Aragón

Universitarios que miran al campo para 'labrarse' un futuro profesional

Zaragoza

El programa Desafío facilita acercar el talento joven a los municipios para realizar prácticas remuneradas relacionadas con la formación académica cursada. Una opción que se ha convertido en una alternativa que, cada año, atrae a más universitarios.

Municipios como Cubel o Lécera no tienen universidad y no forman parte del listado de los principales destinos del programa Eramus. Pero sí tienen universitarios. Estas localidades son algunas de las muchas aragonesas que forman parte del programa Desafío, conocido como Erasmus Rural, dentro del que se ofrece a los jóvenes un aprendizaje en competencias, pero con la diferencia de que se desplazan al medio rural. Pero no por estar en el campo, se realizan labores estrictamente agrícolas como la recolección de la fruta. Las posibilidades son prácticamente infinitas y los universitarios se encargan de funciones relacionadas con su formación académica, estando el programa abierto a todas las titulaciones universitarias como Trabajo Social, Historia del Arte, Economía, Veterinaria, Turismo, Bellas Artes, Información y Documentación, Marketing e Investigación de Mercados e, incluso, de masteres como el de Operaciones Productivas y Logísticas, entre otras.

El programa Desafío comenzó en el año 2018 con 13 jóvenes participantes, número que ha ido creciendo progresivamente hasta llegar a los 23 universitarios de esta edición -la cifra puede aumentar porque las prácticas se realizan hasta el 31 de diciembre-, sumando ya un total de 60 jóvenes. "El objetivo es que desarrollen competencias profesionales en empresas, instituciones o asociaciones en el medio rural, que se adquieren igual o más porque se tiene una mayor autonomía. Además, es una experiencia vital. Es totalmente diferente", explica Nieves García, directora de Universa, el Servicio de Orientación y Empleo de la Universidad de Zaragoza, que gestiona este programa con el que también se ha conseguido que algunos de los jóvenes se hayan quedado a trabajar en el medio rural como ha sucedido en una empresa de mermeladas en Bulbuente (Zaragoza). También surgen otras oportunidades profesionales que, por ejemplo, han llegado desde Huelva para trabajar en un proyecto de 3.600 ovejas tras haber adquirido experiencia en una granja en el municipio zaragozano de Cubel.

Al margen de que se consiga o no un empleo, lo cierto es que la experiencia es satisfactoria para los jóvenes -algunos la repiten-, viendo en el medio rural una alternativa, que además ahora se ha convertido en más atractiva con la pandemia. Es el caso de Carmen Villellas. Esta joven ha finalizado sus estudios de Veterinaria en la Universidad de Zaragoza y se decidió a participar en este programa porque, "con la COVID-19, me quedé sin prácticas. En Universa, siempre nos comentaban esta opción y este verano quería hacer algo" por lo que se lanzó a esta iniciativa que "es muy enriquecedora". Su estancia se centra en una granja de ovejas en Cubel (Zaragoza) del ganadero Tomás Yagüe, donde se encarga de la asistencia a partos, encalostrado y atención a los corderos. También se ocupa de hacer un seguimiento de los casos clínicos y de las tareas típicas que se realizan en una granja de ovino, entre otras funciones.

"Es una experiencia enriquecedora. Aprendes del ganadero y puedes resolver dudas, hacer preguntas, ves la patología... Aplicar lo que has visto en la carrera en una granja, siempre es positivo", añade Carmen Villillas, quien ya había realizado con anterioridad prácticas en una granja, aunque no fue en aquella ocasión dentro de este programa de Erasmus Rural.

Sirve para el currículo

Alba Moreno es otra de las jóvenes universitarias que ha puesto su mirada en el medio rural. Tras finalizar el año pasado sus estudios de Grado en Ciencias y Tecnología de los Alimentos, se decidió a participar en el programa porque "he visto que era una buena opción para trabajar en algo que no es la labor de campo y en un proyecto que es bueno para el pueblo porque está centrado en la fruta del valle" -como la manzana reineta- y que también puede contribuir a fomentar el empleo local.

Esta zaragozana de 24 años -aunque está empadronada en Torrijo de la Cañada (provincia de Zaragoza)-, está realizando sus prácticas en un proyecto en la SAT Manubles centrado en el diseño técnico y propuesta de gestión de un obrador compartido para la elaboración de productos derivados de la fruta y la puesta en valor de los productos de destrío para contribuir a la reducción del desperdicio alimentario. El objetivo es también poder hacer licores, desecados o liofilizados.

Es una experiencia que "me sirve para el currículo porque es algo bueno y te puede abrir a ofertas de trabajo. En la mayoría de los sitios, ya te piden experiencia en el currículo". Además, también valora positivamente el ambiente de trabajo porque puede desarrollar sus funciones "a mi ritmo", siguiendo las pautas del tutor, lo que sucede de manera diferente a una empresa.

