Economía

Sánchez buscará en China pactos para impulsar el coche eléctrico

  • El país asiático quiere evitar que la UE aplique el proteccionismo a su tecnología
Pedro Sánchez y Xi Jinping en Moncloa. Foto: EP

A finales de esta semana el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, viajará a Pekín a petición del presidente de China, Xi Jinping. Esta invitación se produce después de que el líder del país asiático se reuniese con Vladimir Putin en Moscú.

El Gobierno chino está abriendo una ofensiva diplomática para sacar adelante su plan de paz en Ucrania y parece que la presidencia española de la Unión Europea el próximo semestre ha propiciado esta invitación, más allá de que se cumplan 50 años de las relaciones diplomáticas entre ambos países.

Pero esta reunión entre ambos líderes también tendrá muchos aspectos económicos. En concreto, hay varios temas que España quiera abordar con China en lo relativo al turismo, la cooperación tecnológica y el vehículo eléctrico, sobre todo en lo que concierne al campo industrial.

Según los datos de la Asociación Nacional de Automóviles y Camiones (Anfac), España es el segundo país de Europa que más coches produce, en 2022 ensambló 2,2 millones de unidades. Pero en la carrera del vehículo eléctrico, el país no va tan adelantado.

Los datos de importaciones de vehículos eléctricos proporcionados por Anfac revelan que entre 2021 y 2022 la importación de vehículos desde China a España tuvo un crecimiento del 1905,1%, sumando más de 1.399 millones de euros, frente a los 68 del año anterior.

Este incremento de las importaciones con la fábrica del mundo ha hecho que el mercado chino del parque móvil español ya represente el 7,3% de las compras internacionales.

España va muy atrás en la carrera por producir baterías para automóviles eléctricos. Hasta el momento, nuestro país tiene asegurados proyectos para producción de baterías en la gigafactoría de Volkswagen en Sagunto, Phi4Tech (Badajoz), Basquevolt en Vitoria o la fábrica promovida por la Zona Franca de Vigo y el Centro Tecnolóxico de Automoción de Galicia (CTAG) y Envision (Navalmoral de la Mata). De hecho, junto con Acciona, tiene previsto implantar una gigafactoría de baterías. Pese a que el proyecto no pudo beneficiarse de las ayudas en la primera edición del Perte del vehículo eléctrico y conectado (Perte_VEC), se prevé que este año se lance una segunda convocatoria que contará con más de 2.100 millones de euros a repartir. De hecho, para esta segunda edición se prevén dos líneas de apoyo; por un lado, una línea específica destinada a la instalación de gigafactorías, cuya convocatoria está prevista para junio y; por otro, para fabricantes, que se lanzará en septiembre. Esto sitúa a nuestro país como séptimo de Europa en producción de baterías para vehículos eléctricos.

Lo cierto es que la presidencia de España para la Unión Europea el próximo semestre está encabezada bajo la deriva hacia la autonomía estratégica, es decir, depender menos de la fabricación en China y localizar la producción de ciertos bienes en el Viejo Continente.

Pero en el tema del futuro eléctrico, China está muy bien situado. El gigante asiático controla la mayoría de elementos que rodean a la electrificación de los vehículos: controla el 60% de las extracciones de litio, casi el 80% de la fabricación de las células de las baterías y el 60% de la fabricación de componentes. De hecho, según un estudio de BBVA research, las importaciones de bienes que más crecieron en 2022 con respecto a 2019 son las relacionadas con el sector del automóvil, concretamente aumentaron un 283%.

Por todas estas circunstancias, a pesar de que Europa (y por ende España) está en esta deriva hacia la autonomía estratégica, no puede perder sus relaciones con el gigante asiático.

Pero además de las reuniones que están previstas con su homólogo chino, Pedro Sánchez va a mantener encuentros tanto con empresarios locales que quieren invertir en España, como con compañías españolas que ya están afincadas en el país asiático.

En el anterior encuentro que Sánchez tuvo con Xi, durante la cumbre del G20 celebrada en Bali, el dirigente chino hizo toda una declaración de intenciones, asegurando que están encantados de abrir las puertas del mercado chino a empresas y productos españoles, pero que esperaban el mismo trato por parte de España. "Esperamos un trato equitativo, justo, transparente y sin discriminaciones", aseguraban fuentes gubernamentales chinas a través de una nota.

Lo cierto es que China está intentando evitar a toda costa que se reproduzca el proteccionismo estadounidense en Europa. Sobre la mesa está la normativa europea sobre ciberseguridad 5G, pero el Gobierno todavía no ha establecido una línea clara al respecto, a pesar de que el Consejo de Ministros aprobase, hace ya un año, el decreto-ley que buscaba responder a la preocupación de occidente sobre los proveedores chinos en las redes.

Por el momento, el Ejecutivo está estirando el chicle por miedo a las represalias de China y todavía no ha ofrecido soluciones. Aun así, Huawei ya está desapareciendo como distribuidor en las empresas operadoras de telecomunicaciones españolas.

Ante esta dicotomía, Pedro Sánchez quiere intentar en su visita a Pekín buscar algún acuerdo económico con Xi de cara al segundo semestre del año, cuando se produzca la presidencia española de la Unión Europea

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