
La contaminación por plásticos en entornos agrícolas y suelos abiertos es actualmente un problema importante en España, país en el que es habitual el uso de productos plásticos en diferentes actividades como sucede con los filmes de acolchado -lo que se conoce como "mulching" - empleados en agricultura para controlar las malas hierbas, conservar la humedad, aumentar la temperatura del suelo y mejorar el rendimiento del cultivo. A ellos, se suman también los fertilizantes de liberación controlada o las mallas para césped empleadas en suelos abiertos.
Son solo algunos de los ejemplos de usos y productos que preocupan desde el punto de vista medioambiental, sobre todo por su relación con la contaminación del suelo. Y es que la mayoría de estos productos plásticos no se reciclan ni se recogen, dando paso a su acumulación en el medioambiente y a su eventual descomposición de microplásticos dañinos. Es el caso, por ejemplo, de los filmes plásticos -son difíciles y caros de reciclar-, que se convierten en residuos que se van acumulando en el suelo, lo que da paso a la denominada "contaminación blanca", también conocida como "white pollution".
Con el fin de evitar este problema y, en consecuencia la contaminación del suelo, se pone en marcha ahora el proyecto Soul (Bio-based in Soil applications with Optimal biodegradation in their Ultimate Life), dentro del que se va a desarrollar una nueva generación de materiales plásticos de origen biológico y que se biodegradan de forma segura en el suelo, constituyendo una alternativa al uso de los plásticos convencionales que se emplean en el sector agrario, pero también en otras áreas como la jardinería o los deportes.
Una finalidad con la que se avanzará hacia una bioeconomía "verdaderamente circular para los plásticos que acaban en nuestros suelos", explica la doctora Carolina Peñalva, coordinadora del proyecto, quien incide en que "al prevenir la contaminación del suelo y reducir la huella de carbono, podemos proteger nuestros ecosistemas para las futuras generaciones".
El proyecto Soul, que arrancará oficialmente la próxima semana en Zaragoza y está coordinado por Aitiip Centro Tecnológico, se centrará así en crear una cadena de valor completa para producir hasta 11 soluciones de productos innovadores y biodegradables con un alto contenido de materia prima renovable (más del 95%), es decir, que tendrá un origen biológico, puesto que se emplearán monómeros procedentes de residuos agrícolas, restos de madera o celulosa, entre otras opciones, explica a elEconomista
Estos residuos se valorizarán, de manera que, a partir de ellos, se fabriquen nuevos plásticos (biopoliésteres), que se biodegradarán en el propio suelo al llegar al fin de su vida útil. El material principal que se desarrollará son los biopoliésteres, un tipo de bioplástico que se crea a partir de la combinación de varios "bloques de construcción" (monómeros) de origen biológico, entre los que se encuentran el 1,4 bio-BDO (1,4 bio-butanodiol), C18-DCA (ácido dicarboxílico C18) o Ácido Azelaico. Además, el proyecto contempla el uso de PHA (Polihidroxialcanoatos) como aditivo para mejorar propiedades como la resistencia o la velocidad a la que se biodegrada. Con estos elementos, se desarrollarán distintas formulaciones para la fabricación de diversos productos agrícolas.
El proyecto, además, contempla también otra innovación importante: el desarrollo de biomateriales con una biodegradabilidad a medida que, en algunos casos, se verá mejorada por enzimas novedosas con el fin de que garantizar que los productos se descompongan de forma segura y eficiente tras su utilización.
De este modo, también se desarrollarán y optimizarán enzimas como las cutinasas y esterasas que rompen los enlaces de los poliésteres. Con su incorporación, el propio material podrá acelerar su descomposición cuando alcance el fin de su vida útil. Igualmente, se trabajará en la modificación genética de las enzimas para que sean resistentes a altas temperaturas y puedan soportar los procesos de fabricación.
El proyecto Soul comprende a su vez las demostraciones de las soluciones en una fase precomercial avanzada. Los productos se validarán en cinco emplazamientos de demostración en toda Europa -España, Italia, Portugal, Polonia e Irlanda-, llevándose a cabo pruebas en múltiples localizaciones para su evaluación en diferentes condiciones climáticas y entornos.
Unas pruebas en las que Zaragoza también tendrá un papel destacado, ya que Aitiip, además de coordinar, será el centro tecnológico responsable de la creación de los masterbatches enzimáticos. Es decir, diseñará las mezclas de bioplástico y enzimas que serán los materiales con los que se fabricarán los productos agrícolas. Igualmente, realizará los ensayos de caracterización para medir las propiedades mecánicas y reológicas de esos masterbatches, aparte de fabricar los clips para agricultura mediante moldeo por inyección.
El sello aragonés aún más allá, dado que Aitiip también liderará los demostradores que se desarrollarán en España, Italia, Portugal, Polonia e Irlanda, coordinando el trabajo a realizar en ellos, y se encargará a su vez de allanar el camino para que los resultados del proyecto Soul puedan llegar al mercado mediante el análisis de modelos de negocio para los productos y la prospección de cara a encontrar otras aplicaciones del material en nuevos sectores de actividad.
El proyecto Soul, de 48 meses de duración, está financiación por la Empresa Común para una Europa Circular de Base Biológica (CBE JU) y reúne a un consorcio de 17 socios beneficiarios de toda Europa. Cuenta con una subvención de 7.267.599,50 euros, aunque su dotación económica total asciende a 10 millones de euros.