Economía

El Brexit total no existe: es sólo una utopía, imposible de realizar

  • Reino Unido no podrá desvincularse de la UE aunque la abandone
Un cartel de los partidarios del Brexit se pregunta ¿quién manda en Reino Unido?

Los partidos políticos que defienden que Reino Unido debe salir de la Unión Europea como solución a casi todos los males no están contando toda la verdad a los votantes: abandonar el bloque no restaurará la soberanía perdida, y podría además generar más problemas que soluciones.

"Tanto los defensores de quedarse como los que proponen irse están haciendo afirmaciones muy exageradas acerca de lo que supondrá retirarse de la UE", explica Eunice Goes, de la Richmond American International University.

Si bien es cierto que el país recuperará capacidad de decisión sobre cuestiones que ahora están en manos de Bruselas, como la agricultura, o la pesca. Pero si Reino Unido quiere seguir comerciando con la UE tendrá que cumplir numerosas reglas, le guste o no.

Es algo que ya le ocurre a los países del Espacio Económico Europeo (EEE) como Noruega e Islandia, y es que si se quiere vender dentro de las fronteras de la Unión, pero sin pagar aranceles, hay que cumplir toda su normativa, desde el etiquetado hasta las reglas de producción y consumo.

En realidad sí habría una alternativa: puentear a Bruselas y acudir directamente a las reglas de la Organización Mundial de Comercio, que vinculan a la UE hacia afuera ¿Buena idea?

Aranceles: el precio de la libertad

No tanto: ese régimen implicaría reconocer que Reino Unido está fuera de la zona de libre comercio europea, y tendría que pagar los aranceles externos, que en ocasiones pueden ser muy altos. La posición de Londres sería en ese caso igual, en términos geopolíticos, a la de Moscú.

Claro que para mejorar ese régimen están los tratados bilaterales que la UE firma con los estados que no son parte del EEE. En este caso, el problema es claro, y es que no existe como es obvio ninguno de esos tratados, y tendrían que ser negociados desde cero. Se trata de un proceso lento y costoso, en el que el bloque económico más pequeño suele terminar haciendo más concesiones que el grande.

Hay en cambio escenarios intermedios, aunque ninguno de ellos casa plenamente con la prometida "independencia" de Reino Unido. Jean Claude Piris, del Centro para la Reforma Europea, dibuja hasta seis escenarios distintos.

Y en todos ellos Bruselas seguiría teniendo un poder variable para obligar al Parlamento británico a pasar por el aro. Pongamos por ejemplo que Reino Unido quiere adoptar el modelo suizo: independencia pero con acuerdos sectoriales, pero en cambio seguiría estando obligado a incoporar a su derecho interno reglas como las de seguridad social.

Se trata de una opción que seguramente no satisfaría a muchos, si se tiene en cuenta lo que ha ocurrido con Suiza recientemente. Justo después de que el país aprobase en referéndum limitar la inmigración de nacionales de países miembros de la UE, el bloque respondió sacando al país del programa Erasmus (lo que implica sacar a sus estudiantes del sistema de intercambio, pero también privar a Suiza de los fondos que recibía a cambio de aceptar a los estudiantes foráneos), y ahora obliga al país alpino a actualizar sus normas de forma constante para que estén armonizadas con las de Bruselas.

Como concluye Goes, los defensores del Brexit harían bien en explicar, con todas las sutilezas, las consecuencias de decirle que no a Bruselas. Puede que estar dentro de un bloque burocrático y a veces errático tenga sus inconvenientes. Pero fuera hace mucho frío.

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