Ecoaula

El equilibrio entre la oferta y la demanda de empleo en el sector tecnológico

  • En España somos un polo de atracción del talento global y hay que dar un mensaje positivo
Madrid

Se estima que en España hay 10.0001 empleos vacantes en el sector tecnológico y áreas como informática e ingeniería, con los mejores indicadores de inserción laboral, han experimentado una disminución de su número de egresados en las dos últimas décadas según el análisis de empleabilidad de la Fundación CYD.

Un contexto que invita a reflexionar acerca de la formación, identificación y captación del talento en nuestro país y que debatimos con Isabel Fernández, rectora de la Universidad Alfonso X El Sabio, Alberto Granados, presidente de Microsoft España, Alejandro Martín, graduado en Ingeniería Aeroespacial y mentee del Programa Mentores CYD, Beatriz Miguel, rectora de la Universidad Politécnica de Cartagena y Luis Miguel Olivas, director de Escuela 42 de la Fundación Telefónica.

El debate fue presentado por Sònia Martínez Vivas, directora de la Fundación CYD, y moderado por Cristina García, responsable de comunicación de la Fundación CYD. Fomentar vocaciones tecnológicas antes de los 12 años Promover el talento tecnológico en las etapas escolares, cuando los alumnos están descubriendo sus intereses, es la primera asignatura para iniciar las futuras vocaciones, tal y como explica Beatriz Miguel, rectora de la Universidad Politécnica de Cartagena: "Somos conscientes de la baja demanda por estudiar las carreras tecnológicas, fundamentalmente las ingenierías. Colaboramos con los institutos a través de talleres, visitas a la universidad, presencia en ferias y reforzando la relación con profesores de tecnología. Es una labor a largo plazo, por ello los resultados son difícilmente medibles". La rectora de la UPCT señala una materia esencial para el futuro de estas profesiones: "La enseñanza y aprendizaje de las matemáticas son claves para el pensamiento lógico; si a los 12 años un alumno no quiere estudiarlas, hemos fracasado como sistema porque no va a ser un tecnólogo ni un científico". La rectora de la Universidad Alfonso X El Sabio, Isabel Fernández, cree que en la actualidad se están promoviendo iniciativas, pero aún queda amplio margen para la mejora: "Tenemos que cambiar el formato y el propósito; hablar el mismo lenguaje de los estudiantes que toman la decisión de no ser tecnólogos o ingenieros.

Eso ocurre a los 12 años, no a los 18 cuando llegan a la universidad. Hay buenas prácticas a nivel internacional como llevar la gamificación al aprendizaje y mostrar el impacto que su labor profesional va a tener en la sociedad. Con metodologías como el hackaton, a través del juego con los datos, estamos mostrando que la tecnología salva vidas, transforma la sociedad." Isabel Fernández cree además que las universidades deben acercar y hacer entendible las profesiones; "Tenemos que traducir la gran cantidad de títulos en propósitos: si estudias este grado, te vas a preparar para transformar el mundo de esta manera. En esa parte nos queda mucho trabajo" y apunta a iniciativas como la de UAX Makers. Para Alejandro Martín, graduado recientemente en Ingeniería Aeroespacial, la escuela fue uno de los pilares que le hicieron decantarse por estos estudios, pero no el único: "En mi caso es innato, a los tres años ya sentía curiosidad por la tecnología; mi contexto personal también me ha ayudado bastante y en la escuela he tenido profesores que me han motivado. Creo que además de vincular más la tecnología al aula, es importante potenciar la curiosidad de los alumnos". Luis Miguel Olivas, director de Escuela 42, afirma que la digitalización ha llegado a todos los sectores productivos y apunta a dos figuras claves en el cambio educativo: "Los docentes y orientadores de los centros educativos no siempre tienen el conocimiento para aconsejar sobre tendencias actuales en el mundo de la tecnología, como la ciberseguridad o el blockchain, porque tienen otra formación distinta a la técnica. Por ello es importante formarles sobre ello y darles herramientas en las facultades de Magisterio". Beatriz Miguel apunta además a la necesidad de promover una mayor inquietud por la ingeniería en la sociedad "Somos grandes consumidores de la tecnología, pero no recapacitamos sobre lo que significa el mecanismo que hace posible el funcionamiento de un teléfono móvil; falta inquietud por querer saber. Socialmente la ingeniería es poco atractiva para nuestros jóvenes, consumen series en las que ven a muchos abogados y a médicos, pero a pocos ingenieros". Adecuar la formación y mostrar el ejemplo para captar el talento femenino. 

