Canarias

¿Cómo se reinventó Canarias tras la invasión de Holanda en 1599?

  • La economía regional de Canarias debió reinventarse, como ocurre ahora
Las Palmas de Gran Canaria

Canarias afrontó una crisis muy potente producto del ataque de la armada holandesa que lideraba en 1599 Van der Does y su escuadra de 78 barcos. Ganaron la partida los insulares pero el mercado interior quedó destrozado y buena parte de los ingresos llegó después por el contrabando.

Los holandeses pretendían hacerse con la ciudad de Las Palmas para controlar los negocios por mar en el Atlántico. El cronista oficial de Las Palmas capital, Juan José Laforet, recuerda que el ataque "trajo consigo un trágico decaimiento económico, del que la ciudad no se recuperaría durante décadas, encerrada entre las muralla y fortificaciones que debieron entonces levantarse para su protección".

La economía regional de Canarias debió reinventarse, como ocurre ahora en 2020 tras el coronavirus porque se puso especial énfasis en la defensa de todo el territorio. Lo que se hizo fue buscar nuevos mercados de exportaciones de productos agrarios. Se facilitó la llegada de inversión externa con la presencia de mercaderes lusitanos, peninsulares y británicos. Llenaban buques de vino para Brasil y zonas de control inglés en el Caribe.

Hacia 1608, un informe de la Casa de Contratación de Sevilla afirmaba que solamente un 10% de las importaciones eran absorbidas por el mercado local; el resto formaba parte del contrabando con Indias. En 1618 el dirigente comercial Pedro Westerling se oponía en Tenerife a incrementos de impuestos a cereales al afirmar: "la mayor parte de la gente desta isla son hombres trabajadores que se sustentan todo el año con el pan de la placa y valiendo el trigo a catorce reales la fanega no pueden suplir sus necesidades, y si vale a 18 reales será causa de que la isla se despueble y desampare".

Hacia 1608, solo un 10% de las importaciones eran absorbidas por el mercado local; el resto iba al contrabando con las Indias

De entrada, Canarias sacó partido a su posición en el Atlántico. Desde Lanzarote a Sevilla el tiempo medio, en barco obviamente, era de 12 días y 575 millas mientras el trayecto desde Canarias a las Antillas, 2.685 millas náuticas, 30 días. El coeficiente medio de un barco desde el archipiélago al Caribe era 63% y en los trayectos desde la Península a Las Palmas era del 105%. ¿Qué significa esto? Es la resistencia del espacio a la navegación a vela. Es decir: los barcos que llegaban a Canarias desde la Península precisaban siempre reparaciones mientras que los trayectos al Nuevo Mundo eran más serenos.

Era más rentable exportar a América que al mercado peninsular para evitar gastos. Tres décadas después del ataque de Van der Does Canarias comenzó a exportar  a norteamérica al tiempo que desarrollaba parte de sus negocios con la esclavitud procedented de Guinea, Angola, Cabo Verde o Santo Tomé. Al contrabando de seres humanos se sumó el del vino peninsular.

Una cosa a la que Canarias también sacó partido en América fue a la nostalgia de los 118.000 españoles que residían ya en Nuevo Mundo. Demandaban vinos, aceites, trigo, paños, bienes de equipo, productos de lujo. Como desde Sevilla se limitaba las exportaciones a las Indias para evitar competencia en producción, desde las islas reexportaban productos ingleses, holandeses y franceses. Pero el mercado interior seguía atascado a pesar del buen ritmo de exportaciones.

Con la plata que llegaba del exterior se mandaba vino a la Península y compraba productos para el consumo de los isleños.

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