Viaje de la semana

Túnez, un museo al aire libre

Anfiteatro de El Djem.

Túnez es el resultado de más de tres mil años de historia y una importante influencia multicultural y cosmopolita. A lo largo de los siglos, numerosas civilizaciones se han asentado en el país y han dejado una rica herencia que se refleja en sus festivales, museos, yacimientos arqueológicos y monumentos.

Gracias a ese cruce de culturas locales y extranjeras, el país cuenta con una completa oferta de festivales y fiestas populares repartidos por toda su geografía. El objetivo de Túnez de aquí a unos años es convertirse en "La Tierra de los 1.000 festivales", con eventos de gran diversidad temática: música, poesía, carreras de caballos, cine, artesanía, gastronomía, teatro, astronomía, danza, pintura, fotografía... Incluso pequeñas poblaciones y zonas del desierto celebran su propia festividad, en honor al jazmín, el aceite de oliva, la harissa...

Este verano, el Festival Internacional de Cartago y el Festival de Jazz de Tabarka regresan a la programación cultural del país con artistas procedentes de todas partes del mundo.

Estos y otros eventos normalmente tienen como escenario lugares históricos, aumentando la magia del festival, si cabe. Y es que Túnez destaca por ser una de las naciones de África con mayor número de vestigios del pasado. Uno de los más relevantes por su buena conservación es el anfiteatro de El Djem, el tercero del mundo por su tamaño y el monumento romano más espectacular de África.

Muy cerca de la capital se encuentra la ciudad de Cartago, una de las más antiguas y gloriosas del Mediterráneo, fundada por fenicios, destruida y reconstruida por los romanos y declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1979. Destacan las Termas de Antonino, las cisternas romanas y el Museo Nacional de Cartago, donde se puede admirar una valiosa colección de objetos que muestran la ciudad existente previa a la época romana.

Otro yacimiento a destacar es la antigua metrópoli de Dougga, cuyo teatro, situado en la falda de una colina, conserva muy bien sus gradas y el escenario. Hacia el sur, Sbeïtla se caracteriza por ser una de las "villas de oro" del África romano-bizantina. En el corazón de la ciudad se encuentra el foro -centro político, judicial y comercial-, las grandes termas públicas, el teatro en ruinas y el puente-acueducto.

La larga y diversificada historia de Túnez también se encuentra recogida en sus museos, en contraposición a las pequeñas galerías de arte moderno que se encuentran en las ciudades principales.

Destaca el prestigioso Museo Nacional del Bardo, en la capital, que presume de ser uno de los más hermosos del mundo por su impresionante colección de joyas púnicas y la gran variedad de mosaicos romanos que reúne.

En la costa, el Museo de Mahdia refleja la historia del país en sus distintos períodos a través de vestigios líbico-púnico-romanos, objetos de antigüedad africana, bizantina e islámica. En la sala de tesoros y joyas se exhiben monedas de oro y la joyería tradición que utilizaban las mujeres de la región.

En el corazón del zoco de Houmt Souk, capital de la isla de Djerba, se ubica el Museo del Patrimonio Tradicional de Djerba, que transmite la sensibilización y el interés sobre la riqueza del patrimonio de esta zona y del país. Además, muestra los usos y costumbres locales como la agricultura tradicional, la pesca, la alfarería, la indumentaria femenina, la carpintería y la orfebrería.

La riqueza artesanal de sus zocos

La artesanía también ocupa un importante lugar en la identidad cultural tunecina. Desde la antigüedad, las técnicas artísticas basadas en el trabajo de la piedra, la lana, el hierro, la arcilla y el vidrio han enriquecido el arte de Túnez. Las alfombras de nudo de Kairouan, la cerámica de Djerba o Nabeul, el calzado artesano de Douz o la seda de Mahdia son algunos de los productos típicos que se pueden encontrar en los zocos de Túnez.

En la Medina de Túnez, nadie puede perderse el zoco de El Blat, especializado en hierbas, con tiendas repletas de plantas, raíces, cortezas y resinas que calman dolencias y curan enfermedades; y el de El Brika, especializado en joyas.

En la Medina de Houmt Souk, en Djerba, los zocos exponen especias y artículos en cerámica, rindiendo homenaje a los talleres alfareros de la isla.

Túnez, a solo dos horas de avión en vuelo directo desde Madrid y Barcelona, invita a conocer su cultura y adentrarse en la rica tradición de un país de contrastes donde se dieron cita las grandes civilizaciones del pasado.

Más información en www.turismodetunez.com

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