Economía

Bruselas afea la fortaleza de España por falta de productividad

  • Tiene que mejorar la competitividad y optimizar las políticas de empleo
El presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker. EFE

Como hace una década, España vuelve a despertar halagos entre sus vecinos del euro. Tras superar un rescate de algo más de 40.000 millones de euros para salvar sus bancos y quitarse el estigma de ser el principal problema de la región, nuestra economía crece como ninguna de las grandes (2,8% este año), supera con holgura la media de la zona euro (1,7%), crea empleo como pocos países y, por primera vez, va camino de cumplir con sus objetivos fiscales. Pero cuando la Comisión Europea presente hoy sus recomendaciones para los estados miembros, a España le continúan pesando las tareas pendientes: su economía necesita un motor más fiable para mantener este ritmo.

Los avisos llevan tiempo sonando, y todos apuntan en el mismo sentido: las reformas tienen que continuar para mejorar la productividad. "En general, conseguir una mayor productividad y asegurar un crecimiento equilibrado, duradero e inclusivo a largo plazo requerirá más reformas, y evitar cualquier marcha atrás en las pasadas", señalo la Comisión y el BCE en un comunicado el pasado mes tras la séptima revisión post-rescate.

Pocas horas después de que la Comisión presente hoy sus recomendaciones por país, los ministros de Finanzas del euro pasarán revista a esta séptima revisión a España. Pero el estado de nuestra banca está lejos de ser de los que preocupa en Europa, a pesar de espasmos puntuales como el de Banco Popular. Los bancos están prestando de nuevo a la economía real, cumplen "con comodidad" los requerimientos de capital y la reestructuración ha ido bien. Como en otros rincones de la Unión, los bancos registran aun un "elevado" número de créditos morosos en sus libros, y se ve afectados por la baja rentabilidad, lo que les obligará a "adaptar" sus modelos de negocio. Además, el comunicado del pasado abril añadió que el Sareb tiene que deshacerse con más rapidez de los activos inmobiliarios.

Pero los bancos españoles no representan un peligro tan inmediato como los italianos, ni tan sistémico como los alemanes (o al menos como Deutsche Bank).

En la senda

Tampoco el ajuste fiscal preocupa en Bruselas como lo hacía el pasado año. Si entonces el colegio de comisarios concluyó que nuestro país no había realizado los "esfuerzos suficientes" para cumplir con sus objetivos de déficit, ahora el Gobierno español va camino de sanear sus cuentas según la senda marcada, gracias a un crecimiento más intenso de lo esperado. Según indicaron las previsiones económicas de primavera, publicadas hace un par de semanas, nuestro país cerrará este año con un déficit del 3,2%, apenas una décima por encima de la meta fijada, y lo recortará el próximo año con holgura por debajo de la meta del 3% que fija el Pacto de Estabilidad.

Las exportaciones contribuyen como nunca antes al crecimiento, y lo seguirán haciendo durante los próximos dos años aunque pierdan algo de empuje. No obstante, como indicó el Ejecutivo comunitario en sus previsiones de primavera, "la demanda doméstica continúa como el principal motor de crecimiento", apoyada por una creación "robusta" de empleos.

Es al escarbar en esta creación de empleo cuando aparece un cuadro más lleno de sombras y desafíos para nuestro país. Porque, tal y como advirtió la Comisión en su análisis sobre España, y que ha servido de base para las recomendaciones de hoy, no sólo el desempleo continúa siendo de los más elevados de la UE (17,6%), sino que además los puestos que se crean son sobre todo temporales, una de las tasas más elevadas de la Unión.

Con tal telón de fondo, Bruselas no ocultó en febrero su preocupación por el "impacto negativo" de esta temporalidad no solo en la situación social sino también en el crecimiento de la productividad. El riesgo es tal que incluso la Comisión matizó el éxito de la reforma laboral por la que tanto había felicitado con anterioridad al Gobierno español: parece tener un efecto "suave" en reducir la segmentación entre puestos fijos y temporales, pero también ha creado "incentivos" para los contratos temporales.

Los problemas de nuestro país para ganar competitividad a través del capital humano y el "débil" comportamiento en innovación hacen que ésta dependa del abaratamiento de costes laborales, lo que tiene un efecto nocivo en amplias capas sociales y en la desigualdad. Y todo ello mientras el elevado endeudamiento, tanto público (98.5% el próximo año) como privado dejan poco margen para actuar.

Por ello, Bruselas incidirá hoy en las políticas activas de empleo y las ayudas sociales bien dirigidas a los más vulnerables para paliar los peores efectos de esta desigualdad. Insistirá en mejorar la conexión entre lo que se estudia en las aulas y lo que el mercado laboral necesita. Y seguirá empujando para que se termine de aplicar la ley de unidad de mercado para mejorar el clima para la creación de negocios.

Progreso "limitado" en las recomendaciones

Las recomendaciones que emite hoy la Comisión Europea forman parte del ejercicio para coordinar las economías de la Unión Europea (semestre europeo), que arrancó hace ya un lustro con el objetivo de minimizar los riesgos y aparición de una nueva crisis económica. Lo que en un principio llegó como una larga lista de deberes pendientes, que los Estados miembros ignoraban prácticamente en su totalidad, se ha ido puliendo hasta dejar apenas unos pocos objetivos marcados, pero con un seguimiento más continuado por parte de Bruselas.

No obstante, al echar la vista atrás, nuestro país no sale muy bien parado en el progreso realizado. De las cuatro recomendaciones emitidas por el organismo el pasado ejercicio, España solo consiguió "algún progreso" en relación a las políticas activas de empleo y medidas sociales, al mejorar entre otros puntos el apoyo individualizado a los parados. No obstante, la coordinación entre los servicios regionales de empleo continuó siendo una tarea pendiente.

El progreso fue "limitado" en el control del gasto en el nivel regional, en la mejora de las licitaciones públicas, en el aprovechamiento del gasto en innovación o el aumento de la relevancia de la educación superior, y en las batallas pendientes de la reforma de la unidad de mercado y de los servicios profesionales.

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