Elecciones Comunidad Valenciana

Espadas de gomaespuma en el debate electoral valenciano

  • Todos los candidatos perdonan al adversario en momentos clave
  • Toni Cantó se muestra a la altura en su desembarco autonómico
Bonig, Oltra, Puig, Dalmau y Cantó, durante el debate

La televisión pública À Punt emitió la noche de este jueves el llamado a ser el debate decisivo de las elecciones autonómicas valencianas, si bien el mismo defraudó por suave, por parecerse más al enfrentamiento amable de una contienda universitaria que al choque vibrante entre fuerzas que sí se ha visto esta legislatura en algunos debates en Les Corts. Los cinco candidatos tuvieron momentos para la ofensiva en los que solo atacaron con espadas de gomaespuma.

La cita protagonizada por Ximo Puig, aspirante a la presidencia de la Generalitat por el PSPV, Mónica Oltra (Compromís), Isabel Bonig (PPCV), Toni Cantó (Ciudadanos) y Rubén Martínez Dalmau (Unides Podem-EUPV) estuvo muy lejos del ritmo de los debates nacionales entre Sánchez, Casado, Rivera e Iglesias, incluso del primero de ellos, el de Televisión Española, considerado más blando que el posterior de Antena 3.

Pronto comenzaron los contendientes a desperdiciar sus ocasiones. El primer bloque, dedicado a la Economía, era propicio para que PP y Ciudadanos desplegaran su ataque en uno de los considerados puntos fuertes del centro derecha, pero el tándem Puig-Oltra lo superó sin daños reseñables. Cantó, que tal vez estuvo mejor que la media -al menos más vivo que Dalmau, quien como él es un recién llegado a la política autonómica frente a rivales con varias legislaturas a la espalda-, lo intentó disparando contra la Conselleria de Economía.

Afeó a PSPV y Compromís el "Intu go home" del director general de comercio Natxo Costa contra la inversión de más de 800 millones de euros en el macrocentro comercial Intu Mediterrani proyectado por la multinacional en la autonomía. Pero lo hizo con excesiva cordialidad, lejos de recuperar de cara a las elecciones del domingo la indignación que causó aquel episodio en el empresariado.

Cantó, para colmo, cometió en esa interpelación su error de la noche. Subrayó los impuestos que se podrían percibir de una inversión tan significativa, y destacó, dirigiéndose a Oltra, que él quiere que los empresarios paguen muchos impuestos en la Comunitat. "Pues aplíqueselo", le replicó la vicepresidenta en alusión a la noticia revelada este jueves por eldiario.es sobre el uso de una sociedad pantalla para el cobro de sus trabajos como actor pagando menos tributos. No obstante, tampoco estuvo muy hábil la candidata de Compromís, que no incidió después nada en la cuestión. Ni siquiera explicó a los espectadores a qué se refería con su comentario.

La sinotonía entre Puig y Oltra en defensa de la gestión del Botànic equilibraba las fuerzas frente a la oposición de Cantó y Bonig, con Dalmau entre dos aguas, un escenario bien distinto al acorralamiento a Sánchez de los debates nacionales. La candidata 'popular' en sus intervenciones, hizo hincapié en que hasta el Gobierno socialista de España le ha afeado a Puig el exceso de gasto, en que ha creado durante la legislatura "doce chiringuitos" con un gasto de más de 400 millones. Pero cometió un error estratégico: agotó todo su tiempo en sus primeras intervenciones permitiendo después a sus adversarios responder con total calma, hasta el punto que tuvo que colar sus conclusiones económicas ya en el bloque siguiente.

Y si el Govern escapó con vida del asunto de Intu Mediterrani, Bonig lo hizo de la T2 de Metrovalència, la línea fantasma del metro de la ciudad que ha llegado a albergar 'raves' y paseos subterráneos en canoa. Puig mencionó el tema en medio de unas cuantas infraestructuras en lugar de centrarse en la que claramente era su baza: la macroactuación abandonada en tiempos de la líder del PP como consellera de Infraestructuras que ahora ha sido retomada por la alianza de izquierdas.

Infrafinanciación

El clima de ataques sosegados se extendió incluso al bloque de la financiación autonómica, donde Ximo Puig debió sufrir mucho más tras el frenazo en la reivindicación con la llegada de Sánchez a la Moncloa. Cantó desvió el disparo en busca de un enfoque más cómodo para Ciudadanos, poco amigo de las reivindicaciones particulares de las autonomías hacia la meseta, y Dalmau, inexplicablemente, le siguió el hilo con una reflexión paralela sobre el régimen foral y el cupo vasco ante el que Puig, esquivo, se frotaba las manos. Bonig sí atacó, pero sufrió también el enredo de Cantó, que la acusó, no sin razón, de que el PP desaprovechó su mayoría absoluta para enmendar este asunto.

Oltra, en su turno, sí se distanció en este caso de los socialistas y situó a Compromís como la voz valenciana en Madrid que sí agita sin ataduras la bandera de la infrafinanciación valenciana. No obstante, lo hizo en el mismo tono que los últimos meses, sin el extra de agresividad que tal vez merecía un debate a tres días de las elecciones. La dirigente ha apostado hasta el final por exhibir una imagen de la estabilidad. Ni siquiera afeó a Puig en el debate el adelanto electoral, tan criticado por su partido.

Cuando se agotaron los asuntos económicos el combate continuó en la misma línea, sin sangre en los golpes, sin contendientes en la lona. En los bloques de educación y sanidad reinó también un excesivo tono cordial. Se llegó incluso a echar en falta algún truco efectista de los de Albert Ribera.

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