Es necesario dirigir el talento a las aulas de los grados de ingeniería, especialmente el femenino, que solo representa una cuarta parte del alumnado universitario según los datos del Ranking CYD. Alberto Granados, presidente de Microsoft España cree que la diversidad en la formación escolar puede ser una solución y menciona algunas iniciativas de colaboración entre empresas y centros educativos: "A los 11 años, una niña puede estar interesada en una carrera técnica, pero desgraciadamente, por micro sesgos, le empujamos hacia otra dirección. Estamos promoviendo una iniciativa en las escuelas con Minecraft, un entorno de simulación y juegos, con una parte específica para las alumnas en torno a la ingeniería y la tecnología para que ellas vean desde una edad temprana que es un entorno inclusivo". Crear entornos de seguridad para las mujeres que se forman en ámbitos como la programación puede ser una de las claves para fomentar su participación, según apunta Luis Miguel Olivas tras un caso de estudio reciente en la Escuela 42 de la Fundación Telefónica: "En los cursos intensivos de programación únicamente dirigidos a mujeres tuvimos que ampliar el aforo por la amplia lista de interesadas; sin embargo en el curso con el mismo contenido pero dirigido también a hombres, solo se apunta un 20% de mujeres y sin lista de espera. La única diferencia es el entorno: se sienten más seguras aprendiendo a programar entre ellas". Precisamente esa seguridad, o la falta de ella, puede empujar a la mujer a descartar opciones profesionales, según apunta Beatriz Miguel tras sus aprendizajes colaborando en la campaña Quiero ser Ingeniera: "Si una mujer considera que tiene el 80% de probabilidades de conseguir algo no lo va a intentar, cuando un hombre sí lo va a hacer. En la etapa escolar, si una niña quiere ser ingeniera y no está muy segura, sin un refuerzo de sus educadores y de su familia, probablemente descartará la idea". Isabel Fernández cree que ese refuerzo puede venir con el ejemplo de otras mujeres: "Tenemos que crear entornos de confianza seguros donde las chicas se sientan más libres y hay que facilitar que las alumnas puedan conocer en las escuelas el testimonio de mujeres ingenieras que son felices con sus profesiones".

