Economía

¿Una crisis sanitaria afecta a las generales del Brexit?

Boris Johnson visitó la semana pasada un hospital público en Mansfield. Reuters.

La crisis del sistema sanitario británico se ha convertido en una de las principales amenazas para la ambición del primer ministro británico Boris Johnson de lograr la mayoría absoluta el 12 de diciembre.

Pese a que las encuestas sobre la estimación del voto de los ciudadanos continúan a su favor, el riesgo de apostar por unas generales en invierno, exponiendo los anhelos electorales a los aprietos de un Servicio Nacional de Salud (NHS, en sus siglas en inglés) a punto del "colapso", según apuntan los profesionales del sector, podría acabar provocando el descarrilamiento de unos comicios que los políticos británicos han planteado ante la sociedad en clave de Brexit.

El Laborismo había evidenciado ya este peligro en los fantasmas agitados en la primera semana de campaña, focalizando sus esfuerzos en desviar la atención del divorcio y centrarla en un debate sobre la sanidad y la asistencia social, dos áreas profundamente tocadas tras una década de austeridad con el sello tory. Sus promesas de inversión en la materia, como en casi todos los ámbitos, superan ampliamente a las de los conservadores y, crucialmente, capitalizan la reputación que la izquierda ha disfrutado tradicionalmente como buque insignia político del NHS.

Pero más allá de la dialéctica puramente electoral, la realidad estadística se ha encargado de justificar por qué Johnson tiene mucho que temer, con cifras de alta toxicidad política como las publicadas ayer, que revelan los peores tiempos de espera en las urgencias hospitalarias desde que existen los registros. Uno de cada seis pacientes tuvo que aguardar más de cuatro horas para ser atendido en octubre en los hospitales de Reino Unido, un dato que va más allá de la frialdad numérica y que, como el premier debería haber aprendido en el referéndum de 2016, resuena en el imaginario de un votante dispuesto a volcar su frustración en las urnas.

Las esperas en las urgencias de los hospitales británicos alcanzan niveles récord

La cuestionada gestión de las inundaciones que estos días asolan el norte de Inglaterra, bastión clave para las aspiraciones tories, y sobre todo el discutible liderazgo de Johnson ante la crisis constituían ya una inquietante parábola acerca de cómo elementos que escapan al control del Gobierno pueden desbaratar la estrategia electoral más estudiada.

Sin embargo, un trance en el sacrosanto Servicio Nacional de Salud , la más inviolable de las instituciones británicas, tiene el potencial de reducir cualquier ventaja demoscópica a mera anécdota, si cala el mensaje de que los recortes de los conservadores están detrás de un drama que supera la barrera de las estadísticas y afecta al grueso gener.

La influencia de la sanidad en la mentalidad colectiva de los ciudadanos británicos es tal que, en el año 2016, los cerebros tras la campaña pro Brexit la habían explotado políticamente para decantar el resultado del plebiscito a su favor.

La promesa infundada de dedicar al Servicio Nacional de Salud los 350 millones que, según ellos, Londres remitía semanalmente a Bruselas cristalizó en un electorado que, irónicamente, podría reclamar al primer ministro Boris Johnson, el padrino moral del divorcio, la devolución de la deuda.

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