Transportes y Turismo

Can Albertí, el hotel boutique de Menorca que te regala tiempo

  • Mahón acoge este establecimiento del siglo XVIII con 14 habitaciones
  • Acorde a cada cliente, el personal del hotel diseña un programa personalizado

Decía el médico, alquimista y astrólogo suizo Paracelso que "el tiempo es la cosa más valiosa que una persona puede gastar". En un mundo en el que faltan horas para poder disfrutar de todas las aristas que conforman nuestra vida, el verdadero lujo se ha convertido en algo tan sencillo, y a la vez harto complicado, como no mirar el reloj.

Situado en el centro histórico de Mahón (Menorca), Can Albertí 1740 Boutique Hotel ha hecho del tiempo su mejor amenity. Entre las paredes de este emplazamiento, que data del siglo XVIII, los huéspedes no sólo reviven la esencia de un palacete en el que el arte y la cultura han impregnado su historia, sino que vuelven a recordar cómo de fascinante es la vida cuando el tic tac no la domina.

En Can Albertí todo está pensando para el cuidado de uno mismo. Sus 14 habitaciones distribuidas en tres plantas, con todas las comodidades que cabe esperar de un hotel boutique de su categoría, rezuman sosiego. Además, su íntimo patio y su gran terraza son un oasis para aquellos que buscan dar verdadero significado a la palabra tranquilidad.

Habitación Deluxe en Can Albertí 1740 Boutique Hotel .

Actualmente propiedad del matrimonio parisino Carole y Olivier Pecoux, Can Albertí 1740 Boutique Hotel no sólo es un espacio de descanso, también de explosión para los sentidos. Desde exposiciones de arte contemporáneo y moderno, a una degustación de productos locales de la mano de empresas como la Despensa de Maricastaña, pasando por un relajante masaje, tratamientos o sesiones de yoga y pilates a medida.

Sala de masajes en Can Albertí 1740 Boutique Hotel.

Para llegar hasta aquí, Can Albertí 1740 Boutique Hotel ha recorrido un largo viaje. Construido durante la Ilustración de Mahón, el edificio fue propiedad de la familia Albertí hasta la segunda mitad del siglo XX, cuando se separó en diferentes partes. Hacia el año 2000, pasó a manos de un grupo de amigos que compartían diferentes disciplinas artísticas como la fotografía, el diseño o la arquitectura y que transformaron la residencia en una casa de huéspedes, abriendo sus puertas al público.

Entrada Can Albertí 1740 Boutique Hotel.

Desde 2016, bajo el impulso de sus nuevos propietarios, muy abiertos al mundo artístico y cultural, ha sido restaurada en su totalidad respetando meticulosamente su espíritu que lo hace tan único.

Una puerta a una isla sorprendente

Junto a lo que ofrece en su interior, Can Albertí es también el punto de partida para conocer una isla que no deja indiferente. Acorde a cada cliente, el personal del hotel diseña un programa personalizado con los mejores planes por la ciudad.

Así, por ejemplo, se puede hacer un tour por Mahón de la mano de un especialista y descubrir la capital de Menorca y las influencias de diferentes culturas a lo largo de su historia (en el siglo XVIII la isla pasó por tres períodos de dominio británico, intercalándose una breve ocupación francesa y unos años de reincorporación a la Corona española). Es conocida por sus casas de estilo británico georgiano y por su puerto, el segundo natural más grande de Europa. También, destaca el Teatro Principal de Mahón, el teatro de ópera más antiguo de España.

Asimismo, de la mano de Jeep Safari Menorca, se conoce una isla muy diferente, más allá de las tradicionales aguas cristalinas y calas de ensueño. A través de un paseo en jeep, se rompe con el turismo de sol y playa para dejar paso a un turismo cultural donde la arqueología y la geología son la nota predominante gracias a los vestigios de romanos, cartagineses, fenicios, egipcios o musulmanes que dibujan la isla.

Excursión faros de Menorca. Fuente: Jeep Safari Menorca.

Otro modo de descubrir la isla es a través de su rica gastronomía. El restaurante Trébol, situado en el precioso y tranquilo puerto de Cales Fonts, es una oda a la comida mediterránea, en el que destacan los pescados y mariscos frescos de la isla. Sa Posada del Toro, por su parte, combina unas espectaculares vistas (se sitúa en el punto más alto de la isla de Menorca) con la cocina de toda la vida, donde destacan, como no podía ser de otro modo, las recetas menorquinas. De lo tradicional a lo más creativo es la propuesta de El Romero, en Mahón. Centrados únicamente en el mar, buscan ofrecer una cocina imaginativa y delicada, con digresiones hacia la huerta, lo que da como resultado sabores sorprendentes.

Un pequeño islote con gran historia

Desde Can Albertí, también dan la oportunidad de vivir la historia del Mediterráneo occidental a través de este pequeño islote. Tras un viaje en ferry, se abre ante los visitantes la Isla del Rey, cuyo nombre deriva de haber sido la primera tierra menorquina que pisó el rey Alfonso III cuando fue a conquistar Menorca a los musulmanes.

Situado en medio del Puerto de Mahón, este islote fue el escenario elegido para construir un hospital con el objetivo de atender a los enfermos de la armada inglesa en 1711. A medida que Menorca fue ocupada, el hospital fue utilizado por ingleses, franceses, y españoles, siendo el año 1802 cuando pasa definitivamente a la corona española que mantuvo el uso de hospital. Con vida útil hasta 1964, fue finalmente abandonado.

Poder visitar hoy la Isla del Rey es un regalo de los vecinos de Menorca. Desde el año 2004, y de manera voluntaria, la "Associacio amics de l'Illa del l'Hospital" que ha dado lugar a la "Fundacion Hospital de la Isla del Rey" ha luchado por salvaguardar la isla y su contenido.

Junto a la tradición que rebosa la Isla del Rey contrasta la modernidad que evoca la Galería Hauser & Wirth. Un centro de arte compuesto por ocho galerías y un recorrido exterior de esculturas con obras de Martin Creed, Louise Bourgeois, Eduardo Chillida y Joan Miró, entre otros. Los jardines que rodean los edificios de las galerías han sido diseñados por Piet Oudolf e incorporan variedades de plantas autóctonas adaptadas al clima mediterráneo. El centro acoge también el restaurante Cantina, gestionado por el restaurante y bodega Binifadet, con una carta que rinde homenaje al recetario menorquín y que puede disfrutarse a la sombra de acebuches y con vistas al mar.

Con todo, Can Albertí se ha propuesto que la experiencia, tanto en sus instalaciones como en Menorca, dejen una huella imborrable y, sobre todo, que el huésped sienta que el tiempo es su aliado y que no tiene que correr para ganarle minutos al reloj.

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