Economía

El secreto de aterrizaje suave de EEUU: las empresas aumentaron la producción a toda costa 

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El actual presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, puede pasar a la historia como uno de los pocos banqueros centrales que ha logrado cuadrar el círculo: subir los tipos de interés, controlar la inflación sin crear un estropicio económico. Pero la victoria, en este caso, no solo tiene un responsable. La economía estadounidense sorprendió, a propios y extraños, con un comportamiento extraordinario ante el mayor ciclo alcista de tipos en cuarenta años. No hubo recesión, ni se la espera, tampoco destrucción de empleo y la inflación está retrocediendo más rápido de lo que se espera. Gran parte del secreto la tienen las empresas estadounidenses que respondieron al desafiante entorno con un aumento de la producción que ayudó a la Fed a contener la inflación sin golpes traumáticos.

"Este ciclo es diferente", explica Jan Hatzius , economista jefe de Goldman Sachs. Para el experto la situación responde a la recuperación después de un desastre natural. "Eso ha hecho que sea mucho más fácil, con la recuperación de la oferta, mantener el crecimiento de la producción y al mismo tiempo reducir la inflación", explica. De 2020 a 2022, las empresas no pudieron satisfacer la demanda por la pandemia. La inflación respondió la falta de suministros, mano de obra y a un estímulo inédito de la Administración.

Desde productores de crudo, constructoras o fabricantes de chips aprovecharon el momento esforzándose para aumentar la producción, en un entorno de precios altos y consumo reprimido a la fuerza. Muchas compañías recaudaron capital, reorganizaron la producción y aumentaron la capacidad como pudieron.

El mayor ejemplo fue el comportamiento del sector de procesadores. La crisis de chips fue una crisis de falta de suministro que terminó elevando los costes de fabricación de muchos productos, principalmente los automóviles. La capacidad de la industria de chips para aumentar la producción ayudó a impulsar la oferta y limitar los precios de los productos que los utilizan.

Elegir entre susto o muerte

Al comienzo de la pandemia, las empresas automovilísticas, previendo una sequía prolongada de ventas, cancelaron sus pedidos de chips. Los proveedores reasignaron esa capacidad a otros productos, como computadoras personales, que gozaron de una gran demanda en una nueva era de trabajo y educación remotos. Cuando las empresas automotrices finalmente hicieron nuevos pedidos, se enfrentaron a largas esperas. Con menos autos a la venta, los precios se dispararon junto con las ganancias.

Ante una demanda tan fuerte, los fabricantes de chips tuvieron que decidir si aumentaban la capacidad ante el riesgo de un colapso de la demanda por los altos precios. La mayoría decidió que "la pérdida de ganancias potenciales por no tener la capacidad disponible es mayor que el inconveniente si se hace mal", explica Stacy Rasgon, analista de semiconductores de Bernstein.

"Una forma rápida fue ampliar la producción en una planta de fabricación en Camas, Washington, de cinco a siete días por semana, pensamos que sería bastante difícil, pero los empleados acogieron con agrado la opción de trabajar jornadas de 12 horas tres o cuatro días a la semana, en lugar de la habitual semana laboral de cinco días", explica Vivek Jain, jefe de operaciones de Analog Devices, a The Wall Street Journal. La compañía fabrica 75.000 tipos de chips para el sector del automóvil y la industria. La compañía invirtió en bienes de equipo para cuatro plantas más para aumentar la producción.

La apuesta del sector tuvo mérito en mitad de la falta mano de obra del país. El sector petrolero también fue otro de los que decidieron aumentar la producción, aunque no se encontraban a la escasez de mano de obra. Su problema era otro. Una crisis energética al otro lado del Atlántico. Buen momento para recortar gastos, aumentar dividendos y recomprar acciones. Pero el sector decidió aumentar la producción para ganar cuota de mercado. El mercado del petróleo es global, por lo que los consumidores estadounidenses se benefician de una contención de los precios internacionales.

Empresas al rescate

La producción de petróleo crudo de Estados Unidos alcanzó un récord mensual en septiembre. Durante los primeros 10 meses de 2023, promedió 12,9 millones de barriles por día. Eso fue aproximadamente medio millón más de lo que la Administración de Información Energética había proyectado para 2023, allá por enero de 2022. El movimiento de los productores fue profético para lo que ha venido después con una OPEP dispuesta a elevar los precios a toda costa.

El sector inmobiliario fue otro de los sectores que pudieron caer en la especulación. Cuando terminaron los confinamientos, muchos jóvenes escaparon de espacios reducidos, como la casa de sus padres, lo que hizo subir los alquileres y los precios de las viviendas. Los economistas y expertos de la industria advirtieron que la oferta de viviendas nuevas llevaba años de retraso.

La economía no está fuera de peligro. La inflación, aunque es mucho más baja que hace un año, sigue siendo más alta que en 2019, y los salarios siguen creciendo más rápido de lo que es compatible con el objetivo de inflación del 2% de la Reserva Federal, pero EEUU cada vez está más cerca de conseguir un aterrizaje suave.

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