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El cambio climático impone un nuevo paradigma

  • Los expertos abogan por repensar las soluciones que se venían implantando para poder adaptarlas a las necesidades actuales
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Lo que parecía en un principio una simple amenaza se ha convertido en realidad. El ser humano es responsable del calentamiento del planeta en un 1,1°C desde 1900 hasta la actualidad, según un informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC). Pero más alarmante es todavía el futuro que augura este informe: se espera que la temperatura global alcance o supere los 1,5°C o más de calentamiento en los próximos años. La destrucción del planeta comenzó a fraguarse hace varios años y, lejos de mejorar, los expertos solo aclaman por una solución que sea inminente: el cambio a un paradigma más sistémico, biomimémito y cooperativo. Esto es, dejar de aplicar las soluciones que había hasta entonces, repensarlas y adaptarlas a las necesidades actuales.

El clima está cambiando y también lo hace cada especie, ecosistema, río y océano. Sin embargo, estas modificaciones no están siendo positivas y algunos expertos reconocen que algunas de ellas serán irreversibles por miles y hasta cientos de miles de años. Una de las soluciones más comentada es la reducción de energía duradera de las emisiones de dióxido de carbono y otros gases de efecto invernadero. Según los científicos, estas transformaciones podrían tener beneficios para la calidad del aire, pero pueden pasar entre 20 y 30 años hasta que las temperaturas de la Tierra se estabilicen.

Según el Sexto Informe de Evaluación de 2021 del IPCC, para el periodo 1960-2019, los dos principales gases de efecto invernadero han sido el dióxido de carbono y el metano. En el caso del primero de ellos, aproximadamente dos tercios corresponde a la quema de combustibles fósiles y un tercio al uso de la tierra. En el segundo, la situación se invierte, con un tercio proveniente de combustibles y dos tercios derivados de la agricultura y la gestión de residuos.

De este estudio se derivan cuatro cuestiones principales. La primera de ellas defiende que los procesos de calentamiento global y alternación del clima se están dando de manera más acelerada de la esperada. En segundo lugar, se observa el continuo aumento de las temperaturas que hará que los cambios futuros sean de mayor amplitud. Además, el fenómeno del cambio climático afecta a todas las regiones del mundo y, finalmente, el vínculo causal se da entre las actividades de origen antrópico y el cambio climático.

Es en este punto en el que cabe resaltar que si la quema de combustibles fósiles no renovables es la principal razón de la alteración climática, la sociedad debe dar un paso al frente y llevar a cabo un cambio de paradigma orientado a repensar los modos de abastecernos de energía y a tomar acciones consistentes en aras a transformar los sistemas energéticos y productivos. Así, los países desarrollados con altos niveles de emisiones tienen la oportunidad de promover la descarbonización de sectores industriales intensivos en usos calóricos de difícil abastecimiento, como el sector del hierro y acero, aluminio y la industria química, a través de la utilización de hidrógeno verde producido a partir de la electrólosis del agua.

Consecuencias fatídicas

El cambio climático no es solo una amenaza para el planeta y para las personas, sino que también está en peligro la economía mundial. Este asunto requiere de la colaboración entre el sector público y privado para cambiar el modelo productivo hacia otro que garantice e impulse el desarrollo y el crecimiento económico sostenible. De hecho, el Banco Mundial lo advierte: si no se adoptan medidas de carácter urgente los impactos del cambio climático podrían empujar a la pobreza a 100 millones de personas más en 2030.

En este sentido, la Comisión Mundial sobre la Economía y el Clima apunta en un informe de finales de 2018 que la adopción de medidas climáticas ambiciosas podría generar unos beneficios económicos de 26 billones de dólares hasta el año 2030, así como 65 millones de nuevos empleos con bajas emisiones de carbono. Para construir un modelo de crecimiento más beneficioso, la sociedad debe poner el foco de atención en los sistemas de energías limpias, en el desarrollo de urbes más inteligentes, más compactas, conectadas y coordinadas que podrían ahorrar 17 billones de dólares hasta 2050. También es relevante el uso sostenible de la tierra, que podría generar unos beneficios económicos de alrededor de 2 billones de dólares al año.

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