Economía

El empleo no llega al PIB: las horas trabajadas siguen por debajo de 2019

  • Las horas por trabajador caen un 4,4% respecto a hace cuatro años
  • Es el único indicador del empleo que sigue sin superar los niveles prepandemia
  • El récord de ocupación no resuelve las debilidades del mercado laboral

Los datos de empleo del primer trimestre arrojan un saldo mixto: mientras el paro registró el mayor incremento desde 2020, la ocupación anotó el dato 'menos malo' en 16 años, con un descenso de la ocupación de solo 11.100 personas. Para el Gobierno, lo último confirma "el cambio estructural y el dinamismo" del mercado laboral en España. Pero esto no se traslada con la misma intensidad a las magnitudes de la contabilidad nacional, que recogen la paradoja de que las horas trabajadas aún siguen por debajo de los niveles de 2019.

Pese a la compleja coyuntura económica y financiera internacional, marcada por la guerra de Ucrania, la inflación y las subidas de tipos para contenerla, el 'rebote' en la recuperación del empleo tras la pandemia no parece haberse frenado en el arranque del año. Los datos de afiliación a la Seguridad Social de abril apuntan en esta línea, aunque no sabremos cómo se trasladarán a los estudios del Instituto Nacional de Estadísticas hasta dentro de varios meses.

En este escenario, las horas de trabajo se han convertido en una de las variables más analizadas para entender la recuperación de la economía española tras la pandemia. Para no pocos analistas suponen la clave que explica por qué, pese a que hace ya un año que la ocupación no solo recuperó, sino que superó los niveles previos a la crisis sanitaria, el PIB se ha mostrado mucho más rezagado.

Para ello se utilizan los datos de contabilidad nacional en lugar de los de la Encuesta de Población Activa. Estos últimos miden el número efectivo de horas trabajadas en la semana de referencia (es decir, cuando se realizó el estudio). En el primer trimestre arrojan un dato de 660,6 millones de horas semanales, el más elevado desde el cuarto trimestre de 2008.

Pero esta comparativa no es tan concluyente si tenemos en cuenta que en el segundo trimestre del pasado año ya se alcanzaron los 658 millones de horas semanales, lo que apunta a que el calendario de las campañas turísticas de Semana Santa y verano supone un peso muy a tener en cuenta en esta evolución.

Por el contrario, los datos que acompañan a los del PIB son trimestrales y ajustados de estacionalidad y calendario. Revelan un total de 8.477 millones de horas trabajadas entre enero y marzo, un 1,4% más que hace un año. Pero siguen un 0,9% por debajo de las registradas en el mismo periodo de 2019 y un 0,5% por debajo del nivel al que cerraron el cuarto trimestre de ese mismo año. Es decir, aún por debajo de los niveles prepandemia, que a su vez seguían rezagados respecto a la crisis financiera.

Pero lo llamativo de esta evolución no es solo la diferencia negativa en el número de horas, sino que se produce mientras el resto de las variables utilizadas para medir el empleo en términos de contabilidad nacional sí registraron un incrementaron sustancial desde los niveles de 2019. Así, las personas trabajadoras aumentan un 3,6% respecto al primer trimestre de 2019, y los puestos de trabajo un 1,6%.

De hecho, este último dato batió por primera vez el pasado trimestre los niveles previos a la pandemia, lo que supone un síntoma claro de que, efectivamente, el dinamismo del empleo se ha acentuado en el arranque del año. Por su parte, los puestos equivalentes a tiempo completo han aumentado un 4,94% respecto a 2019 y anotan el mejor dato desde el tercer trimestre de 2008, cuando estalló la crisis financiera en Estados Unidos.

Si embargo, el desequilibrio entre la buena marcha de estos dos indicadores y el relativamente débil comportamiento de las horas trabajadas tiene una consecuencia clara: una menor intensidad del empleo, es decir, de número de horas trabajadas por persona. Esta ratio acumula tres trimestres consecutivos de descenso y se sitúa ya en el nivel más bajo desde el primer trimestre de 2021. De hecho, sigue un 4,4% por debajo de la cifra registrada en el primer trimestre de 2019.

Pero la intensidad ya venía reduciéndose ininterrumpidamente desde 1995. De hecho, el nivel de 2019 estaba por debajo de los previos a la crisis financiera. Aunque la pandemia provocó un 'shock' en esta evolución tras el desplome en el primer trimestre de 2020, los datos de los últimos trimestres apuntan a un regreso a la senda histórica de descensos.

Brecha de productividad

Estos datos alimentan una pregunta muy simple: ¿es suficiente la capacidad del empleo en España de impulsar el crecimiento económico? La variable en la que se suele centrar el análisis es la productividad, que ha registrado un incremento sostenido en los últimos trimestres. Aunque este indicador tiene truco: mejora cuando la intensidad empeora. Así lo confirma una comparativa de la evolución histórica de la productividad por hora y de la intensidad laboral.

Pero en el arranque de la de la pandemia se produce un comportamiento extraño de la serie. La intensidad se desploma en el primer trimestre de 2020 (para recuperarse en el año siguiente) mientras se dispara  la productividad por hora.

Sin embargo, la evolución de la productividad los puestos equivalentes a tiempo completo, históricamente menos volátil, se disocia y también cae. Algo que no había ocurrido nunca.

Para el Gobierno, esta discrepancia entre la evolución del empleo y la actividad económica no es mala noticia. El secretario de Estado de Empleo, Joaquín Pérez Rey, tras recordar que el PIB "es una variable objeto a revisión", achaca el "cierto desacople" a la transformación del mercado de trabajo tras la pandemia. 

Es decir, la brecha entre ambos tipos de productividad se explica por los ERTEs lanzados 'hibernar' millones de puestos de trabajo en lugar de optar por los despidos, como ocurrió en crisis anteriores. El diagnóstico del número dos de Díaz es que esto se ha prolongado gracias a los "cambios culturales" introducidos por la reforma laboral lo que explica que la relación entre empleo y PIB siga sin ser "tan espasmódica" como en el pasado.

Sin embargo, lo que muestran los últimos datos, es que tras el 'shock' de la pandemia en el empleo (y el fin de la barra libre de ERTEs), la evolución de ambas métricas de productividad y la intensidad laboral han vuelto a comportarse como antes de la pandemia: la productividad mejora mientras el reparto de horas por trabajador se 'desinfla'. 

Lo que apunta a que muchas de las grandes distorsiones del mercado laboral y productivo español siguen ahí. Solo así se explica que la capacidad del empleo de impulsar efectivamente al PIB siga siendo tan relativamente reducida, incluso en un entorno de récords de ocupación.

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