Economía

Las exportaciones de alimentos británicos a España, Alemania e Italia se desploman un 50% frente a 2019

  • Solo el salmón escocés ha aumentado sus ventas en el viejo continente
Una empresa de exportación de calabazas. Foto: Reuters.

El Brexit y el covid se han puesto de acuerdo para asestar un duro golpe al sector de la alimentación británica. Las exportaciones a la UE en el primer semestre se han desplomado en unos 2.000 millones de libras (2.330 millones de euros) con respecto a 2019, el último año de normalidad comercial en el país. España, Alemania e Italia son, precisamente, los tres países que más han dejado de consumir alimentos británicos, con caídas del 50% en las exportaciones a estos tres.

Las caídas son generalizadas, desde el -11% a Francia y el -10% a Polonia, hasta el -54% de exportaciones a España. Los productos más perjudicados son la ternera, con un 37% menos de ventas a la UE, y el queso, con un -34%. Solo el salmón escocés (+13%) está en positivo en una lista que la Asociación de Exportadores de Comida y Bebida de la isla cataloga de "desastrosa".

Las caídas comenzaron en 2020 con la crisis del covid, pero la situación no solo no se ha recuperado, sino que la entrada en vigor de los controles aduaneros a los que obliga el Brexit ha empeorado aún más la posición de agricultores y ganaderos. El acuerdo comercial con Australia y un aumento de las ventas a China no pueden reemplazar a los vecinos más cercanos, denuncian, porque hay muchos productos que no pueden soportar el largo viaje en barco a la otra punta del planeta.

Pero para Dominic Goudie, de la Federación de Comidas y Bebidas, la situación es aún peor por los problemas de suministro en su propio mercado nacional. "Al mismo tiempo, estamos viendo escasez de mano de obra en la cadena de suministro de alimentos y bebidas en el Reino Unido, lo que resulta en espacios vacíos en los estantes de las tiendas, interrupciones en las entregas y una disminución de la producción", advierte en declaraciones al diario The Guardian. Una situación que no hace más que agravar los problemas a los que se enfrentan los productores.

Lo peor, sin embargo, es que los obstáculos no han terminado. En octubre entrará en vigor una prohibición de exportar carne fresca a Irlanda del Norte, lo que dejará a los ganaderos británicos sin acceso a una parte de su propio territorio. Y el año que viene está previsto que entren en vigor los controles fitosanitarios a los animales que llegan al puerto de Calais (Francia), su puerta de entrada al continente.

La solución más simple para reducir parte de este problema sería que el Gobierno de Boris Johnson aceptara mantener los estándares europeos de alimentación, lo que reduciría los controles aduaneros. Pero hace tiempo que Johnson dejó claro que apuesta por romper de la forma más dura posible, le cueste lo que le cueste a sus empresas.

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