Canarias

El autónomo que terminó de conquistar Canarias

  • La Conquista de Canarias fue cosa del sector privado, mayormente
Las Palmas de Gran Canaria

La Conquista de Canarias fue cosa del sector privado, mayormente. Como los Reyes Católicos tenían controlada La Gomera y Gran Canaria, una le interesaba por la ruta al Nuevo Mundo y otra para encarar las Guineas, Castilla optó por seleccionar entre operadores privados que dominasen a su riesgo el control de Tenerife o La Palma. Y fueron a dar con Alonso Fernández de Lugo, que para cobrar debía guerrear. Como los isleños conocían los planes de Fernández de Lugo lo boicotearon sometiéndose a los Reyes Católicos y aceptando el bautismo. Aquello era una ruina.

Alonso Fernández actuó como empresario autónomo y buscó sus apoyos financieros. Nacido en el seno de una familia formada por armadores de Sevilla por àrte de Madre, Inés de las Casas, asumió el reto con el apoyo de capital genovés de terminar la 'ocupación' de las islas. El también cuñado de Pedro del Algaba. Así, en diciembre de 1491 firmó una serie de capitulaciones con la Corona a cambio del quinto sobre lo que recaudara en La Palma, "la mitad del quinto del botín y rescates de las cabalgadas que se hicieran en Tenerife y Berbería, la promesa de 700.000 maravedís de ayuda que habían de ser descontados de la otra mitad del quinto de las cabalgadas, y el gobierno vitalicio de la isla".

Relata Luisa Isabel Álvarez de Toledo y Maura, la fallecida en 2008 XXI duquesa de Medina Sidonia, condesa de Niebla y Grande de España, apunta: "Lugo no se resignó al fracaso. Reuniendo a sus hombres, explicó que de no haber pelea, no habría botín, cautivos ni dinero para las pagas. Si querían cobrar habría que provocarla, recurriendo al proceso de intención. Sumado a lo abrupto del terreno, a la habilidad de los honderos guanches y la resistencia obstinada que opusieron a la cristianización, para asegurar el control de la isla, impidiendo que se alzasen a la primera ocasión, habría que derrotarlos. Inventada la 'guerra preventiva', la puso en práctica de inmediato. Suponiendo a los guanches tan confiados como en Ventegay, los castellanos treparon a los riscos en la noche. Pero los racionales no suelen dejarse engañar dos veces, de la misma manera. Aún menos por los mismos".

El papel financiero en aquella misión lo asumió el empresario genovés Joanotto Berardi y Francisco de Riberol, de Florencia, pero vecinos de Sevilla. Benítez de Lugo hizo el negocio de forma ordenada: La Palma cayó al año que se establecía en el pliego de condiciones técnicas licitado por la Corona. Para ello, se asoció con familias palmeras. Pero sus socios no ganaron un duro porque apenas hubo conflicto y la Iglesia era testigo de la buena praxis mostrada por los isleños. Tras La Palma, el emprendedor gaditano asumió un nuevo reto: Tenerife. Para ello se firman las denominadas 'Capitulaciones de Zaragoza' y donde se establece un matiz: el plazo para conquistar no es de un año sino de diez meses. Si lograba el objetivo sería gobernador, dispondría de control de la justicia insular, accedería a tropas procedentes de Vizcaya y estaría libre de impuestos. El acuerdo se hizo en UTE con Mateo Viña y otros mercaderes.

De Lugo no fue un autónomo honesto con sus avalistas. Sumó a Juan de Guzmán a la aventura canaria sin informarles previamente y eso generó menor reparto de beneficios. Como finalmente la Conquista de Canarias era un quebradero de cabeza De Lugo se dedicó al tráfico de esclavos negros saltándose lo que indicaba los firmado en Tordesillas entre Castilla y Portugal, hecho que fue denunciado por la corona lusa.

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