Economía

La neutralidad en carbono costará 2 billones al año hasta 2030

  • Los impuestos especiales al carbono servirían para compensar el gasto público
  • En los próximos siete años hay presupuestados 400.000 millones de dólares anuales

Llegar a las cero emisiones de aquí a 2050 requiere de más financiación. Según las estimaciones del Fondo Monetario Internacional (FMI), la inversión anual que se necesita de aquí a 2030 es de 2 billones de dólares, una cifra que está muy lejos de los 400.000 millones anuales que están presupuestados hasta el momento para los próximos siete años.

En una nota emitida a comienzos de octubre, el organismo internacional dice claramente que es necesario "realizar importantes inversiones en proyectos de mitigación del cambio climático en las economías de mercados emergentes y en desarrollo". Actualmente, estos países son los que emiten en torno a dos tercios de los gases de efecto invernadero.

De esos 2 billones que proyectan en sus cuentas, a través de los datos de la Agencia Internacional de Energía (AIE), la gran mayoría deben canalizarse hacia el sector energético. "Esto supone quintuplicar en los próximos siete años los 400.000 millones de dólares en inversiones climáticas que están actualmente proyectados", aseguran.

Pero claro, en sus cálculos prevén un crecimiento "limitado" de la inversión pública y, por tanto, apelan al sector privado. En concreto, reiteran que debe ser el encargado de financiar el 80% de las inversiones necesarias, una proporción que asciende al 90% si se excluye a China de la ecuación. Estos porcentajes los sacan de un capítulo del último informe sobre la estabilidad financiera mundial (Informe GSFR).

En su argumento aseveran que los estados emergentes y en desarrollo no van a poder cubrir sus inversiones "a menos que eleven sus ya altos niveles de deuda una media entre el 45% al 50%". El director adjunto del departamento de asuntos presupuestarios del FMI, Ruud Mooij, aseguró en una rueda de prensa que este incremento de la deuda "no es financieramente sostenible". Aún así, el directivo se mantuvo optimista ante el camino a seguir hacia las cero emisiones: "El 90% de las tecnologías necesarias para reducir las emisiones de aquí a 2030 ya existen".

Actualmente el sector privado representa solo el 40% de las inversiones y por eso el informe destaca que deberían doblarlas para sumarse a la carrera en la lucha contra el cambio climático.

Atraer inversión

Aunque China o India y otras grandes potencias emergentes cuentan con recursos financieros más que suficientes para poder hacer frente a ese incremento presupuestario para combatir el cambio climático, otras naciones no pueden contar con los mercados financieros suficientemente fuertes que sean capaces de proporcionar grandes cantidades de financiamiento privado. Al mismo tiempo, les resulta muy difícil atraer inversión extranjera ya que su calificación crediticia de grado de inversión no aporta confianza a la hora de que el capital privado apueste por sus economías. Pocos inversores pueden asumir un riesgo tan elevado.

El foco está puesto, sobre todo, en las centrales eléctricas de carbón ya que son la principal fuente de emisiones de gases de efecto invernadero (en torno al 20%). El cierre progresivo de estos centros es el principal reto en las economías emergentes ya que son centrales relativamente nuevas y cerrarlas o reconvertirlas hacia fuentes de energía renovables requiere "grandes cantidades de dinero procedente de la inversión privada y ayudas públicas", reiteran desde el FMI.

A esto hay que añadir que, aunque la mayoría de los fondos de inversión dan prioridad a la sostenibilidad, esto todavía no está teniendo demasiado efecto sobre la cantidad de dinero que proporcionan para satisfacer las grandes necesidades climáticas. "Sólo una proporción reducida de estos fondos tiene como objetivo explícito generar un impacto positivo en el clima", denuncian desde el FMI.

La solución para esto, según los planteamientos de la entidad, es que se creen políticas que creen entornos que atraigan inversión y movilizar el financiamiento climático privado que sea necesario para que las economías emergentes y en desarrollo puedan alcanzar los objetivos de descarbonización y así poder cumplir el objetivo mundial de las cero emisiones de aquí a 2050, que a día de hoy no parece que se vaya a conseguir.

Por otro lado, la solución que los economistas ven más viable a la hora de combatir el cambio climático es la de poner impuestos al carbono. Pagar por contaminar genera una serie de incentivos que hace que las empresas abran más las miras a la hora de invertir en tecnologías limpias, ya que les sale mucho más rentable. La fórmula de los expertos es la siguiente: si las empresas tienen que pagar por su derecho a contaminar, intentarán ahorrarse dicha tasa y eso provocará que inviertan todo lo posible en tecnologías que les ayuden a librarse de la carga impositiva.

La referencia más cercana que hay de esto es el impuesto que puso en marcha la Unión Europea en el año 2005. Al mismo tiempo, economías emergentes como China también están encaminadas hacia los impuestos para los que contaminen. En el caso de Estados Unidos, todavía están en la senda del gasto público: 400.000 millones de dólares y priorizando el proteccionismo hacia sus productos made in USA. Una medida muy polémica que incluso desató la inquietud de la Comisión Europea que aseguró que eso restaría competitividad al Viejo Continente en materia industrial.

Ante casos como este, el FMI advierte de la necesidad de crear este tipo de incentivos impositivos como "instrumento central" para descarbonizar la economía. Además reitera que, si se sigue atrasando la creación de esta tasa, repercutirá en la deuda pública "entre 8 décimas y 10 puntos sobre el Producto Interior Bruto", calculan en el informe anual que han emitido.

La Unión Europea estableció como complemento a este enfoque de la tasa al carbono un paquete de inversiones llamado Green Deal en el que establecen incentivos y flexibilización de las normas sobre las ayudas de los diferentes estados miembros.

El FMI es muy claro sobre este tipo de tasas y reiteran que tiene "un gran poder de recaudación en el medio plazo". De esta manera se puede compensar la parte del gasto público que se emplea para luchar contra el cambio climático. Además alertan de que la descarbonización de la economía va a necesitar la creación de nuevos impuestos, ya que si cada vez se reduce más la dependencia del petróleo y sus derivados, se acabará también con la recaudación a través de impuestos especiales de este tipo de componentes.

Pero claro, la creación de este nuevo impuesto al carbono genera diferentes aristas que hay que resolver. La más importante es si la tasa acaba trasladándose al precio final del producto y es el consumidor el que tiene que asumir parte del coste. Al mismo tiempo, hablan de una "frontera tecnológica" a la hora de establecer una transición económica hacia un sistema de producción basado en las cero emisiones.

El riesgo de un aumento de los precios es real. De hecho, en Europa se ha visto, y sentido, cómo en los últimos años se han incrementado muchísimo los precios. Por tanto, desde el FMI también advierten de que hay que ser muy meticulosos a la hora de elaborar impuestos por contaminar, porque un precio muy alto por contaminar no es política ni económicamente viable. Bien es cierto que muchas empresas supieron adaptarse muy bien a esta nueva realidad de precios más elevados a través de la reducción del consumo y la eficiencia energética, pero otras tuvieron que reducir la producción por el incremento de los precios del gas y de las emisiones de dióxido de carbono (CO2).

Todo esto combinado con subsidios públicos para incentivar la inversión es la fórmula que el Fondo Monetario Internacional interpreta como "la mejor" para conseguir superar el reto de llegar a tener una economía totalmente descarbonizada de aquí a los próximos veinte años.

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