De las aulas al empleo: un camino de colaboración entre universidad y empresa

La universidad aporta conocimientos, capacidades analíticas y resolutivas a los futuros ingenieros, ¿facilita una formación adecuada para los puestos que requiere el mercado laboral? Alberto Granados afirma que el 46% de los proyectos no encuentra personal y el 80% va con retraso por falta de profesionales cualificados. Apunta a una buena colaboración entre universidad y empresa para mejorar esas cifras: "Las universidades están haciendo un gran esfuerzo y se están adecuando al mercado gracias a iniciativas conjuntas. Desde la empresa hay que complementar y hacer que dentro de las carreras que ya existen, no solo las técnicas sino también marketing o finanzas, se sepa aplicar tecnología como la inteligencia artificial para predecir el comportamiento del consumidor o las finanzas" explica, añadiendo que las grandes empresas tienen más facilidad para atraer talento que las pymes. Desde la Universidad Alfonso X El Sabio, Isabel Fernández explica cómo la universidad se acerca al mercado laboral: "Trabajamos en certificaciones profesionales para ofrecer competencias específicas en el manejo de datos, y promovemos proyectos interdisciplinarios dirigidos por empresas, no por profesores, para asegurarnos que cuando los alumnos se gradúan tienen experiencia profesional". Para Luis Miguel Olivas, el estudiante que finaliza sus estudios universitarios está muy preparado para trabajar en la empresa, pero la alta demanda del mercado requiere a profesionales con diferentes niveles de estudios: "Los perfiles de formación profesional son necesarios en muchas de las empresas. El licenciado quiere cubrir una serie de puestos de mando, pero hace falta cubrir posiciones más técnicas. Hay espacio para muchísimos perfiles en diferentes niveles"; y señala iniciativas como la de Escuela 42, que ofrece una formación práctica y rápida sobre tecnologías que demanda el mercado y que puede ser complementaria y alternativa a la formación universitaria. Alejandro Martín recuerda el paso de la universidad a su primer empleo como una época de incertidumbre, en plena pandemia en 2020, y agradece la labor de orientación del Programa de Mentores CYD.

De la universidad valora aspectos positivos, pero echa de menos una mirada más práctica al mundo corporativo: "La universidad me ha aportado capacidad analítica y de resolución de problemas y trabajo en equipo, pero no me ha transmitido la orientación al cliente, el cómo funciona un negocio". Y se muestra crítico con el método de enseñanza: "A mí la universidad me frenó el afán por aprender y por seguir siendo curioso. Acabé un poco decepcionado, me quitó esa hambre por seguir aprendiendo en la tecnología" Beatriz Miguel cree que las universidades españolas dan una buena formación, pero no muy enfocada a la empleabilidad y al sistema de negocio que quiere la empresa, y apunta posibles causas: "Las titulaciones de las ingenierías están asociadas a las atribuciones profesionales, que a su vez están vinculadas a una ficha del Ministerio que decide cómo es la formación. Hay una serie de competencias que cumplir y el mercado ha cambiado mucho en los últimos 20 años, no tenemos una opción fácil de acomodarnos a esa nueva demanda. No podemos formar para todos los perfiles que requieren las empresas; pero somos conscientes y tenemos que avanzar". Y en la línea de Luis Miguel Olivas, señala la necesidad de profesionales también procedentes de formación profesional y a una actualización continua durante la vida laboral. Reinventarse e innovar para seguir en el mercado laboral Los retos del mercado laboral, con una tecnología omnipresente y en plena expansión hacia una nueva dimensión con el metaverso apuntan a la formación continua: "O te reinventas o caducas, tenemos que dar las herramientas de reskilling para reorientarse y formarse a empleados que ya tenemos en la compañía." afirma Luis Miguel Olivas. El director de Escuela 42 de Fundación Telefónica alerta sobre una cierta desmotivación hacia el sistema de educación reglada y a un riesgo a que la universidad pierda valor social: "Todo está evolucionando: cada vez la sociedad reduce más los tiempos de consumo, pero se mantiene el ritmo y metodología de aprendizaje. Puede llegar un día en que las empresas no miren tanto las titulaciones como los conocimientos, con el riesgo de que muchos estudiantes que ven un valor diferencial en la universidad ya no lleguen a ella". Para Alberto Granados: "Hacen falta más manos para implementar proyectos. Hay que ser quirúrgico, crear empleo en los lugares y especialidades donde se necesitan como la ciberseguridad. En España somos un polo de atracción del talento global, y hay que dar un mensaje positivo porque las universidades están innovando. Tenemos que buscar alianzas donde haya detrás empleadores". Enseñar y contar de forma diferente qué es la ingeniería, adaptarse a una nueva generación nativa digital, apostar más que nunca por las personas y acompañarlas en la digitalización, reforzar la colaboración entre el sector público y privado y facilitar un sistema más ágil en las universidades, son algunas de las reflexiones finales con las que los ponentes concluyeron este debate.

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