Tecnología

Las baterías de Tesla no traerán excesivas ventajas a los consumidores

  • El propio Elon Musk bloquea el uso doméstico para autoconsumo

El anuncio de las nuevas baterías de Tesla para que los hogares de EEUU puedan almacenar la energía que producen, ha desatado grandes expectativas, pero un análisis más detallado de los planes de la compañía parece desmentir la mayoría de ellas.

Para entender por qué, primero hay que atender a la característica principal de los dos modelos anunciados de Powerwall (la denominación comercial de esas baterías): el número de ciclos de carga, es decir, las veces que se puede reutilizar la batería.

El primero de los modelos, y el que más podría atraer a los consumidores por su precio competitivo, es el de 7 kWh. Esta batería ha sido diseñada para ser usada día a día, con cargas y descargas frecuentes, lo que la haría ideal para almacenar electricidad producida con paneles solares domésticos (en EEUU las viviendas unifamiliares son mucho más frecuentes que en Europa) y reutilizarla -por ejemplo- para recargar un vehículo eléctrico durante la noche.

El modelo de 10 kWh, en cambio, sólo puede cargarse un máximo de 50 veces al año y se suministra en régimen de alquiler a 5.000 dólares (para nueve años), por lo que es sencillamente inviable para un uso similar, así que los analistas consideran que su público objetivo es distinto: negocios que deseen utilizar la batería como unidad de emergencia en caso de apagón.

SolarCity no venderá el modelo de 7 kWh

Con estos dos modelos en la línea de producción y en contra de todo pronóstico, Solarcity, compañía también controlada por Elon Musk y especializada en instalar sistemas de autogeneración en domicilios a partir de paneles solares (es, de hecho, líder en Estados Unidos) ha anunciado que sólo ofrecerá a sus clientes aquellas baterías menos apropiadas para el uso doméstico.

Para quienes quieran adquirir las baterías de 7 kWh directamente a Tesla, un obstáculo adicional será el precio de la electricidad. Comparada con la alternativa actual, que es vender la electricidad directamente a la red y cobrar por ello, la posibilidad de almacenar la electricidad generada para usarla despúes es mucho más cara cuando se incorpora el coste de la batería.

En cuanto a las de 10 kWh, la propia tecnología limita sus posibilidades de uso, puesto que el máximo de potencia que son capaces de devolver cuando su propietario se la reclama es 2 kW, menos de lo que necesitan muchas planchas de ropa en régimen máximo.

Está, además, el hecho de que aunque se ofrecen planes de leasing muy interesantes, no hay descuentos por volumen: tener dos baterías para garantizarse un flujo de 4 kW cuesta, exactamente, el doble que alquilar una única Powerwall para emergencias.

La propia Tesla reconoce que el precio de convertir la casa en un almacén de energía es más caro que convertirla en una central que la genera y la vende, pero apela a las aspiraciones de los consumidores decididos a probar nuevas tecnologías, y a mercados donde la capacidad para ser independiente de la red sea más importante que el precio por unidad, como ocurre en algunos lugares remotos o en las islas del archipíelago de Hawaii, en las que el coste de la electricidad triplican la media de EEUU.

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