Empresa Global

La región no retomará su nivel prepandemia hasta 2023

  • Este año el crecimiento será notable, pero el daño económico y social tardará en subsanarse
Madrid

La pandemia de Covid-19 castigo duramente la región el año pasado. Aunque las cifras oficiales de muertes son similares a las de las economías avanzadas, el exceso de mortalidad -un indicador más fiable- apunta a que el número de víctimas mortales contabilizadas en la región "casi con toda seguridad es el más alto de todo el mundo", según el primer informe semestral del Banco Mundial sobre América Latina y el Caribe (ALC).

En el plano económico, las cosas siguieron parecida derrota. La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) cifra el retroceso promedio de la economía en el 7,7% para 2020, la mayor en 120 años. En su diagnóstico de finales del año pasado, la institución explica que "las debilidades y brechas estructurales históricas de la región, su limitado espacio fiscal, la desigualdad, la escasa cobertura y acceso a la protección social, la elevada informalidad laboral, la heterogeneidad productiva y la baja productividad" explican la mayor parte de los efectos de la pandemia en la economía regional.

Además, ALC ya adolecía de una baja tasa de crecimiento antes de la Covid-19, con un promedio de solo 0,3% entre 2014 y 2019. El coronavirus añadió a estos problemas preexistentes "los choques externos negativos y la necesidad de implementar políticas de confinamiento, distanciamiento físico y cierre de actividades productivas". La subsiguiente crisis económica ha generado un uamento notable del paro, que la Cepal estima que alcance el 10,7% a cierre de 2020, "una profunda caída de la participación laboral y un incremento considerable de la pobreza y la desigualdad".

Al deterioro económico hay que añadir las consecuencias sociales, en ocasiones dramáticas, de la crisis. Naciones Unidas calcula que alrededor de 45 millones de personas han ingresado en la pobreza; la desigualdad, medida por el índice de Gini, ha aumentado un 5% a juicio del FMI. El cierre de colegios, más prolongado que en otras regiones, apunta a un deterioro duradero del capital humano: el análisis del personal técnico del Fondo indica que el ingreso de los estudiantes de edades comprendidas entre 10 y 19 años podría ser, en promedio, un 4% más bajo a lo largo de su vida si no se compensan los días de clase perdidos en 2020.

Dicho esto, la región terminó el año con un crecimiento mayor de lo esperado: en el cuarto trimestre el PIB regional se expandió un 17,5% en términos trimestrales anualizados. Según S&P Global, la resiliencia de las materias primas y el sector de las manufacturas, así como el efecto de los estímulos sobre el sector servicios -en aquellos países donde fueron de una magnitud reseñable o se aligeraron las restricciones de movilidad- explican esta mejoría.

Las previsiones de crecimiento para este año son notablemente diferentes, si bien los niveles prepandemia no se alcanzarán hasta 2023. El Fondo Monetario Internacional (FMI) pronostica un crecimiento del 4,6% para ALC en 2021, por debajo del 5,8% estimado para los mercados emergentes (exceptuada China). La economía mundial crecerá en conjunto un 6%. "El ingreso per cápita no retornará al nivel de antes de la pandemia hasta 2024, lo cual provocará pérdidas acumuladas del 30% respecto a la tendencia prepandémica", explican desde el FMI.

No obstante, el alto grado de incertidumbre es la tónica general de todos los análisis. Factores como la crisis sanitaria -y en particular el éxito de las vacunas y las variantes del virus-; la efectividad de las políticas adoptadas; la evolución de las condiciones financieras; el precio de las materias primas, y la capacidad de auste de la economía pueden alterar las estimaciones. Además, como apunta Fitch Ratings, el precario punto de partida regional y el significativo deterioro de la situación fiscal durante la pandemia hace pensar que el crecimiento económico, por sí solo, no será suficiente para reducir la deuda pública: harán falta reformas estructurales, y no solo medidas cíclicas.

La respuesta de los países ha sido, ciertamente, desigual. Chile se ha convertido en un ejemplo en la labor de vacunación, con casi 50 vacunas administradas por cada 100 habitantes; unida a las políticas de apoyo, podría recuperar el nivel de PIB prepandemia este mismo año. Los rebrotes acaecidos en 2021 en países como Brasil, Paraguay, Perú, Uruguay y el propio Chile empañan, según el FMI, las perspecticas a corto plazo. Se espera que México no alcance su nivel precrisis hasta 2023, debido a la falta de un apoyo fiscal sólido. Brasil tendrá que esperar a 2022, por el repliegue de medidas y la lentitud en la vacunación.

