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Instagram promete frenar el ciberacoso escolar, ¿es suficiente?

  • Los estudios apuntan a que el acoso virtual ha crecido con el confinamiento
Madrid

Instagram se ha puesto en la piel de los adolescentes que sufren acoso escolar y ha puesto en marcha medidas para frenarlo. «Sabemos que puede ser abrumadora la sucesión de comentarios negativos», reconoció en mayo la red social, apostando por probar diversas herramientas para «bloquear» o «restringir» cuentas de posibles acosadores. Un paso adelante que los expertos consideran positivo, pero también insuficiente a la hora de poner fin al ciberacoso escolar, que, según algunos estudios, cada vez es mayor entre los jóvenes españoles. El director del máster de Social Media: Gestión y Estrategia de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), Ferran Lalueza, califica el comunicado de la red social de «buena noticia» y «camino correcto», pero también cree que «evidencia que la plataforma siempre va unos pasos por detrás de los acosadores virtuales y no consigue combatir esta lacra con suficiente contundencia». Por su parte, José Ramon Ubieto, profesor colaborador de los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación de la UOC opina que el «freno» que suponen estas acciones es beneficioso, pero con la vista puesta en que «el objetivo viable no es erradicar estas violencias, sino mitigarlas y tomar conciencia de ellas». Según ambos, la solución es una mezcla de medidas con distintos protagonistas que van desde la prevención hasta la educación y concienciación, pasando por la regulación o la presión social, teniendo en cuenta a padres y madres, profesorado y alumnado, especialmente a los testigos inmutables del acoso.

Las redes sociales ya son parte de la vida de los jóvenes y, además, suponen una parte importante de ella. El 94 % de los jóvenes de entre 10 y 15 años ya son usuarios de internet, según un informe de 2019 de Save the Children, que pone sobre la mesa que el 75 % de los jóvenes que tienen entre 18 y 20 años reconoce haber sufrido violencia virtual durante su infancia. Otro estudio, en el Reino Unido, establece que desde hace ocho años este acoso ha crecido un 25 % cada año y que un 27 % de las personas encuestadas han llegado a ser víctimas. Estas remarcan que la apariencia física es uno de los motivos del ciberacoso escolar y un 14 % dice que «nunca se ha gustado». Otro factor que apunta Ubieto no es «un atributo, algo que tienes» sino el no responder a la intimidación. «Ese silencio es leído por los acosadores como debilidad y se convierte en el resorte del acoso», explica, apuntando a que el terreno en línea no es más que una «prolongación» de estas situaciones a nivel presencial. «Las redes son una realidad omnipresente para todos los adolescentes y es muy difícil imaginar sus vidas fuera de ellas», reflexiona el profesor, que cree que con esta «hiperactividad» aumentan las posibilidades de los jóvenes de sufrir cualquier tipo de acoso. La «vida idílica» que se muestra en redes sociales puede resultar «bastante deprimente» para aquellos adolescentes «particularmente vulnerables», resalta Lalueza, que señala que Instagram es «eminentemente visual y notablemente exhibicionista». Esta cuestión, unida a que los usuarios suelen ser «muy jóvenes, cuya personalidad está aún forjándose y que carecen de recursos defensivos», provoca que sean «particularmente necesarias» medidas con respecto al acoso.

Ya hace poco más de dos años un estudio había tachado a esta red social como la peor valorada para la salud mental de los jóvenes, pero actualmente sigue incrementando su número de seguidores, sobre todo en jóvenes. Según un informe de 2020, la usan un 67 % de las mujeres de entre 16 y 24 años en España y es donde los menores pasan más tiempo, en contraposición a TikTok, cuya utilización es mayor en Estados Unidos y el Reino Unido. Para contrarrestar esta visión negativa y proteger a los menores, Instagram quiere fomentar, declara en un comunicado, «una comunidad diversa y positiva» y por eso amenaza con retirar «contenido dirigido a particulares con el fin de humillarlos o avergonzarlos». También Facebook se ha unido a esta medida. Y es que, según los expertos, los «criterios éticos» deberían ser comunes y similares a los del mundo analógico. «Igual que se bloquea a Trump por mentir o incitar a la violencia, debería hacerse con todos los mensajes que promuevan el odio entre personas o entre colectivos», señala el profesor de los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación de la UOC.

Pero, ¿qué obtendrían estas empresas limitando el ciberacoso escolar? «Sin regulación, la motivación para implementar mejoras en la protección de los usuarios es muy baja», razona el responsable del máster de Social Media: Gestión y Estrategia de la UOC, por lo que apuesta por «presión social y reguladora» para que no haya una única «orientación al beneficio económico». También el estudio L1ght, que detectó entre diciembre de 2019 y octubre de 2020 un aumento del odio entre jóvenes del 70 % en chats por internet, considera que las empresas tienen parte de responsabilidad, ejemplificando que «cuando compras un coche, es trabajo del fabricante garantizar que es seguro». Por su parte, Save the Children pide una ley de protección de violencia en la infancia que contemple medidas en el uso de la tecnología, pero Ubieto advierte de que, sin otras acciones, como la prevención, serían «insuficientes».

Formar a los adolescentes en el uso de nuevas tecnologías es una de las claves, según los expertos, para evitar casos de acoso. «Es una asignatura pendiente», lamenta el docente, que señala que actualmente se aborda de manera «puntual». Según su punto de vista, tendría que formar parte del «currículum de manera transversal» con la formación previa, apostilla, del profesorado y con la vista puesta en los testigos, que, dice, «alientan y mantienen la escena. Si ellos se van, se termina el espectáculo». «Educación y concienciación» también son, para Lalueza, la combinación necesaria para acabar con el acoso a través de internet. Y también precisan conocimientos los padres y madres, ya que, advierten ambos, las medidas de control parental no suelen ser suficientes. Adolescentes, progenitores, empresas y reguladores deben asumir, finaliza el psicólogo, su papel: «Ninguna de estas responsabilidades anula a las otras».

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