Empresas Centenarias

Banca: un largo camino de sobresaltos

  • El sector ha avanzado en las últimas décadas yendo de crisis en crisis
Foto: Getty.

El sistema financiero español ha evolucionado hasta convertirse en lo que es hoy a golpe de crisis bancarias, de las que nuestra historia económica está bien servida. Aún así, contamos con entidades punteras que han sabido salir al exterior y construir grupos financieros internacionales, exportando una capacidad de gestión reconocida mundialmente. No obstante, el balance general, sobre todo en los últimos años, arroja más sombras que luces.

España llega tarde a la banca, como a casi todos los acontecimientos económicos de la edad contemporánea. Una sociedad a la que le cuesta salir del Antiguo Régimen y no ve con buenos ojos el crédito y el interés, creencia que aún sigue pesando en la forma en que popularmente suele denostarse el papel de la banca.

La tardía industrialización y una burguesía débil, no son buen caldo de cultivo para la acumulación de capital que requería la fundación de un banco. No obstante, durante la segunda mitad del siglo XIX y primeras décadas del XX se fundan los principales bancos españoles que se desarrollarán a partir de la década de los 60. El sistema de cajas de ahorros, hoy tristemente liquidado, también tiene su origen en las mismas fechas.

Los dos grandes bancos españoles de la actualidad, Santander y BBVA, nacen en 1857, uno como Banco de Santander y otro como Banco de Bilbao. Ambos son el fruto actual de diversas fusiones, pero hunden sus raíces en la corriente industrial y mercantil que impulsa una burguesía emergente dedicada a negocios industriales y al comercio.

En Barcelona, algo más tarde, se funda también el Banco Hispano Colonial, que pasará a ser el Banco Hispano Americano a principios de siglo y que finalmente se integró en el Banco de Santander, que también y recientemente se fusionó, entre otras entidades, con el Banco Español de Crédito, fundado en 1901.

En 1919 se funda el Banco Central, también integrado hoy en Santander, y en 1926 el Banco Popular. Por su parte, el Banco de Sabadell fue fundado en 1881. Entre el último tercio del siglo XIX y el primer tercio del XX, se fundan las entidades que luego formarán el Crédito Oficial (Banco de Crédito Industrial, Crédito Social Pesquero, Banco Hipotecario de España, etc.), que hoy en día, después de su privatización en 1998, forma parte del Banco Bilbao Vizcaya Argentaria.

Las actuales grandes entidades financieras vienen de la fusión de otras más pequeñas y ese fue el camino de supervivencia que se adoptó en España para superar las diferentes crisis bancarias durante décadas y hasta la actualidad. Si bien aquellas fusiones ahorraron disgustos y dinero al erario público entonces, no puede decirse que ahora, con el rigor del euro y la mirada del mundo sobre nuestro dañado sistema financiero, se haya podido conseguir el mismo propósito.

Banqueros y asuntos de familia

Hasta los 90, la banca estuvo ligada a algunas familias cuya fortuna, tanto económica como política, les había llevado a tener una posición destacada en el sistema financiero. Los Botín, con Emilio a la cabeza; los Vals Taberner, con Luis como el más destacado; las familias que controlaron por décadas Banesto, como los Argüelles y los Figaredo, representados por Pablo Garnica y primero por el carismático José María Aguirre... Otros crecieron profesionalmente en sus entidades, como Pedro Toledo, presidente del legendario Banco de Vizcaya, que murió como copresidente del BBV una vez fusionado. Ignacio Villalonga, que llegó por afinidad política al Banco Central y que en la práctica dirigía, hasta sucederle, Alfonso Escámez. Sánchez Asiaín, un profesional que estuvo al frente del BB y que pilotó junto con el citado Pedro de Toledo la primera gran fusión de la banca española, tras intentar absorber, sin éxito, al Banesto de Mario Conde. Éste último, fue víctima de la crisis de 1993, que supuso la intervención de Banesto y su definitiva caída en desgracia. Mario Conde rompió en Banesto el sistema de familias que gobernó el banco por décadas. Más recientemente llegaron a la banca ejecutivos cuyas afinidades políticas y trayectoria profesional les convertían en idóneos para pilotar las operaciones financieras que se estaban fraguando. Amusátegui, Corcóstegui, Alfredo Saénz e incluso Francisco González se aúpan a las primeras posiciones de la banca por cualidades diversas y apoyos sólidos. Al final, la banca hoy en día no es un asunto de familias aunque en algunas entidades todavía brillen apellidos históricos.