Sin duda, los planes de estímulo de EEUU tendrán efectos apreciables sobre los países de América Central. La dependencia del turismo, sin embargo, retardará la recuperación de las economías caribeñas. S&P Global cree que el sector servicios será un vector cada vez más importante de la recuperación del PIB regional este año y el siguiente: "La recuperación de los principales socios comerciales de la región, Estados Unidos y China, se caracterizará por una demanda relativamente menor de manufacturas y materias primas, y una mayor demanda de servicios, a medida que las restricciones de movilidad continúan disminuyendo".

A juicio de esta firma de inteligencia de mercado, dos factores principales explicarán el éxito de esta recuperación del sector terciario: el daño sufrido por las empresas de estos sectores y el apoyo gubernamental disponible para subsanarlo. Las empresas más pequeñas buscarán un grado de confianza alto antes de reiniciar las operaciones, volver a contratar e invertir; más aún en países, como México, donde el papel del Gobierno en el alivio de la crisis ha sido modesto.

Oportunidades de mejora

El Banco Mundial considera que la recuperación de Latinoamérica "representa una oportunidad para reconstruir mejor". El Banco apunta que, aunque el daño a los servicios hoteleros y personales puede ser duradero, las tecnologías de la información, las finanzas y la logística se expandirán. "A mediano plazo, las ganancias pueden ser mayores que las pérdidas. La mayor transformación puede resultar de la digitalización acelerada, que podría conducir a un mayor dinamismo en la intermediación financiera, el comercio internacional y los mercados laborales".

La tecnología es otro de las posibles palancas para una recuperación más vigorosa, en particular si contribuyen a transformar el sector energético: "América Latina y el Caribe posee la matriz de generación eléctrica más limpia de todas las regiones en desarrollo, fundamentalmente debido a la abundancia de energía hidroeléctrica. La región debería tener la electricidad más barata del mundo en desarrollo, pero en su lugar tiene la más cara, esencialmente debido a las ineficiencias". Reformas en esta área podrían arrojar resultados estimables.

Por su parte, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) señala la sostenibilidad como clave de bóveda de una recuperación que impulse la creación de empleo y el crecimiento económico. El BID se hace eco de un plan del FMI y la Agencia Internacional de la Energía (AIE), focalizado en aumentar la capacidad de generación eléctrica renovable, la producción de vehículos eléctricos, el transporte público y mejorar la eficiencia energética en los sectores residencial, comercial e industrial, entre otros.

Según el BID, aplicar ese plan podría crear nueve millones de empleos al año durante los próximos tres años, y añadir 1,1 puntos al crecimiento económico anual. El PIB de los países emergentes crecería cerca de 1,3 puntos, mientras que la economía mundial sería en 2023 un 3,5% mayor que en otro caso.

La variable política

Este año se celebran cuatro elecciones en el subcontinente americano. Ecuador votó en febrero para elegir representantes en la Asamblea (el poder legislativo) y el Parlamento (un órgano de control compuesto por 25 miembros). A falta de un ganador claro, el 11 de abril se celebró la segunda vuelta, en la que el candidato conservador y exbanquero Guillermo Lasso se impuso, remontada histórica mediante, al correísta Andrés Arauz.

En abril le tocó el turno a Perú; tras el escrutinio, pasaron a la segunda vuelta el izquierdista Pedro Castillo y la derechista Keiko Fujimori -hija del expresidente Alberto Fujimori, condenado a 25 años de cárcel por delitos de lesa humanidad-. El 6 de junio se celebrará la segunda vuelta, en la que, al cierre de este especial, el candidato Castillo contaba con ventaja en intención de voto.

Chile vivió en mayo una macroconvocatoria: las elecciones municipales y de gobernadores regionales -que habían sido pospuestas en dos ocasiones, desde octubre por la pandemia-, y las convencionales constituyentes, de las que emanaron los representantes encargados de redactar la nueva constitución conforme al resultado del plebiscito nacional de 2020. El resultado evidenció un claro giro a la izquierda; la coalición del presidente Piñera no logró siquiera un tercio de la futura Convención Constituyente.

Dos países más celebran comicios este año: Nicaragua, que elige presidente y renueva el parlmento en noviembre, y Honduras, que hará lo propio en el mismo mas y que supondrá el fin del mandato de Juan Orlando Hernández, que no repite mandato tras su polémica reelección en 2017.

Habrá que ver si, como dicen Carlos Malamud y Rogelio Núñez, del Real Instituto Elcano, las democracias latinoamericanas salen de la pandemia "no solo más debilitadas sino también desafiadas por la emergencia de una alternativa iliberal (personalista, autoritaria y ajena a la institucionalidad liberal-democrática)".

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