Universidades

Ninguna medida del Plan Bolonia se consolida tras 5 años en vigor

La polémica reforma de la reducción de los grados a tres años ha puesto en tela de juicio la validez del Plan Bolonia. La realidad en las aulas cambia mucho del proceso que empezó a gestarse en 1999, en el que se quería transformar la universidad y adaptarla a las necesidades del siglo XXI. Hoy tenemos jóvenes en paro, hiper formados y con déficit de idiomas, una de las grandes patas del espíritu europeo y que nos distancia del resto de países. Ha habido grados que se han diseñado muy bien, pero otros que son sólo licenciaturas descafeinadas.

Las esperanzas del Plan Bolonia (competencias transversales, enseñanza más práctica, empleabilidad y flexibilidad para configurar itinerarios) se han visto truncadas porque la universidad aún no tiene clases con grupos pequeños, presentaciones orales, trabajo continuo, etc. Hay universidades españolas que mantienen los paros para exámenes, profesores que siguen leyendo sus libros o apuntes (sin ser renovados desde que los hicieron amparados en la libertad de cátedra), evaluaciones que se realizan a través de un único examen (olvidando la evaluación continua, y más en la educación a distancia pues el trabajo diario choca con la forma de estudiar, por ejemplo, de la UNED), grados solo en español, poca participación en las aulas, etc.

Los expertos indican que el Plan Bolonia no se ha podido desarrollar porque no ha habido voluntad política. La implantación del Espacio Europeo de Educación Superior se hizo sin recursos y sin las condiciones necesarias para que el profesorado cambiara de mentalidad y se adaptara a una nueva metodología.

Países nórdicos vs. del sur

La universidad ha olvidado que fue creada también para fomentar el conocimiento y no solo formar profesionales para el mercado laboral. En Europa hay dos tipos de países: los nórdicos y anglosajones que se centran en el estudiante, y los del sur que aún focalizan en el profesor y en la enseñanza teórica. Bolonia suspende en cuanto a dar más participación al estudiante.

Francisco Michavila, director de la Cátedra Unesco de Gestión y Política Universitaria de la Universidad Politécnica de Madrid (UPM), afirma que "si quisiésemos mejorar nuestra situación y compararnos con otros países lo que se debería hacer es aprender de lo que ellos hacen bien. Pongamos por ejemplo los Países Bajos. Un país pequeño, pero rico y con respeto por la ciencia, tiene casi todas sus universidades por encima de la primera española. No hay inversión más rentable que la que se hace en educación y esto parece no entrar en la cabeza de algunos de nuestros dirigentes políticos".

Según los expertos, la opción de haber apostado por grados de cuatro años en España estaría justificada si no hubiera problemas de compatibilidad con otros sistemas europeos de educación superior para la movilidad internacional. Por ejemplo, ha habido universidades durante la implantación de Bolonia que exigían a estudiantes extranjeros con títulos de grado de tres años créditos adicionales para poder acceder a sus programas de máster con el argumento de que les falta formación hasta los 240 ECTS (European Credit Transfer and Accumulation System) que duran los programas de grado españoles. Otro de los retos pendientes en nuestra sociedad es la inserción de los doctores en el ámbito empresarial.

La postura positiva la trae Juan José Moreno, vicerrector de Planificación Académica y Doctorado de la UPM, indica que Bolonia ha sido implementado "de forma modélica tanto a nivel institucional como en el ámbito del profesorado".

Por su parte, Francesc Solé Parellada, vicepresidente de la Fundación Conocimiento y Desarrollo (CYD) asegura que "la aplicación de Bolonia tiene claros oscuros como por otra parte era de esperar. La armonización de la duración de las carreras se quedó a medio camino. Implantar el Plan Bolonia ha sido muy costoso en esfuerzos de gestión y administrativos e incluso de convencimiento". En España las universidades albergan mas de un 1.450.000 estudiantes y "la gran mayoría esta concienciada de que hablar inglés es un activo" para el futuro laborar de los estudiantes, continúa Solé.

Otra de las cuestiones donde coinciden los expertos consultados por Ecoaula es que las universidades españolas deberían ofertar menos programas de máster pero de mayor calidad, y deberían estar diseñados teniendo en cuenta las fortalezas de cada institución. No todas las universidades tienen que dar los mismos programas ni en todas las disciplinas.

Una nueva reforma universitaria a la vista, sin terminar de implantar la anterior

España optó por el modelo de cuatro años de grado más uno de máster cuando implantó el Espacio Europeo de Educación Superior, cuando la opción mayoritaria en Europa fue la del 3+2. Su implantación es tan reciente (hace cuatro años y medio) que aún no se ha terminado la primera evaluación de su funcionamiento.

La secretaria de Estado de Educación, Formación Profesional y Universidades, Montserrat Gomendio, ha señalado que el Decreto de ordenación de los estudios universitarios aprobado el pasado 30 de enero deberá basarse en la "modernización y actualización" de los planes de estudios, no simplemente en "eliminar un año de formación o asignaturas superfluas". Gomendio ha indicado que el Ministerio de Educación se decanta por un modelo que no esté exclusivamente ligada al número de alumnos. La secretaria de Estado ha explicado que el impacto económico para las universidades, en caso de que decidan pasar grados de cuatro a tres años, "dependerá del modelo de financiación que tengan". El Ministerio pretende que las comunidades autónomas inicien un debate sobre "la mejor forma de financiación para incentivar los mejores resultados". Por su parte, Cataluña será la primera comunidad en ofrecer para el curso 2016-2017 "cuatro o cinco" grados nuevos de tres años en varias universidades de la región.

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