Economía

El empleo 'sumergido', en mínimos tras desplomarse un 66% en la última década

  • La diferencia entre EPA y afiliación se reduce de 841.000 a 283.000 empleos
  • Los datos de 2022 registran la mayor caída de la serie
  • Fedea lo achaca a "cambios de percepción y conducta" tras la pandemia

El empleo no declarado ha sido una de las grandes preocupaciones de los Gobiernos españoles, que ven como por esa vía se pierden miles de millones de euros en ingresos fiscales y por cotizaciones. Mucho peor era la situación de los propios trabajadores 'ocultos', sin protección social ni garantías laborales de ningún tipo. En este contexto, los datos de 2022 arrojan una buena noticia: su peso se encuentra en el nivel más bajo desde los máximos anotados en la crisis financiera.

¿Pero cómo se puede estimar el empleo sumergido si, por su propia definición, no se declara? La orientación más clara, utilizada por los estudiosos del tema, es tener en cuenta la diferencia entre los datos de afiliación a la Seguridad Social y los de la Encuesta de Población Activa (EPA).

Los primeros se refieren a los trabajadores 'registrados' y que pagan cotizaciones. Los segundos se extraen de una encuesta realizada por el Instituto Nacional de Estadística (INE) en la que los trabajadores dan respuestas espontáneas sobre su situación laboral. Por ello es fácil que 'afloren' muchos ocupados que no están dados de alta como afiliados.

La economía sumergida no se manifiesta solo en un número de ocupados 'en B', sino también en el fraude que se produce en las condiciones de trabajo y los horarios. Pero esos casos son más complejos de estimar en las estadísticas del mercado de trabajo y por lo general se detectan cuando ya han sido aflorados por una inspección de Hacienda o de la Seguridad Social.

Economía sumergida y pandemia

El profesor de Economía Aplicada en la Universidad Rey Juan Carlos e investigador asociado de Fedea, Miguel Angel García Díaz, publica en el blog de esta Fundación un breve análisis sobre los datos de la EPA de cierre del año el que alude a esta cuestión. Así, señala que el número de ocupados recogidos por el INE "ha sido históricamente superior al de los afiliados a la Seguridad Social, dado que por lo menos en teoría, recoge una parte de la economía sumergida".

Sin embargo, los datos arrojan un descenso muy pronunciado en los últimos años. Para remarcarlo García Díaz propone hacer la comparativa con los datos de 2019, "el último año normal antes de la llegada de la pandemia".

"En 2022 se mantiene una diferencia entre ambas fuentes de información, pero cuando se compara con 2019, se ha reducido significativamente; es decir, la diferencia en el número de ocupados se ha reducido a casi la mitad, 218.600 menos" incide en su análisis.

Este descenso es algo menor que el estimado por el propio Gobierno, que cifra un afloramiento de empleo de 285.000 afiliados a la Seguridad Social, "gracias a las medidas de política económica adoptadas durante la pandemia".

Aplicando la metodología propuesta por García Díaz a la serie histórica hasta 2012 se aprecia que esta evolución descendente del pasado año se produce además tras un repunte de la 'brecha' entre EPA y afiliación en 2021 del 29% interanual.

Es decir, la incertidumbre en el segundo año de pandemia, con nuevas oleadas del Covid y restricciones en muchos sectores, compensó buena parte de la caída de la brecha de empleo sumergido de 2020, cuando la economía sumergida cayó un 35%. Eso sí, el comportamiento de aquel año se explica principalmente por el desembolso masivo de ayudas, empezando por los ERTEs, como admite el Ejecutivo.

En este sentido, la evolución del año pasado indica, con un descenso interanual del 32%, que la normalización de la actividad ha conducido a la fuerte recuperación de una tendencia a la baja desde los máximos registrados en 2013, cuando la brecha alcanzó los 840.990 trabajadores. El ritmo de descenso se empezó a acelerar según se consolidaba la recuperación de la economía y el empleo, especialmente a partir de 2017.

Un cambio de percepción

Descontando los vaivenes sufridos por este indicador durante la pandemia, el de 2022 es el mayor descenso de la serie histórica comparable con ejercicios 'normales'. En parte puede explicarse por el efecto positivo del desconfinamiento de la actividad y la reducción de las incertidumbres sanitarias, que ha contrarrestado el efecto de la inflación y la guerra de Ucrania que, por el contrario, sí han llevado a la inflación a perder fuelle a la creación de empleo.

Pero García Díaz plantea que no se debe subestimar el impacto de los cambios que la propia reforma laboral ha introducido en la forma de enfocar el empleo irregular tras la crisis sanitaria, y el importante colchón de ayudas públicas que incitó a muchos trabajadores y empleadores a 'salir a la luz'.

En este sentido, recalca que la evolución podría reflejar "un afloramiento de la economía sumergida en los datos de la Seguridad Social como consecuencia de cambios de percepción y conducta de las personas y empresas" .

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