Economía

El FMI alerta al G20 sobre la incertidumbre del coronavirus y las tensiones comerciales

Nueva York

A finales de semana, los ministros de Economía y Finanzas así como los gobernadores de los bancos centrales del Grupo de los 20 (G20) se reúnen en Riad, Arabia Saudita, en medio de un panorama económico incierto.

"El coronavirus es nuestra incertidumbre más apremiante: una emergencia de salud global que no anticipamos en enero. Es un claro recordatorio de cómo una recuperación frágil podría verse amenazada por eventos imprevistos", indica la directora gerente del Fondo Monetario Internacional, Kristalina Georgieva, en un blog al tiempo que la institución publica sus recomendaciones para el G20 de este fin de semana.

Tras el comatoso 2019, el Fondo Monetario Internacional proyectó en enero que la economía global repuntará hasta el 3,3% este año y el 3,4% 2021, aunque este aumento depende de cómo se comporten algunos mercados emergentes. También estará aupado por la política acomodaticia adoptada por los bancos centrales el año pasado, que redujeron las tasas hasta en 71 veces y sumaron alrededor de medio punto porcentual al crecimiento mundial.

No obstante, el coronavirus se ha convertido una incertidumbre clave a la hora de proyectar si la economía global experimentará el repunte previsto o, de lo contrario, enfrentará una posible desaceleración.

"El coronavirus es nuestra incertidumbre más apremiante: una emergencia de salud global que no anticipamos en enero"

Según explica Georgieva, un brote duradero y más severo daría como resultado una desaceleración del crecimiento más aguda y prolongada en China. "Su impacto global se amplificaría a través de interrupciones más sustanciales de la cadena de suministro y una caída más persistente de la confianza de los inversores, especialmente si la epidemia se extiende más allá de China", advierte la máxima funcionaria de la institución.

Más allá de la epidemia, Georgieva considera que hay tres áreas en las que los ministros de Economía y Finanzas así como los gobernadores de los bancos centrales pueden avanzar para proporcionar algo más certeza: comercio, clima y desigualdad.

Comercio, clima y desigualdad

En el primer asunto, el FMI se refiere principalmente a las tensiones entre Estados Unidos y China y las consecuencias de la Fase 1 del acuerdo comercial aprobado en enero. De esta forma la institución estima que esta situación reducirá el impacto de las tensiones comerciales en el PIB mundial este año en un 0,2%, aproximadamente una cuarta parte del impacto total.

La directora gerente del FMI explica que el acuerdo solo aborda una pequeña parte de los aranceles recientemente impuestos y especifica aumentos en las compras de China de productos estadounidenses. Para Georgieva este tipo de acuerdos bilaterales tienen el potencial de distorsionar el comercio y la inversión al tiempo que perjudican el crecimiento global. De hecho, según las estimaciones del Fondo este tipo de planes comerciales le cuestan a la economía global cerca de 100.000 millones de dólares.

Sobre el cambio climático, el Fondo pone de manifiesto que un desastre natural típico relacionado con el clima reduce el crecimiento en una media de 0,4 puntos porcentuales en el país afectado durante el año de la catástrofe. De acuerdo a los funcionarios de la institución, las inversiones en energía limpia e infraestructura resistente pueden generar "un triple dividendo": evitar pérdidas futuras, generar ganancias de innovación y crear nuevas oportunidades para los más necesitados.

Por último, en lo que se refiere a la desigualdad, Georgieva espera que esta semana, los ministros del G20 pongan nuevos esfuerzos en buscar formas de elevar el nivel de vida y crear empleos mejor remunerados.

Para el Fondo, el entorno actual de tipos de interés bajos ofrece cierto margen para que algunos países puedan centrar su atención a estos menesteres. Por supuesto, ese consejo no es generalizado. La deuda pública está cerca de niveles récord en muchos países, donde debe continuarse con la consolidación fiscal. Eso sí, la reducción del déficit siempre debe hacerse de una manera que proteja el gasto social básico, según señala Georgieva.

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