
Ya sean escayolistas, electricistas o instaladores de calefacción, el tiempo de espera para contratar los servicios de los profesionales del gremio de la construcción aumentó de manera considerable el año pasado en Alemania. Una circunstancia que se vio agravada principalmente en las grandes ciudades y en sus alrededores donde, tras aprobarse el proyecto, el inicio de una obra puede retrasarse durante semanas, lo que no solo está afectando a la paciencia de los perjudicados, sino principalmente a su bolsillos ya que a la espera hay que sumar el encarecimiento de los servicios.
No obstante, esta tendencia está cerca de revertir. El llamado boom inmobiliario alemán está a punto de dar sus últimos coletazos y la construcción de nuevos apartamentos se ralentizará en los próximos años, según un informe del Instituto Alemán de Investigación Económica (DIW). Podría resultar inverosímil a cualquiera que pasee por una urbe germana y especialmente por Berlín, donde la burbuja ha desdibujado el perfil de la ciudad en un sinfín de grúas, andamios y proyectos urbanísticos. No en vano, la actividad en la construcción de viviendas nuevas ha aumentado drásticamente, en algunos casos registrando tasas de crecimiento anual de más del 10%, pero para el DIW está claro: "El auge en la construcción de nuevas viviendas ha llegado a su punto máximo".
Uno de los principales motivos es que escasea el suelo no urbanizado en los barrios más codiciados de las grandes ciudades o que la industria de la construcción está trabajando al límite de su capacidad. Además, la falta de mano de obra ha complicado aún más a un sector que se está viendo obligado a buscar personal más allá de las fronteras de la UE.
Hay más. El número de permisos para complejos de nuevos apartamentos se ha estancado desde el verano de 2016, lo que ha afectado a la construcción de viviendas unifamiliares. No obstante, la construcción de viviendas nuevas debería aumentar nuevamente este año. Los cálculos del DIW pronostican un crecimiento del 8% aunque para el próximo año, a más tardar, esta tasa debería reducirse hasta el 4% y si se tiene en cuenta -según el instituto- el aumento de los precios en los servicios de construcción o la inversión en construcción de vivienda nueva, la tasa debería rondar un escaso 1% en términos reales.
Las cifras arrojadas por el DIW son una mazazo para la economía alemana, donde la construcción es uno de sus principales motores. En esta línea, y según el instituto, alrededor de 278.000 apartamentos fueron construidos en 2016, unos 300.000 el año pasado y en 2018 la cifra podría subir hasta los 320.000. Con todo, los investigadores del DIW tienen la certeza de que este crecimiento perderá impulso.
Según el estudio, se espera que los precios de la construcción, que aumentaron un 3% en 2017, crezcan por encima de esta cifra durante los próximos dos años, aupados por el alto precio de la energía o las materias primas. Una condición que podría repercutir en la inversión prevista para la construcción de vivienda nueva en suelo alemán. Si para este año, se estima en poco menos del 5%, para 2019 la inversión podría quedar por debajo del 1. Una desaceleración que, según añade el instituto, dejará más espacio para renovar y modernizar los edificios existentes.
Después de un crecimiento cercano al 4,7% en 2017 en lo que se refiera a renovación y modernización de viviendas, el DIW espera un aumento del 6% durante este año y del 7,5 para 2019.
Con estos datos sobre la mesa, ¿qué pasara si no se construye suficiente vivienda como para satisfacer la creciente demanda? Y en un momento en el que se debate un nuevo acuerdo de Gobierno, ¿qué pasos al respecto debería dar el futuro Ejecutivo germano? La Asociación alemana de inquilinos ya ha dado la voz de alarma y propone mayores beneficios impositivos para los inversores inmobiliarios, combinados con un nuevo tope en el precio del alquiler.
Por su parte, Axel Gedaschko, presidente de la Asociación Federal de la Industria de la Vivienda, asegura que "la disminución en el número de permisos de construcción es una señal de advertencia y la tendencia a la baja en la construcción de viviendas sólo puede detenerse si se establecen incentivos fiscales rápidamente efectivos". No obstante, los investigadores de DIW desaconsejan los subsidios ya que, en una coyuntura como la actual, sólo llevaría a que las constructoras y los vendedores elevaran aún más sus precios y proponen políticas que incentiven nuevos espacios urbanizables o la búsqueda de inversores adicionales.