero lo que hay que hacer es secar el Delta, quitar todo el agua salada lo antes posibles y añadir agua dulce durante al menos seis años para paliar en parte el daño que se ha hecho, que en muchos casos es irreversible".

Cerca de 20.000 familias viven de los arrozales. Gloria ha llegado en un momento en el que la tierra descansaba. A finales de abril, comienza la siembra de un cultivo para el que hay previsiones muy malas. "Si no nos limitan el agua confíemos en que sólo perdamos el 30 por ciento de la cosecha2, afirma.

Aparte de esto habría que construir y reparar todas las infraestructuras dañadas. "Tenemos 500 kilómetros de canales que no están diseñados para aguantar agua salada porque no el hormigón no tiene un grueso suficiente ni es impermeable. Cuando penetra la sal se oxida la estructura interna y de tener una vida útil de 50 años pasa a tener de cinco. Eso el territorio no lo puede soportar. Si no se hacen los muros esto volverá a pasar".

El mantenimiento de la actividad agraria y pesquera en el que es el humedal más importante de Cataluña es además una forma para luchar contra otro de los problemas de la zona, la despoblación, un fenómeno que no es ajeno a lo que ocurre en otros territorios de España.

"Además de en la zona del Delta, en todo su entorno , es fundamental mantener la actividad económica basada en la agricultura. Hemos exigido un proyecto pero que no salga sólo de los despachos sino que tienen que estar con la gente que está sobre el territorio y está perfectamente capacitada para dar la opinión acertada para saber cómo se recupera todo esto, que no va a ser fácil", añade Baldiri Ros. Y eso pasa por considerar la agricultura como parte esencia de la supervivencia del Delta.

Torra ve ahora la urgencia

Los daños de la borrasca Gloria han devuelto la crítica situación del Delta del Ebro a la agenda política de la Generalitat, centrada desde 2017 en el desafío soberanista.
El titular del Ejecutivo catalán, Quim Torra, reconocía a los alcaldes de la zona tras conocer los daños del temporal que "es hora de pasar a la acción" y llamaba por teléfono al presidente del Gobierno Pedro Sánchez, que sobrevoló el Delta en helicóptero pocos días después de la tragedia, para reclamar una "actuación urgente" ante la situación.
Torra llegó a reconocer después ante los alcaldes de la zona y las comunidades de regantes, que han elaborado un plan conjunto de actuaciones, que "la acción y la inacción ha sido decisiva para que pasara lo que tenía que pasar en el Delta".
Los objetivos principales del Plan Delta son conservar la morfología del Delta, establecer un plan para hacer llegar los sedimentos y la restauración de dunas o la introducción de diques en la costa.

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