Transportes y Turismo

La encrucijada de Talgo: Vender a los húngaros o morir de éxito

La opa de Talgo se complica hasta niveles insospechados. La negativa del Gobierno a autorizar la adquisición por parte de Magyar Vagon deja en el aire el futuro de la compañía, que había visto en el grupo húngaro un salvavidas para poder ampliar de forma inmediata su capacidad de producción, aprovechando las sinergias entre ambas partes que le permitirían contar con dos fábricas adicionales (DJJ y MÁV Vagon) en suelo húngaro para cumplir con los plazos previstos en sus contratos. La entrada de este conglomerado de inversores húngaros, que no oculta el apoyo explícito del Gobierno de Viktor Orbán, es vista con recelo por Moncloa dados los vínculos que todos ellos han tenido antiguamente con empresas rusas próximas al Kremlin, un rechazo que el Consejo de Ministros deberá justificar muy claramente para evitar que esto se eleve a los tribunales europeos.

Talgo tiene un problema muy difícil de resolver sin ayuda externa: sus fábricas no dan para más y no para de recibir pedidos. Su cartera está en máximos tras cerrar el pedido más grande de su historia con la alemana Deutsche Bahn, después de que los ferrocarriles daneses DSB ampliasen su pedido y mientras avanza en la entrega de todos los trenes que tiene pendientes para Renfe, tanto los 106 que han sumado un nuevo retraso, como los 107 que deberán ser entregados el año que viene. Pero a esto hay que sumar todo lo que está por venir: Diez 'avriles' para Le Train, un pedido en ciernes de FlixTrain, la posibilidad de hacerse con el contrato de Bulgaria o la adjudicación de nuevos trenes para Marruecos, que el Gobierno está negociando con las autoridades locales para que se queden en manos de empresas españolas.

La lógica salida de Trilantic de su capital tras doce años en el mismo y el veto a la entrada de los húngaros no vislumbran un panorama nada sencillo para Talgo, que tendría un 40% de su accionariado en el aire en un momento de máxima tensión industrial. En este contexto, la intervención estatal para frenar las posibles injerencias rusas no se entendería sin el compromiso del Gobierno para buscar un nuevo inversor, un proceso que Talgo ya llevó a cabo sin éxito: en 2021 contrató a Citi para tantear al mercado ferroviario en busca de un socio que diera más estabilidad financiera o permitiera ampliar la producción, pero no encontró a nadie dispuesto.

Tampoco parece que vaya a haber contraopa alguna, puesto que parece más que descartada la manida fusión con CAF para crear un gigante español, ni ha habido signos desde gigantes como Siemens, Alstom o Hitachi, sumidos en otras guerras y limitados por cuestiones de competencia; ni tan siquiera otros actores en crecimiento han hecho ademán alguno de intentarlo, como la suiza Stadler, con quien sí habría cierta complementariedad aprovechando su sede de Valencia.

Si quienes mejor conocen el sector rechazan adquirir Talgo, y los fondos tampoco parecen especialmente interesados en una compañía que ha presentado unos resultados récord, la única alternativa que le quedaría al Ejecutivo de Pedro Sánchez sería su nacionalización, un proceso a priori extraño, pero nada descabellado dada la reciente operación para garantizar el control estratégico de Telefónica. En este caso, y si la tecnología de ancho variable es tan importante como parece, la compra del 40% de Trilantic y el resto de miembros del pacto parasocial vigente (como las familias Oriol o Abelló) por algún organismo como la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI) conllevaría un desembolso estatal de unos 250 millones de euros, una cifra mucho menor a los 2.000 millones requeridos para hacerse con la 'teleco'.

En esta ecuación, la única variable que nadie quiere contemplar pero que también está presente es la posibilidad de morir de éxito. El fabricante, que alcanza ya los 82 años de vida, ha sabido reinventarse y superar todos los obstáculos, marcando grandes hitos en la historia industrial española y en el ferrocarril mundial, internacionalizando su actividad cuando más lo necesitaba y formando parte de un modelo de éxito envidiado en todo el mundo como es la alta velocidad española. Es difícil de entender la encrucijada en la que se ha visto metida una empresa solvente e innovadora como Talgo, pero como ha hecho siempre, acabará encontrando el camino correcto.

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