Los años 70 están de moda otra vez. Pero en el Reino Unido, aquella década no evoca la música disco ni la transición, sino una inflación desbocada, superior al 20%, que tumbó varios Gobiernos y llevó a una década de durísimos ajustes. Y la hostelería británica ha sido la primera en disparar la alerta roja. En una declaración en la comisión de Comercio y Energía del Parlamento británico, el presidente de la Federación de Alimentos y Bebidas (FDF, por sus siglas en inglés) del país, Ian Wright, advirtió de que los precios se están disparando "entre un 16 y un 18%" para los hosteleros. "Es una situación terrorífica", resumió.
Wright explicó sus malos recuerdos de "la inflación en el 27%" durante el Gobierno del laborista James Callaghan (1976-1979), y dejó claro que la situación podía ir en esa dirección si no hay cambios pronto. "La hostelería es el paso anterior al comercio minorista", y las tendencias que se ven en el primero llegarán al segundo en poco tiempo, explicó.
"Estamos viendo escenas extraordinarias. En algunos supermercados antes veías alimentos frescos de temporada. Ahora se ven grandes expositores de desodorante. No es que la nación de repente haya empezado a oler mal, es que es lo único que tienen en cantidades suficientes, así que lo colocan en las estanterías para que parezcan llenas", explicó.
La causa, en su opinión, es una mezcla del Brexit y la pandemia, que ha sacudido el mercado laboral. "En el último año, 1,4 millones de trabajadores europeos se han vuelto a sus casas", pese a tener permiso de residencia indefinido por haberse mudado a Reino Unido antes de la salida de la UE. A eso se suma más de medio millón de personas que han aprovechado la pandemia para jubilarse o volver al sistema educativo, y han abandonado el universo de trabajadores en activo.
Para Wright, uno de los principales causantes de la situación es la resistencia del Gobierno de Boris Johnson a entender y aceptar la realidad provocada por la salida de la UE. "Necesitamos entender las cifras, y no creo que el gobierno las entienda. Hasta que no sepamos cuáles son los números, no podremos encontrar las soluciones", dijo.
"Hace seis meses, nuestros socios pensaban que esto iba a ser temporal. Ahora, todas las empresas esperan que la inflación se extienda hasta entrado 2023 y probablemente 2024"
Una opinión parecida tiene Duncan Buchanan, de la Asociación de Transportistas por Carretera, que culpó de la situación a la "toxicidad" del debate sobre el Brexit y la "complacencia" del Gobierno, que se niega a aceptar las consecuencias de la ruptura, incluso cuando sus efectos se están sintiendo de forma patente. Y sus soluciones son, en consecuencia, inútiles. Preguntado sobre el programa de 5.000 visados temporales para camioneros europeos, que apenas han atraído a un centenar de personas, Buchanan lo resumió así: "Si uno fuera a diseñar un programa de visados específicamente para que fracase, sería muy parecido" al que aprobó el Ejecutivo.
Por su parte, John Allan, presidente de la cadena de supermercados Tesco, dejó claro que no habrá escasez generalizada de alimentos en Navidades, y que no hace falta hacer compras masivas en pánico, pero admitió que la subida de precios era inevitable. "En alimentación, estamos viendo subidas de entre un 5% y un 10%, que es mucho más de lo que hemos tenido en los últimos años".
Wright alertó de que los miembros de la FDF han estado absorbiendo la subida de costes, pero que muy pronto van a tener que trasladarla a los precios. "Hace seis meses, nuestros socios pensaban que esto iba a ser temporal. Ahora, todas las empresas que conozco esperan que la inflación se extienda hasta entrado 2023 y probablemente 2024". Y dejó claro los efectos que tendría sobre la sociedad: "La inflación es el mayor castigo sobre las personas pobres, porque discrimina contra ellas. Si no se soluciona, la agenda de Johnson de mejorar el nivel de vida de las zonas desfavorecidas quedará arrasada. Y la última vez tardamos 15 años en recuperarnos" de una inflación así.