Economía

¿Qué esperar de las elecciones turcas?

Mezquita de Santa Sofía en Estambul

Actualmente, un total de 73 empresas españolas operan en Turquía. Esto supone, no solo una presencia muy importante, sino muy diversificada. Algunas de ellas son BBVA, cuya exposición en el país otomano es mayor desde que se hizo con el 95,87% de Garanti, uno de sus bancos de referencia; Inditex y Mango en el sector de la confección, Mapfre en seguros, Grupo Antolín, Gestamp y Ficosa en el campo de los componentes para automoción, y Airbus Defence and Space.

Por tanto, nuestras empresas están presentes en todos los sectores estratégicos de Turquía y ello, ante el actual clima de inseguridad ante el futuro, preocupa. Es seguro que estas empresas están ya preparando planes de contingencia para los diferentes escenarios que se puedan presentar después de la segunda ronda del 28 de mayo.

Una consecuencia de esta inseguridad es la depreciación de la lira turca y una desaceleración de la economía del país en los últimos seis meses. Sin embargo, Turquía, que ya en la primera guerra mundial era considerado el enfermo crónico de Europa, está remontando.

A nivel interno, este país oscila entre el laicismo de kemal Atatürk y el islamismo creciente, que tiene como síntoma el haber convertido Santa Sofía de nuevo en mezquita. Erdogan está jugando la baza, bastante populista, de querer recuperar los días gloriosos del imperio otomano y todo juega a su favor, porque tiene una posición geográfica que le hace imprescindible (Turquía y España son dos países cuya situación estratégica les asegura el apoyo exterior ante cualquier desestabilización).

Se trata de una potencia militar rodeada de estados fallidos, desde Siria hasta el inexistente Kurdistán y, por tanto, supone un factor de estabilidad en una zona que está convulsa.

Para EEUU se trata un aliado imprescindible, pues necesita desesperadamente tener bases allí para poder dar cobertura a Ucrania; eso es una garantía de que, cuando menos, la comunidad occidental se va a poner de perfil a la hora de criticar a Erdogan y sus decisiones consideradas a veces "poco ortodoxas", y más cuando está jugando una política exterior sin precedentes en las últimas décadas que es muy bien acogida por los países occidentales.

Turquía es socio de la OTAN y a la vez amigo y rival de Rusia, situación curiosa; además tiene un conflicto silencioso con Grecia desde que invadió Chipre en 1974. Y sorprendentemente es uno de los países con mejor relación con los judíos. De hecho, históricamente la comunidad judía tuvo una gran importancia en el imperio otomano. Todo ello juega a su favor.

En lo único que la oposición turca estaba realmente de acuerdo en estas elecciones era en echar a Erdogan, y el hecho de que no haya ganado en la primera ronda le hará perder impulso. Creo que Erdogan va a ganar en la segunda ronda y eso sería, desde el punto de vista pragmático y de interés de estado, y más allá de "su respeto por los derechos humanos del pueblo kurdo" o su postura diletante en política exterior, mucho más seguro para la comunidad occidental.

Es mejor que permanezcan las cosas como están que encontrarnos ante un gobierno que no sabemos qué dirección tomará. En un país con un conglomerado de ideologías contrapuestas y altos niveles de corrupción política, el hecho de que se metan más en el reparto a lo único que contribuye es a la desestabilización. Y las empresas españolas no verían con malos ojos que las cosas continúen como están.

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