Economía

May, más cerca de perder el poder por la dimisión de dos de sus ministros

  • Johnson se marcha del Gobierno tras imponer la 'premier' una salida "suave"
Reuters
Londres

El aparente acuerdo alcanzado por el Gobierno británico para la salida de la UE ha precipitado al Partido Conservador a una guerra civil y al liderazgo de Theresa May a un desafío que es ya cuestión de tiempo. Transcurridas 48 horas de la cumbre del supuesto consenso en torno a una ruptura blanda, el ministro del Brexit sorprendía con una dimisión fundamentada en su incapacidad de defender la fórmula impuesta por la primera ministra de establecer un "reglamento común" con Bruselas y un "área de libre comercio" con la UE.

Su decisión constituía un revés para May, pero la verdadera bomba la detonaría Boris Johnson poco después: si David Davies se iba por una cuestión de principios, el hasta ayer titular de Exteriores aprovechaba la coyuntura para perseguir sus aspiraciones de mudarse al Número 10.

El problema para la premier, en consecuencia, es doble. Si su mayor preocupación tras el éxito inicial de la reunión del viernes en la residencia oficial de Chequers era persuadir al Parlamento y, obviamente, a Bruselas, ahora ve cómo la aquiescencia que había recabado en su gabinete era un espejismo. La marcha de Davies, cubierta por Dominic Raab, una de las promesas del partido y militante del euroescepticismo, evidencia un desencanto, pero la que duele es la de Johnson, puesto que parece apuntar a una estrategia concertada de renuncias para provocar la rendición de la propuesta sellada en Chequers.

El campo de batalla, por tanto, se duplica, pero May está dispuesta a luchar en todos los frentes. Ayer, durante su intervención en Westminster para informar del acuerdo, expresó su determinación de mantenerlo, incluso si su aprobación precisa del apoyo de la oposición. Para una mandataria que acababa de sufrir tres dimisiones en apenas 24 horas, su confianza era notable, una impresión que Downing Street se encargó de ratificar al confirmar que, en caso de enfrentarse a un voto de confianza forzado por el grupo parlamentario, May prevé plantar cara.

Puede romper a la derecha

Este mero reconocimiento evidencia el escenario anticipado en Reino Unido y cómo lo que había comenzado como un nuevo trance para el Brexit ha derivado en una crisis política con potencial para romper a la derecha británica y, en última instancia, con acelerar una salida caótica. La propia May reconocía ayer las preparaciones para un escenario sin acuerdo, un desenlace factible dados los poco más de ocho meses que restan hasta el Día del Brexit y el rechazo de la premier a ampliar el plazo del Artículo 50, que establece dos años para una salida que, si ninguna de las partes lo impide, tendrá lugar el 29 de marzo.

La UE, de momento, apuesta por la cautela. Ante la desbandada británica prefirió guardar silencio, solo el presidente del Consejo se atrevió a especular si la precipitación de los acontecimientos no sugeriría que la mejor solución para el Brexit es abortarlo. Si alguien ha advertido de que el tiempo se acaba son las autoridades comunitarias, por lo que la estampida al norte del Canal de la Mancha ha hecho poco por aplacar inquietudes.

No en vano, la tarea más urgente para May no es convencer de su plan para el divorcio, sino luchar por su supervivencia política. Con que 48 diputados -el 15%, de acuerdo con los estatutos- expresen oficialmente dudas sobre su liderazgo, el desafío a su continuidad sería una realidad. A partir de ahí, el grupo parlamentario tory tendría la responsabilidad de pronunciarse, un brete ante el que Downing Street cree que puede salir airosa.

Así, de los 316 conservadores con un asiento en Westminster, solo 129 había votado por abandonar la UE en el referéndum de 2016, lo que cuestiona la existencia de una mayoría a favor de un Brexit duro.

Por si fuera poco, no todos los integrantes del frente anti Bruselas comulgan con la visión de Boris Johnson, quien en su carta de renuncia dedicó palabras muy duras a la gestión de las negociaciones: el "sueño del Brexit está muriendo" como resultado de "dudas" que amenazan con dejar a Reino Unido como "una colonia".

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