Economía

Un gráfico que asusta: el IPC de EEUU va camino de situarse entre el 4% y el 5% para las elecciones de noviembre

  • Las últimas lecturas del 0,4% intermensual hacen empeorar las previsiones
  • La partida de vivienda sigue impidiendo una relajación en la lectura de IPC
  • El mercado ya no compra una bajada completa de la Fed hasta noviembre
Foto: iStock

La inflación está volviendo a dejar titulares negativos en EEUU, con unos datos que dan pie a unos proyecciones directamente terroríficas. La senda de desinflación fue prácticamente impecable en 2023: el índice de precios al consumo (IPC) retrocedió desde el pico del 8,9% interanual en junio de 2022 al entorno del 3% y sin daño para la economía pese a las agresivas subidas de tipos de interés de la Reserva Federal. Pero en el comienzo de 2023 algo se ha 'roto'. El IPC no solo permanece estancado en ese 3%, sino que en marzo escaló al 3,5%, alejándose aún más del objetivo del 2%. Las lecturas intermensuales del 0,4% registradas últimamente empiezan a generar preocupación y el último golpe ha llegado con una previsión en forma de gráfico.

Conscientes de que una imagen (o un gráfico) dice a veces más que mil palabras, los analistas de estrategia inversora de Bank of America (BofA) trazaron en su último boletín semanal, publicado a finales de la pasada, la misma en la que se conoció el IPC de marzo, uno en el que se puede apreciar la trayectoria que seguirá el IPC en los próximos meses si las lecturas intermensuales siguen siendo tan elevadas.

Si las lecturas intermensuales de IPC siguen en el entorno del 0,3% (la media de los últimos seis meses), el IPC se dispararía hasta el 3,9% a las puertes de noviembre, un mes clave al celebrarse las elecciones presidenciales de EEUU el martes 5. Si estas lecturas intermensuales se sitúan en el 0,4% (la media de los últimos tres meses), el IPC llegaría a noviembre reflejando un catastrófico 4,8% interanual, acercándose a niveles que no se ven desde la primavera de 2023.

Aunque estas cifras puedan parecer alocadas ahora mismo, no se alejan de algunas advertencias hechas por los analistas la semana pasada tras el dato de IPC. Edoardo Campanella, de UniCredit Research, alertaba de que 0,4% intermensual arrojaba una tasa anualizada cercana al 5%. Además, subrayaba, la tasa anualizada a tres meses y la tasa anualizada a seis meses del IPC subyacente se situaban en el 4,5% y el 3,9%, respectivamente. "Ambas medidas han seguido una senda ascendente desde diciembre de 2023", concluía el experto.

"La inflación en EEUU se situó en el 0,4% intermensual por tercer mes consecutivo, más del doble de la tasa que necesitamos alcanzar para reducir la inflación al 2% interanual", escribían los estrategas de ING tras conocer el dato de la Oficina de Estadísticas Laborales (BLS). "Los detalles muestran que el aumento del 0,4% intermensual del IPC subyacente fue del 0,359% con tres decimales, por lo que no estábamos muy lejos del 0,3%, pero sigue siendo demasiado para la Fed. Lo ideal sería alcanzar el 0,17% intermensual cada mes para situarnos en el 2% interanual con el paso del tiempo, por lo que seguimos funcionando al doble del ritmo necesario", añadían.

Aunque la Fed se suele fijar en la variante subyacente (ni energía ni alimentos) del deflactor del consumo personal (PCE) para calibrar el avance de la inflación, que suele arrojar lecturas más benignas por su distinta composición, un IPC aupado a estas alturas provocaría una situación prácticamente inconcebible. De confirmarse poco a poco esta escalada, el debate ya no será si la Fed no llega a bajar los tipos este año, sino si los tiene que volver a subir de nuevo. Algunas destacadas voces, como la del ex secretario del Tesoro Larry Summers han hablado de la posibilidad de nuevas subidas de tipos ante una economía que sigue fuerte y un inflación que vuelve a dejar números alarmantes.