Las cajas, arruinadas por políticos

El sistema de Cajas de Ahorros español se equiparó en operativa a las entidades bancarias con la liberalización del sistema financiero acometida en los 80. Hasta su caída con la crisis del ladrillo, fue un elemento dinamizador del mercado que suponía un contrapeso y una competencia real en la banca minorista, que llegó a liderar. De hecho, tuvo más pasivo que la banca privada y ofrecía servicios bancarios a buen precio a personas físicas y pequeñas empresas. El gran problema que acabó por destruir un sistema que contribuía a realizar una obra social de gran importancia, fue poner las cajas al servicio del poder político y permitir que éstos dirigieran, sin preparación ni sentido ético, los destinos de más del 50% del sistema financiero. Unas entidades cuyo consejo de administración carecía, en general, de la más mínima preparación y con graves problemas de gobierno corporativo, sometidas al mercadeo de los partidos políticos gracias a las desafortunadas leyes de órganos de gobierno promulgadas por las Comunidades Autónomas. Si a eso sumamos la actuación de directivos que pensaban en sus incentivos a corto plazo y que no eran controlados por órgano competente de ninguna especie, el drama, en forma de ruina casi general, estaba servido. Algunas se han salvado, pero el sistema tal y como estaba constituido quedó herido de muerte, pues no era posible seguir con el mercadeo político en algo tan serio como es el ahorro del público. Muchas de esas entidades, que eran benéficas, contribuyeron decisivamente al encarecimiento del precio de la vivienda hasta hacerla prácticamente inaccesible al comprador. La gran cantidad de crédito a promotor e hipotecario que pusieron en el mercado marcó la burbuja crediticia que provocó el derrumbe económico a partir del 2008. El rescate de las Cajas le está costando a España decenas de miles de millones de euros que se han ido en los desastres de gestión de Caja Madrid, Bancaja, Caixa Catalunya, Caja de Ahorros del Mediterráneo, Caixa Galicia, Caixanova, Caja Castilla La Mancha, Caixa d'Estalvis Unió de Caixes de Manlleu, Sabadell i Terrassa, Caja Sur y algunas otras. Resistieron y crecieron durante 100 años, pero no pudieron superar ser dirigidas por políticos y sindicalistas ambiciosos y sin conocimientos sobre el negocio bancario.

El Banco de España pierde prestigio

El Banco de España era un reducto de profesionalidad y rigor. Siempre fue gobernado por políticos más o menos en activo, con algunas honrosas excepciones. Nombres como López de Letona, que fue ministro; Álvarez Rendueles, secretario de estado; o Mariano Rubio, de la cuerda de Francisco Fernández Ordóñez, tuvieron un claro perfil político. Es con Mariano Rubio con el que la institución sufre su primera crisis, al tener que dimitir por el caso Ibercorp. Luis Ángel Rojo, su sucesor, rescata el prestigio tanto por su buen hacer como por su currículum académico. Resolvió la crisis bancaria del 93 y modernizó el tratamiento de las provisiones bancarias, tan necesarias en un sistema financiero problemático como el nuestro. Sin embargo, su legado no fue seguido por Jaime Caruana, tímido con los peligros de la burbuja crediticia, y menos por Miguel Ángel Fernández Ordóñez, fiel al dictado de los ministros de economía de Zapatero, que propugnaban la patada hacia adelante y el no reconocimiento de los problemas de las cajas de ahorros.

El descontento de los inspectores ante la falta de gestión de una crisis que vislumbraban ya al final del mandato de Caruana, supone el desprestigio del gobierno de una institución que esperemos que el gobernador Linde acierte a levantar. El Banco de España ahora tiene menos competencias en supervisión y no podrá liderar la resolución de una nueva crisis bancaria.

La banca española, de crisis en crisis

La banca española ya generaba titulares en los ochenta como un punto negro dentro del sistema financiero mundial por su falta de solvencia. La crisis del petróleo y la posterior ruina de muchas empresas en los setenta dejó tocada a la banca española con problemas que fueron arrastrando durante todos los ochenta entidades como el Banco Central, Banesto, Hispano Americano y otras entidades. En los primeros 80 se produce la intervención de Rumasa, cuyo grupo bancario, el octavo del país por entonces, acumulaba créditos de muy dudoso cobro otorgados al mismo grupo industrial. La solución que entonces se buscó para los acuciantes problemas de algunas entidades fue promover fusiones con otros bancos en mejor situación. Eran tiempos de Mariano Rubio y así empezaron los movimientos que trajeron la primera gran fusión, el Banco de Bilbao con el Banco de Vizcaya. Posteriormente vino la del Central con el Hispano.

En pleno proceso de fusiones, una nueva crisis, la del 93, llamaba a la puerta de la banca española. La morosidad se disparó al 9% y Banesto fue intervenido al no poder colocar en Bolsa la corporación industrial y tener el balance repleto de créditos dudosos. La crisis se saldaría con nuevas fusiones sobre fusiones, que generarían nuevas entidades internacionales como Santander y BBVA. Por su parte, la Banca mediana también absorbió algunas pequeñas entidades, reforzándose. Dos casos de éxito, Sabadell y Bankinter, han permanecido firmes e incluso reforzados tras las sucesivas crisis. Ahora, la banca concentra el 70% del negocio en sólo seis entidades, de las que una, Popular, seguramente se fusione o sea absorbido pronto, víctima del ladrillo. La última crisis ha asolado al sistema financiero, reducido la red y se han perdido decenas de miles de empleos. Pero así lleva desde hace, al menos, 40 años, de crisis en crisis.

El futuro

Solo los grandes grupos bancarios diversificados tienen garantizado su futuro a medio plazo. El resto de entidades tiene que ganárselo con estrategias de mercado que les proporcionen ingresos recurrentes y un negocio viable en la sociedad digital. Parece un hecho cierto que el futuro nos aboca a tener aún menos entidades, que es como siempre se han resuelto los problemas, intentando ganar rentabilidad mediante el tamaño. Veremos si alguna vez una entidad extranjera puede ser realmente relevante en España. Todas las que intentaron hacer banca comercial fracasaron y la presencia internacional no es muy relevante. Quizás el mercado deje hueco.

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