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Tres sencillas tareas para reducir el nivel de estrés en la oficina

La velocidad a la que se trabaja, el aumento de la productividad exigida para ser competitivos, junto con las propias dificultades que genera la convivencia provocan que el estrés se acumule en muchos centros de trabajo.

Para tratar de minimizar la tensión, Dorie Clark, profesora en la Universidad de Duke, recomienda una serie de tareas en un artículo en el Harvard Business Review, que permitan mejorar el ambiente de trabajo. "Hay que aplicar tres simples ejercicios para garantizar que no se está sometiendo a demasiado estrés a los compañeros ni se les está frustrando", defiende la experta.

1. Precisión

Hay que dejar de enviar mensajes vagos, que pueden provocar lectoras imprecisas. "Enviar un mensaje a un compañero a última hora diciéndolo que 'tenemos que hablar', sin más explicaciones, puede provocar un temor innecesario", explica Clark. Mucha gente envía mensajes imprecisos por las circunstancias (están de camino al aeropuerto, no tienen tiempo para elaborarlo más...), sin darse cuenta de lo que pueden provocar. Pero otros utilizan el uso de esos mensajes vagos para hacerse los interesantes y que el resto les pregunten, en un juego por el poder. "Sea como fuere, provoca un temor innecesario, y para ser mejor compañero, hay que dejar de hacerlo".

2. Responder los emails urgentes

Cada profesional recibe de media 122 emails al día, según algunos estudios, una cantidad que es imposible atender cada día. Sin embargo, hay correos que exigen una respuesta inmediata o urgente. Tardar en responder esos mensajes puede provocar retrasos y obstrucciones en el trabajo del resto de compañeros. "Hay que dedicar 15 minutos al día a responder esos mensajes más urgentes, lo que hace la vida de todo el mundo más fácil".

3. No agobiar a los compañeros

Tan malo es no contestar un email a tiempo como estar demasiado encima de los compañeros. Las personas demasiado perfeccionistas, o que sienten que tienen un exceso de responsabilidad sobre el proyecto, se sienten tentadas a vigilar cada movimiento de los compañeros. Una situación que provoca que se sientan perseguidos o desconfiados, y que puede hacer que trabajen peor. Hay que establecer rutinas para comprobar el rendimiento de los compañeros, pero sin ser demasiado agobiante, dándoles autonomía.

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