La esperanza de la mayoría de los analistas pasa por que las lecturas intermensuales se vayan relajando a medida que la partida del índice relativa a la vivienda se calme. Existe cierto consenso en que es el IPC de vivienda el que está inflando las lecturas de IPC. Esta métrica aglutina la evolución del precio de los alquileres que son primera residencia y una controvertida figura que es el alquiler equivalente de los propietarios, una forma de incluir en el IPC lo que destinan a vivienda quienes ya poseen una. Si por un lado, los alquileres reales todavía no reflejan la debilidad que emana de otros indicadores independientes de empresas, el polémico alquiler equivalente ha vuelto a generar ruido recientemente al haber sufrido cambios de metodología.

"La inflación de vivienda no está bajando lo suficiente. La mayoría de los economistas habían pronosticado un retroceso de la misma, ya que los indicadores adelantados tradicionales apuntaban a la baja. Sin embargo, la inflación de la vivienda se ha estancado en el 5% interanual, impidiendo que el IPC subyacente descienda. Un aspecto positivo es que la vivienda tiene un peso menor en la cesta del PCE, que es el objetivo oficial de la Reserva Federal. Aún así, la resistencia de los precios de la vivienda sigue siendo un motivo de preocupación, sobre todo porque no está claro por qué siguen siendo tan elevados", señalaban tras el informe de IPC los economistas de BCA Research en una nota para clientes.

Otra preocupación latente que arrojó el informe de IPC de marzo la protagoniza una inflación de servicios core excluyendo la vivienda que está aumentando rápidamente. La tasa de variación anual de esta medida subió al 5% en marzo, mientras que la variación anualizada a tres meses se sitúa cerca del 7,8%, su nivel más alto desde junio de 2022. Aunque la mayor parte de este aumento se asocia a los servicios de transporte (en marzo se debió en gran medida a los seguros de automóvil y los servicios de atención médica), los funcionarios de la Reserva Federal han vinculado a menudo esta medida al crecimiento de los salarios y a la inflación subyacente.

"Los aumentos de los alquileres siguieron siendo obstinadamente elevados en marzo y la presión sobre los precios aumentó aún más en el caso de otros servicios, que probablemente reflejen la importante subida de los salarios en particular. (...) A la vista de estas cifras, la Reserva Federal ya no tendrá tanta confianza en que la inflación avance "sosteniblemente" hacia el objetivo del 2%. El presidente de la Fed, Jerome Powell, había citado esto como un requisito previo para un recorte de tipos", apuntaban desde Commerzbank Christoph Balz y Bernd Weidensteiner.

En el camino, también aparecen nuevos retos. En marzo, la gasolina ya tuvo un importante protagonismo en la subida del IPC y la Administración Biden sigue temiendo que la convulsa geopolítica afecte a los bolsillos de los americanos que van a repostar su vehículo. El precio del petróleo ha aguantado con cierto estoicismo con la guerra en Gaza, pero la escalada de los últimos días con Israel e Irán en enfrentamiento directo abre una puerta peligrosa. Ya los ataques de Ucrania a las refinerías rusas y su posible impacto para los precios que pagan los conductores en todo el mundo puso en guardia a Washington. Una gasolina cara en la antesala de la campaña presidencial sería catastrófica para las aspiraciones de reelección de Biden. Su efecto en el IPC, aunque lógico, sería otro 'puñetazo' para los demócratas.

Por ahora, la preocupante tendencia ha trastocado el calendario de la Reserva Federal. La tan telegrafiada primera bajada de tipos en junio se ha esfumado en las apuestas del mercado y, tras pasar por julio y septiembre, ahora los operadores no contemplan una bajada completa (25 puntos básicos) en los swaps hasta noviembre. Sería en la reunión que el banco central celebrará el 6 y 7 de ese mes, con el recuento electoral caliente. Un escenario más que peligroso ante las acusaciones hacia la Fed de seguir intereses políticos. El próximo hito llegará el próximo viernes 26 de abril con el PCE de marzo, que puede arrojar algo de calma si muestra cierta relajación.

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