La experiencia es tan positiva que los universitarios repiten. Jennifer Lafuente es una joven de 24 años procedente de Soria, que ha terminado los estudios de Marketing e Investigación de Mercados en la Universidad de Zaragoza. El año pasado ya realizó prácticas extracurriculares en la localidad de Herrera de los Navarros en cuyo ayuntamiento se encargó de las redes sociales y de la organización de eventos.

"La experiencia fue súper enriquecedora. Este año, con la COVID-19 no esperaba encontrar trabajo" por lo que decidió por volver a participar en este programa para llevar a cabo un proyecto distinto. En esta ocasión, es en Bodegas Tempore, en la localidad zaragozana de Lécera. "Ahora también estoy trabajando en las redes sociales, pero también en investigación de mercados y marketing". Una actividad de la que se encargará durante tres meses, tiempo superior al que pasó en su primera experiencia, que se prolongó durante tres semanas.

En este período, Jennifer Lafuente se va a centrar en un área que es importante para esta empresa como es la investigación de mercados porque "antes una bodega encontraba clientes en ferias y eventos y, por la COVID-19, ahora no es posible" por lo que hay que trabajar en otras formas de encontrar nuevos clientes, de contactar..." Su actividad también comprende la realización de base de datos, el diseño de etiquetas o el marketing interno, entre otras funciones.

Formarse en empresas más pequeñas y en municipios tiene sus ventajas. "Las prácticas extracurriculares son remuneradas y son súper completas. En una ciudad, son más rígidas. Aquí están más predispuestos a involucrarte. Es más enriquecedor que en una ciudad". Una experiencia positiva ante la que no le importaría quedarse a trabajar en la localidad. "Estaría súper contenta" y, además, "como dice mi compañera, tienes el trabajo de una gran empresa, pero con la ventaja de estar en un municipio". No obstante, es consciente de que es un año difícil para el empleo por la pandemia, lo que lleva a que no sea una decisión "solo de personas, si no de números". De momento, emprender, al igual que las otras dos jóvenes universitarias, lo ve como algo más lejano, pero tampoco se descarta.

Sin miedo a vivir en el medio rural

La experiencia también ha sido positiva a nivel personal porque las relaciones en el municipio son distintas, lo que ha contribuido a no descartar trabajar en localidades, aunque sean pequeñas. "Si tengo un buen trabajo, no tengo problema en trabajar en un pueblo o en una ciudad. No sabes dónde está el futuro", afirma Jennifer Lafuente.

"Soy de pueblo -de Sariñena (Huesca), que es más grande que Cubel- y a mí no me importaría vivir en uno", añade Carmen Villellas. De hecho, afirma que "mi idea siempre ha sido trabajar en un pueblo". De momento, no sabe si podrá quedarse en Cubel o bien volverá al suyo, pero tiene claro que no descarta las posibilidades del medio rural. Abierto tiene también su futuro Alba Moreno, quien a su vez no descarta trabajar en un municipio porque "ahora, hay más facilidades con las comunicaciones y con Internet".

Las tres jóvenes tampoco ven ningún problema en trabajar y desarrollar su proyecto vital -aunque en general todavía ven lejos formar una familia- en el medio rural ante la escasez de guarderías, escuelas o centros de salud, en otros servicios, o los obstáculos para la maternidad y la conciliación de la vida laboral y familiar. "Todo depende del estilo de vida. La educación en los pueblos es muy completa. Si no hay escuela en uno, como mucho, la tienes en 20 kilómetros. Es lo mismo que en la ciudad. En Zaragoza, tenía entre 35 y 40 minutos para ir a la Universidad. Se tarda menos en ir al instituto de al lado".

Abierto a todos

El programa Desafío está impulsado por la Universidad de Zaragoza y la Diputación de Zaragoza, en el marco de la Cátedra DPZ sobre Despoblación y Creatividad, con el fin de que el talento universitario llegue al medio rural y los jóvenes puedan realizar prácticas remuneradas durante un mínimo de tres semanas y un máximo de 500 horas. Un programa que está dirigido a los estudiantes de esta universidad en cualquiera de sus áreas de conocimiento y que está abierto a empresas, instituciones y asociaciones de municipios, cuyos proyectos son seleccionados, teniendo en cuenta aspectos como la innovación.

Una iniciativa que este año ha incluido algunas novedades como el programa Arraigo, que consiste en una línea de becas específicas para recién graduados, que ya ha posibilitado que dos estudiantes que han finalizado su titulación puedan hacer prácticas en la zona de la provincia que residen. También, en esta edición, tanto los participantes en el programa Desafío como Arraigo pueden asistir al curso 'Tu desafío: conocer el mundo rural y sus posibilidades' para conocer mejor el entorno rural en el que van a hacer sus prácticas porque "hay personas que no son urbanitas al uso y lo contemplan como una opción, pero algunos desconocen el medio rural y se sorprenden porque tienen una idea distorsionada".

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