Aragón

Campo de Daroca se une para evitar la desaparición del viñedo

Zaragoza

Desde el año 2016, esta comarca aragonesa ha perdido más de 82 hectáreas de viñedo con características particulares de la zona por falta de relevo generacional o de interés.

Con el fin de que la zona no pierda viñedos, un grupo de vecinos ha puesto en marcha una asociación para iniciar un proyecto que ayude a concienciar sobre la importancia de las cepas de la Comarca Campo de Daroca, evitando que las parcelas abandonadas terminen por desaparecer y tratando de conseguir que vuelvan a reactivarse.

Los viñedos en esta zona garantizan un producto típico y que, además, ahora se está empezando a expandir en el mercado, aunque durante años no ha sido rentable. Esto hizo que muchos agricultores tuvieran que sustituirlo por otros mejor pagados como el cereal, indica Felipe Gonzalo, unos de los promotores de la actividad.

Son factores a los que se suman errores cometidos en la comercialización y en la elaboración de los vinos, así como el hecho de que la variedad de uva garnacha no era apreciada hasta hace diez años por ser vinos recios que no siempre eran bien entendidos.

En los viñedos de esta comarca que ahora se quieren proteger hay viñas que tienen una edad media de 50 años, lo que puede jugar a favor de las nuevas producciones, ya que el vino de Viñas viejas es a partir de 30 años y, en esta zona, hay viñas de hasta 90 años, lo que permitirá elaborar vinos de una mayor calidad.

La altitud, la riqueza del terreno y la climatología son otras particularidades de los viñedos de esta zona en la que existe un patrimonio asociado a este sector, que puede ser atractivo desde el punto de vista turístico, sobre todo, en pequeñas localidades como Atea, Orcajo, Manchones, Báguena o Murero, entre otras que tienen una cultura marcada por el vino.

La reciente incorporación de Daroca y otros pueblos de la comarca a la Denominación de Origen de Calatayud ha sacado a la luz iniciativas empresariales que se interesan por el vino del territorio como es el caso de las bodegas de Santo Tomás de Aquino, Somos de Murero o el Pago de la Boticaria.

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