Tecnología

La generación de las 'cabezas bajadas': el uso compulsivo de móviles y tablets cambia las reglas sociales

Basta con rebuscar en los hábitos de cada uno para comprobar que el teléfono acapara la mayor cuota de atención de las personas. Algunos ya lo definen como la generación de las cabezas bajadas. Consulte aquí la nueva edición de la revista elEconomista Tecnología.

Que levante la mano quien consulte su Whatsapp cuando se encuentra en una reunión, comiendo en un restaurante o de visita en el cuarto de baño. Quien eche un vistazo a sus redes sociales antes de pegar el ojo o encienda su dispositivo cada dos por tres. Quien aparente cierta actividad por puro disimulo. Quien teclee en sus cacharros un "ja, ja", se palpe el bolsillo para cerciorarse de que sale de casa con teléfono o se agobie cuando sólo le queda un 30% de batería. Que alce el brazo quien consulte su smartphone cuando alguien al lado lo hace o responde mensajes en el metro, autobús y hasta cuando viaja al volante. Que levante la mano quien ya haya jubilado su libro de cabecera por la tableta, quien camine por la calle mirando el paisaje de su pantalla, quien detenga el mundo ante el silbido de un mensaje... o quien haya olvidado la última vez que pasó 24 horas sin mirar su gadget. Posiblemente muchos han levantado la mano y no han tenido ocasión de bajarla durante este primer párrafo.

Aunque parezca de locos, todo lo anterior es lo normal. Los anglosajones, muy dados a poner nombres a todas las cosas, ya han bautizado el fenómeno como phubbing, el acto de ignorar al prójimo por atender el móvil. Dicen que el 87% de los jóvenes prefiere comunicarse a través de mensajes antes que cara a cara. De la misma forma, crece una generación que socializa con desconocidos con los que solo comparte conexión y red social, pero ningunea a quien tienen al lado. No necesitan hablar ni que nadie les hable. Solo sonríen en los selfies y exhiben su expresividad léxica a golpe de emoticono.

Enganchados a los mensajitos

El Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) asegura que un tercio de los españoles (el 34%) se reconoce enganchado a los mensajes de Whatsapp. Nativos e inmigrantes digitales actúan de la misma forma. Y esos dos colectivos abarcan la práctica totalidad de la población. Podrían definirlo como el homo mobilis, un descendiente avanzado del homo sapiens, aquel ser humano que durante miles de años caminó erguido hasta que dejó de hacerlo por un smartphone. Los cabezas bajadas han tomado el mundo y uno sólo tiene que mirarse a sí mismo para reconocerse entre ellos.

El futuro parece que avanza raudo por esa dirección, ya que los niños aprenden de los mayores y lo naturalizan sin la reflexión que deben hacer los que crecieron de otra forma. Por todo lo anterior, los sociólogos tienen mucho trabajo por delante. Los manuales de toda la vida quedaron obsoletos ante la democratización de unas tecnologías personales que dislocan la forma de ser y actuar de las personas.

Todo es más cómodo, más rápido, sin fronteras en los mundos virtuales. Cualquier duda se resuelve de un googlelazo. Un tuit o un vídeo subido a Youtube es capaz de provocar una revolución. Ambas cosas convergerán con plataformas como Periscope, Meerkat o Upclose, que permiten retransmitir vídeos en streaming con absoluta interactividad.

Los expertos consultados consideran que la viralidad de las comunicaciones rompe las reglas de juego y crea otras imprevisibles. El quinto poder ya es el primero. Campa a sus anchas en Internet, marca las tendencias y orienta el sentido de la marcha. Quien no quiera darse cuenta es que vive en la inopia.

Una investigación de la aerolínea Swiss asegura que el 74% de los españoles se siente desplazado por el móvil cuando está en pareja, frente al 48 por ciento de los franceses o el 43 por ciento de los italianos y alemanes. El objetivo de la compañía suiza consistía en concienciar a la población sobre la importancia de prestar una mayor atención a las personas que nos rodean. Ante ese empeño, el mismo informe sociológico arrojó ciertos porcentajes curiosos: más de la mitad de los españoles no siente ningún reparo en exponer el móvil sobre la mesa y atenderlo en caso de llamada o mensaje mientras se come con familiares y amigos, porcentaje que se reduce al 14 por ciento en Alemania, donde esa costumbre se considera una falta de respeto.

Pero hay más datos, el 63% de los españoles considera que el creciente uso del móvil hace más superficiales las relaciones humanas, frente al 85% de los austriacos. Además, sólo uno de cada cuatro consultados defiende la conveniencia de estar localizado y accesible durante las 24 horas del día. Pero hay más estudios que invitan a frotarse los ojos. El Instituto Forsa realizó una consulta hace un año entre más de 600 jóvenes alemanes de entre 14 y 19 años para asegurar que el 60% elegiría prescindir de pareja antes que de móvil, porcentaje que se eleva al 70% entre las mujeres.

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Y los más pijos con i-pone.

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