Ecoaula

Los retos de la educación

  • La formación tradicional ha dado paso a un tipo de aprendizaje que integra el desarrollo de estas habilidades en la forma de aprender
Madrid

Vivimos un momento histórico en el que la digitalización se ha acelerado exponencialmente. La pandemia ha dejado a las organizaciones en evidencia porque nadie nos ha preparado para gestionar el cambio a la velocidad a la que ahora sucede.

Nos enfrentamos a nuevas situaciones muy complejas marcadas por la incertidumbre para las que no tenemos respuesta, y lo que ya sabemos no nos sirve. Por este motivo, muchas de las formaciones tradicionales se han quedado obsoletas. Aprender a lidiar con un problema cuando está sucediendo no es suficiente, se requiere un aprendizaje continuo y actualizado para saber anticiparnos y adaptarnos a futuros cambios de escenario.

Tradicionalmente la formación para directivos se ha centrado en enseñar lo que ya sabemos: adquirir el conocimiento generado en el pasado para resolver gracias a ello los problemas del futuro. Esto no quiere decir que haya dejado de ser importante, por supuesto que es necesario aprender lo que ya se sabe, pero la velocidad a la que cambian las cosas se aceleró y lo que aprendimos ya no nos sirve.

Esto implica un gran cambio en la enseñanza. Ya no es tan relevante lo que aprendemos, ahora la importancia radica en la forma en la que lo hacemos. La clave es poder aprender de lo que no sabemos. Por eso el proceso de aprendizaje debe centrarse mucho más en el alumno y su forma de aprender, que en el conocimiento que adquirimos. El objetivo es igualmente que el alumno aprenda, pero ayudándole a llegar por sí mismo al resultado correcto, fomentando su pensamiento crítico, la capacidad de colaborar para aprender de los demás y el trabajo en equipo.

Lo que nos va a diferenciar de las máquinas en un futuro serán las habilidades que hayamos adquirido que nos permitan responder a preguntas para las que no existen respuestas. Las máquinas acumularán el conocimiento que ya sabemos, pero nunca sabrán como reaccionar ante una pandemia.

Por eso, es fundamental desarrollar formaciones que integren un conocimiento holístico basado en valores, actitudes, habilidades y conocimientos.

La creatividad, la empatía, la visión, la anticipación, la resiliencia, la curiosidad, la adaptabilidad y el pensamiento crítico son algunas de las habilidades fundamentales que se requieren hoy en día en cualquier formación y, por supuesto, también en la ejecutiva.

Se tratan de habilidades y competencias que no se adquieren en el sistema educativo tradicional. Por eso, el aprendizaje real no puede resumirse sólo en las asignaturas y contenidos que enseñamos, sino también en cómo lo hacemos. Es decir, necesitamos ser capaces de aprender de por vida y que nos enseñen las herramientas para aprender lo que no sabemos.

El líder del futuro requiere de nuevos conocimientos. Ante esta situación las escuelas de negocio han tenido que reformular sus programas. La formación tradicional ha dado paso a un tipo de aprendizaje que integra el desarrollo de estas habilidades en la forma de aprender. Para ello es imprescindible ubicar al alumno en el centro de la formación y aprovechar las nuevas tecnologías para ofrecer un aprendizaje que combine los modelos formales con los nuevos formatos basados en el aprendizaje social y colaborativo. En estos, el estudiante participa mucho más en la construcción de lo que aprende que en adquirir una serie de conocimientos que tarde o temprano no le van a servir.

Elaborado por Óscar Fuente, Director y fundador de IEBS

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