ESP250 Salud

AstraZeneca apuesta por la investigación española

  • AstraZeneca tiene en marcha un programa de apoyo a la investigación independiente
Madrid

La biofarmacéutica AstraZeneca se encuentra en una etapa marcada por su apuesta por la innovación en el campo del desarrollo de nuevos medicamentos. El 90% del "pipeline" de la compañía está enfocado a la medicina de precisión, posicionando así a la ciencia como motor para transformar la salud de las personas y aportar valor a los sistemas sanitarios y a la sociedad.

En la lucha contra las enfermedades, la llegada de los tratamientos biotecnológicos ha marcado un antes y un después en la manera en la que se aborda el manejo de las patologías. En este sentido, la compañía biofarmacéutica AstraZeneca se encuentra en la actualidad inmersa en el desarrollo de una nueva generación de tratamientos biológicos, con un pipeline enfocado en un 90 por ciento a la medicina de precisión. Ésta es una parte integral de cómo la compañía entiende y enfoca el descubrimiento y el desarrollo de fármacos, permitiendo diagnosticar y tratar cada enfermedad de forma individual. Este enfoque asegura que las terapias más adecuadas llegan a los pacientes que más podrían beneficiarse de ellas, lo que a su vez supone una optimización de los recursos del sistema sanitario.

Aunque AstraZeneca es una compañía global –cuenta con presencia en más de 100 países– tiene una clara apuesta por la estrategia local. Como señalan desde la compañía, "apostamos por la ciencia hecha en España". Y afirman , además, que nuestro país es "un generador de ciencia de primer nivel". AstraZeneca ha contribuido en iniciativas y colaboraciones con diferentes instituciones, priorizando la investigación en centros de excelencia acreditados por el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades a propuesta del Instituto de Salud Carlos III. En ese sentido, en 2018, colaboró con 31 centros de excelencia, lo que supuso una inversión directa total de 5,7 millones. También con proyectos IMI (Iniciativa de Medicamentos Innovadores) en los que participan centros españoles. Colabora igualmente con instituciones como el Vall d'Hebron Instituto de Oncología (VHIO), el Instituto Catalán de Ciencias Cardiovasculares (CSIC-ICCC) y la Clínica Universitaria de Navarra (CUN).

Además, AstraZeneca tiene en marcha un programa de apoyo a la investigación independiente. En 2018, la compañía financió más de 95 proyectos independientes –un incremento de un 149 por ciento desde 2014– y en los últimos cuatro años ha invertido más de doce millones de euros en este tipo de proyectos. Estas cifras la han llevado a ocupar el quinto puesto a nivel mundial y el tercero a nivel europeo en apoyo a la investigación independiente.

Metodología disruptiva

Para la biofarmacéutica, otra de sus prioridades se centra en la "cultura del dato". En los últimos meses, la compañía ha estado inmersa en un gran proyecto a nivel internacional para diseñar su estrategia y una de las áreas clave es cómo hacer uso del Big Data, del análisis de datos y de la Inteligencia Artificial (IA). AstraZeneca está incorporando estas nuevas tecnologías disruptivas para ser más ágil, eficiente e innovadora; y es que "su utilización favorece ir un paso más allá y generar evidencia científica", afirman desde la compañía.

Así, los avances científicos y tecnológicos, como el Big Data y la IA, o el machine learning, están abriendo a AstraZeneca nuevas vías de innovación científica y posibilitando un giro hacia una atención más personalizada. La tecnología digital está permitiendo aprovechar los datos para desarrollar mejores medicamentos, de manera más rápida, y para los pacientes adecuados. Igualmente este tipo de tecnología facilita acelerar los ensayos clínicos y hacerlos más cómodos para los pacientes, administrar medicamentos de manera más eficiente y empoderar a las personas en un nuevo mundo de salud integrada.

La implementación de este tipo de tecnologías supondrá a nivel social conseguir grandes beneficios como un mejor diagnóstico de enfermedades, un tratamiento aún más personalizado, una mayor eficiencia de la investigación y el desarrollo de modelos predictivos que permiten anticipar la mejor actuación médica. 

Ana Pérez, directora médica y de Asuntos Regulatorios de AstraZeneca España

¿Por qué decidió hacerse médico?

Lo decidí tarde, soy de vocación tardía. Tomé la decisión motivada por la parte técnica y científica, por conocer las causas de la enfermedad y los distintos tratamientos. Pero, después, lo que realmente me entusiasmó de mi profesión fue la parte humana: el trato con los pacientes, el poder ayudar e impactar en la vida de alguien… Esa es la grandeza de ser médico.

Usted está especializada en microbiología clínica y enfermedades infecciosas. ¿Cómo llegó al mundo farmacéutico?

La verdad es que llegué por casualidad. Cuando terminé la carrera, la industria farmacéutica era una gran desconocida. Precisamente, uno de los objetivos que tuve como presidenta de la Asociación de Médicos de la Industria Farmacéutica (Amife) fue dar a conocer la labor que hacemos los médicos que trabajamos en el sector y las oportunidades de desarrollo que existen. Durante más de 20 años, he tenido la suerte de disfrutar de mi trabajo en esta industria y de seguir sintiéndome médico, al igual que cuando vestía la bata blanca en el hospital.

¿Qué le aporta su trabajo en la industria farmacéutica, concretamente en su puesto actual en AstraZeneca?

Es todo un orgullo formar parte de AstraZeneca y estar al frente del departamento Médico y de Registros, un reto que he afrontado con muchas ganas e ilusión. AstraZeneca no solo tiene uno de los pipelines más prometedores de la industria, sino que todas sus decisiones están basadas en el compromiso con el paciente, algo con lo que me siento especialmente comprometida. Este primer año ha sido intenso, pero estoy muy satisfecha gracias al gran equipo de personas, tanto científicos como médicos, con el que tengo la suerte de trabajar.

¿De qué momento en su carrera se siente más orgullosa?

Durante muchos años, he sido responsable de investigación clínica en distintas compañías. Siempre decía que la gran suerte de mi trabajo no era solo aportar un nuevo tratamiento, sino esperanza a pacientes que no tienen otras opciones. Y un día me tocó experimentarlo en primera persona. Mi padre fue uno de esos pacientes que participó en uno de esos ensayos clínicos y tuvo la oportunidad de tener una opción de tratamiento. Ver la esperanza en los ojos de mi padre es, sin duda, el momento del que más orgullosa me siento.

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